miércoles, 13 de febrero de 2019

Cata de moscateles, y Pedro Ximenez, de la Axarquía de Málaga. Con Dimobe

Es la segunda vez que cato vinos de esta bodega, la primera fue en la Escuela de Hostelería, allá por el 2015. 
En aquella ocasión se probaron vinos tintos, moscateles y el Zumbral, el vino más conocido de esta bodega.

Para esta ocasión, en casa de Joaquín y Araceli, los protagonistas fueron los vinos blancos hechos con Moscatel de Alejandría y Pedro Ximenez. 
Si alguien busca Dimobe sale que la bodega se llama A. Muñoz Cabrera
Una bodega situada en Moclinejo, a 10 kms de la costa de Málaga, subiendo desde el Rincón de la Victoria. 
La orografía de esta zona es complicada, repleta de pendientes, ya que está dentro de los Montes de Málaga, y donde se ha cultivado la uva moscatel para hacer la pasera y también vinos dulces.

Como curiosidad: esta bodega fue fundada en 1927, mismo año que abrieron otras muchas y señaladas bodegas: Alvear (la nueva bodega), Protos, Murviedro, y otras más de distintas zonas de la geografía española. Parece que fue un buen año para dedicarse a esos menesteres.

Tras la explicación breve de Juan, pasamos a la cata, para que los vinos hablaran.


- Trasañejo, Vino Pedro Ximenez seco con 20 años de solera y 18% de alcohol. Un vino sin crianza biológica, es decir, similar a un oloroso. En boca bastante menos ácido que los vinos de Montilla-Moriles, aunque con muy correcta acidez total. O sea, menos afilado y punzante; lo contrario: suave, redondo, glicérico. Este vino ha conseguido distintos y reconocidos premios.
Para acompañar la cata, carpaccio de buey con limón, queso en polvo... tal como se ve en la foto, bien rico y sabroso.
Los platos fueron preparados por las manos de Araceli.

Y después vinieron los moscateles dulces/ligeramente dulces en toda su gama de elaboración.

- Vino Maestre - Viña Axarquía
Al mosto de moscatel de Alejandría, se le añade alcohol hasta un 8º y después se añade el pie de cuba para que arranque y termine la fermentación. En total 15º de alcohol quedando 100 g/L de azúcar. Aromas a flores blancas y frutas.

- Señorío de Broches
Un Vino Dulce Natural. Se parte de uva asoleada (por un lado, es decir no se voltea) y se deja fermentar; que se paró al añadir 3º alcohol cuando iba con 12º, consiguiendo los 15º y 130 g/L de azúcar sin fermentar.  Un vino bastante completo: dulce, regusto amargo, amielado y notas de flores y frutas... moscatel limpio y evolucionado. Me gustó este vino, quizás el que más.

- Pia Mater 2016. 
Vino Natural Dulce. ¿Que diferencia con el nombre anterior? La uva se asolea y voltea, y con fermentación natural se deja hasta que se para la fermentación, con 13º de alcohol.
Este vino olía a orejones, miel... y lichi (según Isabel, Gertru y Joaquín M.; en mi caso reconozco que he probado poco esa fruta, y cuando la encuentro en las tartas de Roldán siempre llego tarde).

- Pajarete
con Moscatel y Pedro Ximenez. Se mezclan al final las fermentaciones que se han hecho por separado de Moscatel y Pedro Ximenez. Con alcohol añadido hasta  15º de alcohol, y posterior crianza de 5 años en barricas.

- por último, Espumoso Tartratos 2015
un vino hecho con uva moscatel, con 12º de alcohol. Elaborado según las técnicas del cava, con la segunda fermentación en botella y posterior crianza de 30 meses en botella.
Aquí la moscatel se había perdido un poco, y los inquietos JM Moreno y R Marquez se pusieron a probar licores de expedición apurando gotas efe los otros vinos y suplementar el espumoso de las copas. Y consiguieron darle un buen toque, que incluso mejoraba el original. ¡Es que son muy buenos!

Se acompañaron los vinos también con unas croquetas de boletus y trufa, y de quesos de Plazuelo, de oveja y cabra; muy ricos y en su punto de curación, uno de ellos con el hongo inyectado. Quien quiera en Villaralto tiene Diego su quesería, y cada poco aparece por Córdoba en algún evento, como este año en Diciembre por la Feria de los Municipios.


