martes, 16 de enero de 2018

Vinos Riojanos de Altura: Bodega Pujanza




El bodeguero Carlos San Pedro, dueño de la Bodega y Viñedos Pujanza, de la Rioja alavesa, y que nos visitó en la sede oficiosa de las Asociación de Sumilleres de Córdoba: la casa de Joaquín Morales y su mujer Araceli.

Esta bodega se situa en La Guardia (Alava) y controla tres fincas, en total 40 hectáreas, todas en dicho término. En todos los casos la uva con la que trabaja es la Tempranillo, excepto para un blanco que hace con Viura.

Carlos pertenece  a una saga familiar dedicada al viñedo, y su hermano Javier San Pedro es también bien conocido en este mundo vitivinícola.

La convocatoria fue numerosa por las buenas referencias de sus vinos, y a la luz de la cata y como se desarrolló, también por el buen hacer de Carlos, hablando lo justo y dejando hablar a a sus vinos, que logró que pudieramos catar seis vinos, probar varias viandas que los acompañaban y poder terminar a las 22,30. 
Ni que decir tiene que Antonio controla estos actos para que la cosa no se desmadre.

Carlos está al frente de su proyecto personal desde hace 20 años.
Presentó en primer lugar el tinto Diosares, el único elaborado con uva comprada, y se trata de una elaboración familiar. Un vino del 2014, frutal, fragante, ácido en boca y algo de verdor. Un buen comienzo.

Aquí Daniel Plá, nos sorprendió con una empanadilla japonesa rellena de pollo, muy jugosa. Nunca la había probado: la pasta venía hervida, bien rica. Me recordaba al jinkali, una empanada tradicional de Georgia, tanto que pensaba que era exclusiva de este pais, y que elaboraba Fatim Papunasvilli en casa de mis padres.




El segundo vino fue el Hado 2015. De un precioso color, mucha fruta, menos ácido aunque más tánico. pero todo suave. Ya en este vino en la etiqueta sólo aparecía el nombre de La Guardia y desaparecía referencias a la Rioja.

Araceli nos sorprendio con un carpaccio de ternera, macerada con lima, queso granna padano, varias hierbas, y otras cosas. Una pena, porque tocabamos a un filete cada uno y a todos nos hubiera encantado repetir. ¡Como cocina esa mujer!

El Valdepoleo 2014 se elabora con viñedo de 50 años. Las sensaciones iban subiendo y este es un vino, más potente, más esquilibrado, con aromas especiadas muy finas.

Aquí vino la sorpresa de la mano de Gertrudis, ya que elaboró unos solomillos rellenos. Aplausos generalizados ya a los cocineros, y como decía Joaquín: si armoniza el plato con el vino, pues vale, y si no también. Todo muy rico.


El siguiente vino era una de las estrellas de la bodega: Pujanza Norte, del 2014, y con unos robustos 14,5º de alcohol (para ser un Rioja no está mal). Potente, más que el anterior, redondo, suave en boca y de buen paso.

El plato que compañaba era un suculento guiso de ciervo guisado por la suegra de Antonio, y acompañado de pure de patatas. Un plato especiado por unas manos expertas que saben como cocinar una carne dura y dejarla como la mantequilla. Exquisito.

A partir de aquí Carlos prefirio que los vinos se cataron sin acompañamiento.
Y es que venía el vendaval final.
El tinto Cisma 2014, con ya 15º de alcohol, se elabora con las uvas de la finca La Valcabada de sólo 0,8 Has, plantada en 1920, en terreno arenoso y de pie franco. Un vino elegante, fino, potente y muy largo en boca. Se trata de un tinto del que apenas se elaboran 1500 botellas y anoche cayeron al enos cinco de un vino de supera los cien euros la botella. Un vino de los de tomar tras comer, para disfrutarlo mejor: un muy buen vino.
Por último la cata se redondeo con un blanco, con un nombre al menos curioso: San Juan (SJ) de Anteportalatina, del 2015. Un blanco con aroma floral y frutal, aunque de boca más corta que varios de los tintos probados. Con una acidez notable pero bein suave en boca. En comparación con algunos vinos tintos, este vino blanco quedaba fuera de sitio.

