Este verano hemos pasado unos días felices y por mi cuenta he intentado probar y traerme botellas de vino de cada zona, que hay varias.

Para nuestra suerte, nos juntamos con una joven gallega que vive ahora en Alemania y vuelve a su Rianxo de vacaciones. Desde allí nos enseñó parajes, Castros, bosques, restaurantes y recomendaciones que sólo quien siente morriña por su tierra, estando casi todo el año fuera, puede sentir tan propia.

Faltaría la zona de Ribeira Sacra, pero esa zona ya la disfruté en mi viaje veraniego.
Se probaron en total 6 vinos, 4 blancos y 2 tintos.

- Barbuntín, 100% Albariño (Rias Baixas, concretamente de O Rosal).
- Paso Casanova, 85% Treixadura, Godello, Albariño y Loureiro (Ribeiro).
- Quinta de Couselo 2016, 90% Albariño, Cariño Blanco y Loureiro (Rias Baixas).
- Finca Viñoa 2016, Brancelao, Sousón, Caiño Longo (Ribeiro).

Vinos todos ellos muy bien elaborados, con relativamente bajas producciones ya que tienen y controlan fincas de no más de 12 Has. la que más. Vinos con más o menos aspiraciones, a un buen precio, y con distribuidor para quien los demande.

Quizás los dos vinos blancos últimos tenían una mayor clase y calidad, vinos que algunos propusieron que podrían combinar muy bien con platos de carne. Quinta de Couselo era realmente un vino elegante, frutal y fino.
Si bien, los más sorprendentes a mi parecer por sus aromas fueron los dos tintos. El primero era balsámico, aromas a regaliz, pimienta. Y el segundo, el Mencía, de intensos aromas a flores, violetas, muy equilibrado en nariz y boca.
Los platos que elaboraron tanto Araceli como Luis combinaron como siempre a la perfección. Como detalle, el bizcocho de chocolate negro para el último vino. fue un acierto; además de las pizzas y el carpaccio de gambas.
La cata no defraudó a nadie, y el comercial de dicha bodega habló lo justo para que termináramos a buena hora y todo fuera dinámico. Hasta la próxima cata.