Una cata bien rica y equilibrada. Con vinos dulces, que no eran empalagosos ni mucho menos, y que podían combinarse con carnes, quesos o pescados. 
Y sorprendentemente una acidez muy controlada, con un buen contenido en acidez total. Y la moscatel sin abrumar en aromas. 







jueves, 31 de enero de 2019

Más vinos fortificados, Parte II, ... y vinos amarillos del Jura


La última cata que se ha hecho en la sede oficiosa de la Asociación de Sumilleres de Córdoba (casa Joaquín y Araceli) ha sido dirigida de nuevo J.M. Moreno y ha puesto fin a un repaso a los vinos fortificados, los vinos Marsala (Sicilia) y a otros vinos de crianza biológica elaborados en El Valle del Jura (Francia).

En particular, esta zona del Jura, por la que he pasado muy cerca, porque cuando he viajado en coche a Alemania a ver a la familia, paramos en Besançon, una preciosa ciudad patrimonio de la Humanidad, justo en la esquina del Valle del Jura, con unas colinas suaves, y en la ciudad con un montón de tienda de vinos, pero que nunca he visitado, y quizás en una próxima ocasión visite alguna, para ver de qué va. 

Esta cata ha sido sorprendente porque los vinos que tomamos se parecen a los de aquí, con sus diferencias, y que gracias a la recuperación de técnicas tradicionales están recuperando su antiguo esplendor, o al menos la gente entendida los conoce, y se venden a un buen precio.

Si se repasan notas de hace un tiempo, por ejemplo en el mundovino sobre los vinos  del Jura, en el 2003 se habla de estos vinos como rarezas y de pequeños productores, y como todo cambia, pues esos vinos y los italianos de casi otra época vuelven para ser conocidos.


La primera vez que caté un vino del Jura fue cuando estudiaba enología, allá por el 2002, y era un vino de Arbois. A todos nos sorprendió que en alguna zona de este mundo se hiciera también crianza biológica, en aquellos años en que aún no se había dado el cambio radical a estos vinos, y en que la moda de tintos, y con mucho cuerpo era lo que predominaba (hasta en Montilla-Moriles, que estaban pasándose a los tintos).

En cuanto a los vinos, los del Jura, proceden de pequeñas parcelas, y aquellos de crianza biológica (porque allí también los hay tintos, y blancos sin crianza), se elaboran con la variedad Savagnin, que es más aromática, de maduración tardía y sobre todo resistente a las enfermedades. Esto es importante, porque se trata de alcanzar un grado de madurez con suficientes azúcares, y aún a pesar de eso no se alcanzan los 15º de alcohol que por aquí se estilan.
También hay que decir, que ya hemos tenido alguna cata de vinos de Jerez, en los que la Palomino alcanza los 12,5º y además, se hace crianza biológica estática, sin escalas... justo lo mismo que pasa en los vinos del Jura.

La principal diferencia es que el velo (voilé) que se forma en las barricas no tiene el grosor que aquí, por lo que las oxidaciones están más garantizadas en esos vinos. El tiempo de crianza es 6 años y 3 meses, y al tener los vinos en la misma barrica, sin refrescar, el contenido va disminuyendo por mermas de evaporación, y se va concentrando. Solución: tienen una botella de 62 cl, de precioso diseño, llamada clavelín.

Vinos catados con crianza biológica:


- Domaine de Marnes Blanques, del Jura, con sólo 4 años de crianza biológica. Con mucha acidez, acetaldehido a tope, almendras. Era una aproximación a esto vinos.

- Le Roc de Anges (cerca de Perpignan, costa mediterránea) es un vino hecho con garnacha blanca y gris, macabeo y que ha tenido algo de velo. Menos ácido, mucho acetaldehido también. Extraño, pero más amable que el primero. A J.M. Moreno le encantó.

- Vine Jaune Marnes Blanques. Del 2011, con aroma a flor, levadura, más fino y equilibrado. Este vino tras un tiempo en copa aparecían aromas florales, curioso.

- Chateau-Chalon, del 2009. Algo más complejo que el anterior, pero me gustó más el anterior.