Y Joaquin saco una bandeja de quesos, algunos blandos, otros del tipo payoyo y otros tipo manchegos curados, para amenizar la tertulia final en una cata muy agradable, en buena compañía, y con la satisfacción de ver como a algunos que han tenido un pequeño susto en su salud (Manuel A.), están recuperados y henchidos de moral y ganas de disfrutar.














domingo, 31 de diciembre de 2017

La Flamenka, un restaurante con las tres B

Hace tiempo que no añadía nuevas entradas al blog, a causa del trabajo o de las celebraciones navideñas. 

Como no me gusta hacer comentarios negativos, y tan sólo hablar de aquellos sitios que me o nos han parecido sobresalientes: por su calidez, o calidad, o por su relación precio calidad.
En este caso voy a comentar sobre el restaurante La Flamenka, que esta en La Ronda de Isasa, o sea en La Ribera y entre la Cruz del Rastro y el Puente Romano. 

Esta zona es una sucesión de locales y restaurantes ya que los cordobeses y turistas campamos por esta zona en cuanto podemos.

Algunas mesas tienen la decoración flamenca de cuando estaban en la calle Céspedes, y como el local actual es mayor, han incorporado nuevos mobiliario. Las sillas nuestras son las típicas de anea, las tradicionales; a mi no me parecieron incómodas, pero a otros sí.

La Flamenka la regenta una cocinera (se me olvidó preguntar su nombre) y son varias las veces que hemos ido a comer, pero en este caso fuimos los amigos tabernícolas al completo.
Era el día de Los Santos Inocentes, y al parecer hubo un problema con mi reserva por teléfono, ya que no tenemos mesa asignada. Menos mal que llegamos pronto.

En total pudimos probar de cinco platos diferentes: ensalada de gambas, verduras al vapor, pimientos rellenos de bacalao, carbon de bacalao, y hojaldre de cordero.


Si bien todos están bien cocinados, de todos ellos, el carbón de bacalao es el más original y el que muchos otros comentan en las distintas paginas sobre sitios de comer. Al bacalao, fresco, le hacen una costra a base de tinta de calamar: bien rico.


Las verduras al vapor, por ejemplo,  elaboración sencilla donde las haya, estaban al dente, sabrosas, y la base de crema de coliflor la mojamos con pan. Por cierto, que hay coliflor blanca, amarilla, morada, y no son teñidas.

A los pimientos rellenos de bacalao, se les notaba el bacalao, y el hojaldre de corderoes otro clásico de la casa. 

Hay que resaltar que todos los platos servidos fueron generosos, sencillos algunos, y a un precio razonable.
Como se puede comprobar en las fotos, todos los paltos iban acompañados de su salsa o de ensalada, lo cual es de agradecer cuando algunos como adictos a la verdura, y otros al pan, por lo que todos los platos fueron debidamente repasados.

El personal muy atento, sabiendo organizar las comandas acorde iban saliendo de la cocina.

El único pero fue el de los vinos, ya que el Verdejo local Finca La Cañada 2016, de Pérez Barquero, lo cobraron a 17 € cuando su precio en las tiendas es sobre 5. Ese es un hecho muy normal en otros restaurantes, aunque en un restaurante de la zona de la Ribera tienen el tinto de Rioja, Dinastía Vivanco crianza por 16 €.



Como somos consumidores y bebedores del vino fino de Montilla-Moriles, la mayoría nos decantamos por el vino de tinaja o el fino Eléctrico, que sale más barato y a nosotros en particular creemos que combinaba con la mayoría de los platos degustados.


Los postres, normalitos, nada que comentar. 
Tras pedir postres y café, la cuenta salió a algo menos de 25 € por persona. Todos salimos satisfechos, y yo más porque en este caso yo era el encargado de seleccionar local.

En resumen, La Flamenka es un restaurante muy recomendable, y conocido por muchos debido a su masiva asistencia (en compa-ración con otros locales vecinos) que sin embargo no es ruidosa gracias a los paneles en el techo para amortiguar los sonidos excesivos.









domingo, 26 de noviembre de 2017

Tinto María Victoria, un sabroso argentino de la bodega manchega Verum

Hace poco recibí de Bodegas Verum una botella de María Victoria, por mediación de Joaquín Parra (Wine Up) para que comentara sobre este tinto.

No conocía Bodega Verum, la cual dirige la familia López Montero, en Tomelloso. Aunque tiene una larga tradición vinícola, es desde 1963 cuando esta familia se dedica de lleno a estos menesteres. Disponen de viñedo propio, y con las nuevas generaciones, el catálogo cubre desde vinos blancos, tintos, rosados, espumoso y espirituosos. Hay que recordar que en Tomelloso hay antiguas destilerías y curioseando en su catálogo, Verum tiene aguardientes de Airén Gewurztraminer, Sauvignon Blanc y, Tempranillo Roble... curioso, al menos.




















El enólogo de la bodega, Elías López Montero, se aventuró a elaborar vino tinto de la variedad Malbec en la Patagonia argentina, en el alto Valle Del Río Negro. El vino ha tenido el asesoramiento de Hans Vinding Diers, un danés con bodega también en la Patagonia. Por cierto, Hans Vinding es primo de Peter Sisseck.
Una de las frases que comentaba este enólogo en una entrevista era: El encanto de un gran vino, o de cualquier vino, no tiene tampoco que ser perfecto: es el momento.















Como el trabajo no nos daba tregua, por fin este sábado pudimos probarlo y en este caso comiendo con los amigos en el Parque Periurbano de Los Villares. En plena sierra, sedienta, pero hermosa y acogedora.
Aproveché esta cita para que lo probáramos. 

Es un tinto del 2016 con una muy intensa capa; el vino es totalmente opaco de un juvenil y poderoso color rojo malva. En nariz sobresalen los aromas a frutas rojas, muy vivos, con algo también de reducción que no molesta. 
En boca es un vino en todo su esplendor y franqueza: sabroso, refrescante por su acidez y algo astringente.
Un tinto muy bien hecho, y que a todos gustó. Ya digo, el momento para probarlo fue el adecuado. 

Para aquellos interesados en cómo se elaboró, sólo comentar que la fermentación se ha hecho con un 25% de raspón. Tiene crianza en madera y también en depósitos de hormigón, en total de 8 meses.
Sólo se han hecho 9.800 botellas.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Cata de ocho, 8, amontillados con Juancho Asenjo. Para saber más, dirigirse a los enlaces de Isabel y José Ignacio.

Poco puedo añadir a los comentarios de Isabel Calvache y José Ignacio Santiago a la cata de ocho amontillados de distintas bodegas de las DO Montilla-Moriles, celebrada en Bodegas Campos.

Esta cata organizada como punto final a la 3ª edición del curso de Formador de formadores de la DOP Montilla-Moriles, y dirigida por Juancho Asenjo será un hito por la calidad de los vinos, algunos increíblemente buenos, y por los comentarios de Juancho y José Ignacio.
A ellos nos sumamos un grupo de la Asociación de Sumilleres de Córdoba.

Los enlaces a sus comentarios:
https://www.linkedin.com/pulse/amontillado-equilibrio-universal-isabel-calvache-gisbert/
https://vinacrucis.com/jornada-amontillado-juancho-asenjo/

Tan sólo comentar algunos detalles históricos que comentó Juancho:
En la guía de Vinos del Mundo de André Julien publicada en 1866 se menciona a los amontillados como vinos de primera clase. También hay que tener en cuenta que en aquel tiempo apenas había vinos en Rioja, que apareció en 1876 consecuencia de la plaga de filoxera en Burdeos.
Estos vinos, al igual que los finos, de donde proceden a base a escalas y criaderas son una consecuencia de que en las bodegas, y sobre todo tabernas, se trataba de que todo el vino fuera lo más homogéneo posible.