Y luego vinieron los vinos de Marsala, ya sí fortificados. Vinos que se pusieron en el mundo cuando en el siglo XVIII, con el descubrimiento por parte de los británicos de los vinos de Madeira, Porto, etc., un comerciante inglés pasó por la zona, y se dijo: aquí hay negocio. Los fortificó y se los llevó a su tierra. Tuvo éxito, y después fueron algunas familias italianas las que continuaron el negocio.

Hay que decir que la clasificación de estos vinos es muy particular. Por lo general, los vinos de Marsala se han hecho ex profeso para cocinar, mediante una técnica de cocido del mosto. Aunque sí existen otros vinos, de mayor calidad, ligeramente dulces, y que recuerdan a los vinos de Madeira.

Vinos catados de Marsala, ambos de la bodega Marco de Bartoli:

- Marsala Superior Oro, de 5 años y 18,5º de alcohol. Aromas a fruta seca, dulce y potente a la vez.

- Marsala Superior, de 10 años, con mucho más aroma a acetaldehido, más amargo y complejo.
Mi opinión de la cata. Que es bueno conocer otros vinos para conocer mejor los nuestros. Y que al igual que los nuestros hace falta un público entendido para que apreciar en su justa medida, porque el primer ataque en boca, con tanta acidez, sorprende.

En cuanto a la comida, como siempre muy bien. En este caso, Gertrudis se esmeró como siempre, con un rico solomillo ibérico sobre cama de cebolla y melocotón seco. También hubo caldo calentito (la noche lo pedía), bacalao dourado, flamenquín con salmón... y bizcocho con chocolate caliente para los vinos de Marsala. 

Una cata muy bien trabajada, instructiva y de la que se aprende un montón con los compañeros asistentes.













martes, 15 de enero de 2019

¿Pero cuántos vinos fortificados hay? Y muchos sin saberlo. Parte I

Para aclarar tan urgente pregunta, José María Moreno nos planteó a la Asociación de Sumilleres de Córdoba una selección de vinos a los que se añade alcohol vínico con el original, por antiguo, objetivo de mantener la estabilidad microbiológica del vino. Y oh sorpresa, los vinos mejoraban y con el tiempo se han convertido muchos de ellos en la quintaesencia de zonas vinícolas o evocaciones de tiempos pasados.
 
Porque se trata de vinos viejos, con crianzas de al menos varios años, como mínimo 3 años con la particularidad de poder aguantar y evolucionar positivamente con los años. Son vinos de poco tiro en el mercado a menos que sea un cliente interesado en ellos, porque se trata de vinos con una limitada difusión comercial actual, pero que muchos hemos querido probar para saber a qué saben esos vinos que aparecían en las novelas de época.
El caso es que nos gustaron, al menos en mi caso, y que indican que hay un mundo vinícola paralelo, donde los grados de alcohol no asustan sino que por efecto del tiempo el alcohol apenas se nota, y le da una eternidad que no tienen muchos de los vinos elaborados sin estas adiciones de alcohol.

Como resumen de la cata celebrada en casa de Joaquín y Araceli, hay que decir que pocas veces ha salido tan redonda en cuanto a vinos y combinación de platos como ésta.

José María se trajo para esta primera parte de tres zonas: olorosos de Montilla-Moriles, Oportos y Madeiras.
 
Si a los vinos blancos terminados se les añade alcohol tenemos los olorosos tras años de crianza en bota. 

Si antes de acabar la fermentación de tanto vinos blancos como tintos se añade alcohol, la fermentación se detiene quedando azúcar residual, para continuar con crianza en madera o depósito, se consiguen los Portos

Por último, si a los vinos se les calienta a 50ºC y ambiente muy húmedo, durante unos meses, para continuar con barrica en madera tendremos los Madeiras

Es curioso que estos vinos que se llevan elaborando desde el siglo XVIII eran fruto de que alguien se daba cuenta que mejoraban con el tiempo, o como en el caso de los Madeira se trataba de reproducir en tierra la paliza que se daba a los vinos que viajaban en la proa de los barcos.

Tras la explicación de cómo se han elaborado y se continuan haciendo pasamos a la cata. Y aquí debo decir que el amigo JM Moreno lo hizo francamente bien. No habló. 
Nada de si: ¿apreciais esas notas a madera, a fruta en retrogusto, a yo que sé? Mejor.
Los vinos hablaban solos y aquí el trabajo de los cocineros puso las cosas en su sitio.