El auge del amontillado surge también de un hecho de coincidencia y de darse cuenta de lo que estaba sucediendo. El Conde de la Cortina, un buen bodeguero y comerciante de vinos, mandaba sus vinos en carreta hasta Jerez. Parece que en el camino (de varias semanas), donde iba parando regularmente distribuyendo sus vinos, con el traqueteo al llegar a Jerez, el vino estaba oxidado y curiosamente al personal le gustaba más: de ahí surge el Amontillado.
Como decía Juancho: existen dos vinos en el mundo, el Amontillado y los demás.
Son vinos difíciles por su poder en boca sobre todo, pero degustados lentamente son una delicia.

Hago sólo mención de los vinos amontillados catados:
- Robles, 15 años.
- Torres Burgos, 50 años.
- Montulia, 30 años.
- Marqués de Poley Convento 1952, 65 años.
- Lagar Blanco, 25 años.
- Alvear, 35 años.
- Amon (Bodegas Delgado), 50-60 años.
- Gracia, 60-70 años.

En mi opinión, unos sobresalían por unos aspectos de más ligereza, otros eran dolientes (te marcaban por dentro al beberlos), pero el que me pareció más equilibrado era el de Alvear.

Sólo dos están en el comercio, auténticas joyas que apenas se conocen. Como decía Bernardo (de Alvear) de esos tipos de vinos sólo pueden ellos sacar unas 300 botellas al año.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Buenos vinos nuevos de Alvear. ¡Y dicen que son como los de antes!

Cuando pensábamos que los vinos finos estaban empezando a ponerse de moda, en eso que llegó Bernardo Lucena con sus nuevos vinos: las 3 Miradas.

Este verano tuve la suerte de pillar en plena faena a Bernardo en el Lagar Las Puentes, en la Sierra de Montilla, y allí me mostró el superlío en que estaban metidos en Alvear elaborando ya en su segundo año unos vinos que se harían fermentando en tinaja.

- Pues eso ya pocos lo hacen... eso era antes.
- Ya, pero a las tinajas les hemos puesto placas de frío.
Vaya control.
- Y se ha recogido la uva con 11 o 12 grados de alcohol probable. ¿Para vino joven? Bueno, más bien vino de tinaja.
- Y a una parte se le está haciendo maceración de hollejos. También en frío. Los tanques de poliéster se han tapado casi herméticamente de plástico para conservar el ambiente anaerobio. Después que quitar los hollejos fermentarían en tinaja
Como dirían Les Luthiers..., eso es tacto.

En resumen, una pequeña revolución y en la que los enólogos de Envínate y varios técnicos andaban mimando y controlando esos vinos. 

Las uvas procedían de cuatro pagos de la Sierra de Montilla, con viñas de al menos 50 años y con poda en cabezo, muy bajas, de forma que los pámpanos taparan los pocos racimos y tuvieran una óptima madurez. Eso es vista.

Lo que probamos en casa de Joaquín, y organizado por la Asociación de Sumilleres de Córdoba, fueron 7 vinos del 2016, de 3 parcelas, y de cada una un vino de tinaja y otro con hollejos que han pasado un año en tinaja.

La clave de que no hayan necesitado estos vinos encabezar con alcohol, es su acidez: del orden de más de 5g/L. Tampoco tienen hecha la maloláctica. 

El resultado fue sorprendente. La variedad Pedro Ximenez da grados, kilos, aguanta bien el calor, pero lo que es aromas, pocos.
Si uno espera algo conocido en estos vinos, se equivoca; se buscaba la influencia del terreno, del pago, de la orientación de la viña y se notaba. Nada de uniformidad. Eso es gusto.
 
Los vinos se llaman 3 miradas, en botellas como las antiguas. Etiqueta limpia por delante y con buenas explicaciones detrás. En total 7 vinos más un PX de añada.

Los vinos del Cerro Macho eran muy ácidos y frescos, y con hollejos, el vino se hacía más sabroso y equilibrado.

Los vinos de la parcela El Garrotal parecían menos ácidos, más glicéricos. De nuevo, el vino con hollejos era más potente, pedía un buen plato para disfrutarlo más.

Los vinos de La viña de Antoñín, fueron los que más me gustaron. Más vibrantes en boca, matices herbáceos. En suma más aromáticos que los otros. Siguiendo con Les Luthiers, eso es olfato.


Sin embargo, el más completo fue el llamado Vino de Pueblo, preparado por mezcla de los otros hasta llegar a un consenso. Tenía un retronasal frutal, un vino suave, al final algo amargo, fácil de tomar.

Esta denominación como Vino de Pueblo, aún no recogida en la DO Montilla-Moriles, es toda una declaración de intenciones al sugerir un vino como los que se han hecho siempre. Del año y para todos los públicos.

En resumen, unos vinos diferentes. Y por tener pocos aromas florales o frutales, no son vinos sencillos. 
Más bien son vinos de autor, casi de obsequio por su esmerada presentación.
 Habrá que esperar cómo han evolucionado estos vinos en las botas, y cómo han resultado los experimentos en las tinajas con las uvas del 2017.
Pero eso será otra historia.

De las cosas del comer que nos pusieron en casa de Joaquín, Araceli, su mujer, nos obsequió entre otras cosas con unas croquetas de camarones y quisquillas que quitaban el sentío. Y el alioli con tinta de sepia que las acompañaba, era para echarle un cante allí mismo.

Otra buena noche de cata, en la que Bernardo (nada silente) hizo fácil la charla y degustación de los vinos.

Por último, bonito el detalle artístico de Joaquín decorando las botellas con lucecitas.








miércoles, 25 de octubre de 2017

Bar Musa. Sí, como la mayonesa de Córdoba



 

El Bar Musa está en la calle García Lovera. 
Una agradable calle peatonal y céntrica.
Aún a pesar de ser una calle corta ya tiene tres bares, y como todo, es posible que no haya clientes suficientes para todos ellos. 

Esta calle, García Lovera, es tranquila y se disfrutaba estando en la calle tomando algo con los amigos.
Por cierto, en un periódico leí que el quedar de tertulia con los amigos es de las mejores rutinas que se pueden tener para estar y sentirse mejor.

Antes del Bar Musa estuvo el Bar Ismo, que nos sorprendió por ser uno de los pocos que habíamos encontrado sin vinos de la DO Montilla-Moriles. 
El Ismo no duró mucho, los dueños se implicaron mucho, pero no pudo ser... porque hay muchos bares en cualquier rincón de nuestra ciudad, y hay que ajustar precio y calidad.

El otro día quedamos en el Musa. 
Le pregunté al amable camarero y nos aseguró que no tenía que ver nada con la fábrica de mayonesa de Musa, más bien que a la dueña le gustaba su sabor, su nombre, y hasta la grafía.

Al servir la primera consumición nos regalaron una buena tapa de salchichón. Me encanta ese embutido. 






















Por cierto, esta semana última de Octubre y la primera de Noviembre hay por primera vez una serie de interesantes actividades relacionadas con el jazz, llamado Qurtuba Jazz: conciertos, películas,... Hasta un concierto el domingo 29 de octubre a las 12:00 de una big band en el escenario de un cine de verano.
Hay una asociación de amigos del jazz que parece que se están moviendo para promover buenas actividades.


La carta del Musa es limitada. Van cambiando de platos, pero parecen bien escogidos.

Ese viernes tenían preparado una buena fuente de verduras para acompañar con cuscus o arroz, pero la empezarían a servir a partir de las 3. Muy tarde para nosotros.

Nos decidimos por la cuña de tortilla de patatas. Un generoso trozo de jugosa tortilla. 
Y como nos gustó, pedimos el calabacín como provolone y pesto. Muy rica combinación.

El caso es que nos gustó este sitio. Con buena decoración interior, y a muy buen precio. 
Posiblemente son las principales cualidades, junto con una buena atención, para que al menos le deseemos buena suerte.

Y sí, tenían vino de Montilla-Moriles. El Saavedra y el Cancionero. Dos buenos vinos finos.

La cuenta bastante reducida. El medio de fino a 1,30 €. Hace poco estuvimos en un nuevo bar que tenían el fino a 2,90 €!!!! Una locura.


O sea, un sitio, el Musa muy recomendable para esa tapa en un bar del centro.











viernes, 13 de octubre de 2017

Altair, Sabor de la Dehesa: conocer los cortes de carne ibérica, y luego probarlos

Con la carne de cerdo ibérico nos ha llegado un número de cortes de carne que muchos desconocemos de qué parte del cerdo proceden. 

Aparte de los conocidos solomillo y lomo, que se conocen del cerdo blanco, los nuevos cortes como presa, pluma, abanico o secreto nos suenan y los hemos comido (al menos en mi caso) pero sin saber de qué parte provienen. 
Y como yo muchos de los que nos juntamos en casa de Joaquín Morales convocados por la Asociación de Sumilleres de Córdoba gracias a la empresa Altair Sabor de la Dehesa.
Esta empresa se ha especializado en suministrar los cortes de cerdo ibérico de bellota, y tienen su sala de despiece en Belmez. 

Para comenzar la cata-cena se pasó un video en el que se explicaba el origen de las piezas que se pueden comprar.

Acudieron el veterinario de la empresa y el delegado comercial de Sabor de la Dehesa, y comentaron que hay cortes como la pluma que apenas hay oferta porque a muchos cocineros franceses les ha dado por esa pieza.

Y para demostrar lo que se puede hacer con estas carnes se organizó una magnífica cena en la que los tres cocineros que nos han obsequiado con sus creaciones en otras citas: Antonio Jesús Requena, Daniel Plá y Miriam Cózar. Y sin olvidar a Araceli, la mujer de Joaquín.

Probamos lomo, secreto, costilla, entrecostillar, flamenquín de pluma y presa.

Haciendo un resumen.
Los platos, todos muy sabrosos. 

Por ejemplo, el lomo lo preparó Antonio Jesús con verduras preparadas al estilo oriental y la carne cubierta con miso.

El flamenquín de pluma ibérica, queso y pimiento, creación de Daniel era un plato sobresaliente. Vamos, espectacular, porque se fundían los sabores y al queso. 
No creo haber probado un plato igual en mi vida, con la sutileza de la carne y los demás ingredientes perfectamente unidos.
Este plato se puede probar en Horno San Luis o Sojo Fusión, pero no es lo mismo.

Y Miriam preparó un corte de presa, a horno lento, que consiguió que se deshicieran en la boca los filetes de presa: rosados, en su punto de hechura. Y combinados con un guacamole con trozos de fresa.

En casa cuando preparo la carne ibérica nos gusta acompañarlo de puré de patatas, para hacerlo más ligero. Pero nunca se me habría ocurrido darle el toque ácido de la lime con el guacamole. Lo probaré la próxima vez.

A base de tanta carne pues la cena se hizo un poco pesada, pero bien valió la pena el esfuerzo, y poder degustar los cortes de ibérico y las elaboraciones de los cocineros.
Una verdadera suerte y maravilla.

La cena se acompañó con vino que había en la bodega de Joaquín, y de otros compañeros. En particular me encantó la manzanilla que trajo Gertyrudis de Sanlucar de Barrameda, creo que procedía de la bodega Generación (como decía aquél,... primera noticia).


También había tinto Yllera reserva del 2006, aún con fuerza y sabor, vino natural de Marenas Syrah 2006, un magnum de Zerej, etc. 

Una magnífica cata, en la que poder hablar con los compañeros y tener una agradable tertulia aprendiendo de lo que lo se traen entre manos.
Después, el paseo rápido en bici de vuelta casa puso las cosas en su sitio.



martes, 10 de octubre de 2017

La Tertulia, asador, y el Rincón de Paco, marisquería. Ambos están bien

Últimamente hemos estado en dos bares o tabernas que son bastante peculiares, porque se han especializado en platos que se salen un poco de lo común.

El Tertulia es un asador muy particular. 
Está en la Av. Gran Capitán, esquina con Alhaken II, lo cual significa que hay siempre un entretenido paseo de viandantes; y como se puede imaginar, las mesas ocupan buena parte de la acera, y bien protegidas del sol por las sombrillas.
Se está bien allí, el local es nuevo y parece con mucha asistencia de personal.

Si uno entra en el amplio y diáfano comedor, el asador propiamente dicho es pequeño: un horno calentado por carbón vegetal. ¿Y cómo hacen para atender los asados de su carta? Pues los platos los asan previamente, y ya si los pides te los sirven algo calientes, puesto que es hacer la comanda y a los diez minutos el plato está ya en la mesa.

Hace unos días estuvimos en un asador que asaban los pollos con madera de olivo. Algo digno de mención, aunque está lejos,... en Villanueva del Arzobispo (Jaén). 
Este negocio, el de La Tertulia, es local y no se trata de una franquicia, como otros bares de esta céntrica avenida.

El plato pedido fue el picantón (sin relleno como dice la carta) y bien sazonado. Bueno, tal como aparece en la foto relleno de patatas paja.
Por 9,95 € comimos una buena ración para los cuatro, si bien debo decir que la carne estaba más seca de lo que me hubiera gustado.

En las mesas de al lado parecía que se habían decantado más por el cochinillo, y no por el pollo picantón como nosotros.

El personal es rápido y eficiente. Todos llevan su ropa de trabajo y mandil, y creo que es excesivo la equipación, poco cómoda para moverse entre las mesas y por el calor reinante.
A diferencia del siguiente bar que comentaré no sirven nada, digamos de cortesía, con la consumición.

El fino que se puede tomar... pues, el Tertulia, para qué más vueltas.











El otro bar es el Rincón de Paco, en la calle de la Radio, detrás del Vial. 
En este mismo sitio ya se instalaron dos negocios, y esperamos que a este le vaya bien, porque cualidades tiene.

Al estar en una calle más tranquila, en los veladores de la acera se está bien reservados del bullicio que había en el anterior comentado.

Eso sí, sirven unas muy buenas tapas con la consumición. En la primera cerveza trajeron atún encebollado y cuando llegaron los demás, ensalada de pimientos.

El personal, muy profesional y atento, vestido como suelen los camareros, de riguroso negro, se movía con soltura, sabiendo llevar su negocio.

Este Rincón proviene de Torre del Mar (Málaga) y según me dijeron unos que son asiduos en Torre del Mar, el pescado es quizás mejor que allí. 
Es un bar con mucha clientela, de los negocios u oficinas oficiales cercanas: queda escondido, tranquilo y se come bien.

La especialidad son los pescados y mariscos.
Pedimos unos mejillones al vapor, bien grandes. Aunque el precio era según mercado, extraño cuando los mejillones no faltan en ninguna época del año. En cualquier caso, 9 € salió la ración. 
Ricos, aunque el caldo no era del vapor como hacemos en casa: sólo los mejillones en la cacerola, y el caldo sabe a mar.
Es decir, que no apetecía emplear una valva como cuchara.

Tenían tres clases de fino: Doblas, Tertulia, Eléctrico.
 Bien el Eléctrico, extraño y apagado el Doblas, aunque a alguno le parecía justo lo contrario.

La cuenta, 17 €. O sea, que muy bien. Un buen sitio para tapear por el centro, y ya es la segunda vez que voy, y en ambas me ha gustado la visita.