Probamos Tauromaquia y Maestro Sierra como ejemplos de olorosos con 19º, ambos de unos 15 años de crianza. El Tauromaquia mucho más vivo y ácido, el otro más suave y controlado.
 
Después vinieron un Tawny y un Late Bottled Vintage (LBV) de Niepoort, ambos con 19,5º. Buenos ejemplos de oportos, siendo el LBV un tinto muy bonito, equilibrado, aromático con aromas a guindas en licor. ¿Se nota que me gustó?

Por último llegaron dos Madeiras de la bodega Barbeito, de dos variedades blancas: Boal y Sercial. Estos vinos recordaban en aromas a los olorosos, con ligero dulzor. Curiosos.

Inicialmente estos vinos son complicados de buscar el momento de meterlos en una comida, pero esa noche los cocineros se lucieron.

Nos pusieron potaje de garbanzos, unas muy ricas y suaves espinacas con bacalao y piñones, un flamenquín con lomo, cecina y mozzarela (¡qué arte el chaval que se le ocurrió!), tarrina de foie con queso azul de leche de oveja de Diego, de la quesería Plazuelo.
Y para terminar bizcocho de almendras.

Una pasada, todo bien guisado y bien hecho que hicieron que los vinos se agigantaran y fueran pasando de mano en mano, y de copa a copa.

Hubo entre los asistentes varias caras nuevas, como Erik y Tracy, y muchas conocidas.  Y continuará el asunto de más vinos fortificados.
















miércoles, 21 de noviembre de 2018

Cata de Grandes Pagos Gallegos

 Galicia es una tierra variada y muy querida por muchos que vivimos en el Sur por su verdor, su clima, su gastronomía y sus gentes, cuando vamos de turismo o de visita por allí.
Este verano hemos pasado unos días felices y por mi cuenta he intentado probar y traerme botellas de vino de cada zona, que hay varias.


Para nuestra suerte, nos juntamos con una joven gallega que vive ahora en Alemania y vuelve a su Rianxo de vacaciones. Desde allí nos enseñó parajes, Castros, bosques, restaurantes y recomendaciones que sólo quien siente morriña por su tierra, estando casi todo el año fuera, puede sentir tan propia.

Así que cuando Antonio comentó la cata de vinos gallegos, pues no dudé en apuntarme. Se trata de una empresa, Grandes Pagos Gallegos, que elabora vinos en tres DO gallegas: Monterrei, Ribeiro y Rias Baixas
Faltaría la zona de Ribeira Sacra, pero esa zona ya la disfruté en mi viaje veraniego.

Se probaron en total 6 vinos, 4 blancos y 2 tintos. 
- Fragas de Lecer, 100% Godello (Monterrei)
- Barbuntín, 100% Albariño (Rias Baixas, concretamente de O Rosal).
- Paso Casanova, 85% Treixadura, Godello, Albariño y Loureiro (Ribeiro).
- Quinta de Couselo 2016, 90% Albariño, Cariño Blanco y Loureiro (Rias Baixas).
- Finca Viñoa 2016, Brancelao, Sousón, Caiño Longo (Ribeiro).
- Fraga do Corvo 2016, 100% Mencía (Monterrei).

Vinos todos ellos muy bien elaborados, con relativamente bajas producciones ya que tienen y controlan fincas de no más de 12 Has. la que más. Vinos con más o menos aspiraciones, a un buen precio, y con distribuidor para quien los demande.

Los vinos blancos, todos con una refrescante acidez, con nariz al principio cerrada, propio de la crianza bajo lías, y todos con mucho cuerpo, aromas florales y frutales intensos. Algunos con más salinidad, como el Barbuntín, además de aromas florales y cítricos de la Albariño.

Quizás los dos vinos blancos últimos tenían una mayor clase y calidad, vinos que algunos propusieron que podrían combinar muy bien con platos de carne. Quinta de Couselo era realmente un vino elegante, frutal y fino.

Si bien, los más sorprendentes a mi parecer por sus aromas fueron los dos tintos. El primero era balsámico, aromas a regaliz, pimienta. Y el segundo, el Mencía, de intensos aromas a flores, violetas, muy equilibrado en nariz y boca.

Los platos que elaboraron tanto Araceli como Luis combinaron como siempre a la perfección. Como detalle, el bizcocho de chocolate negro para el último vino. fue un acierto; además de las pizzas y el carpaccio de gambas.

La cata no defraudó a nadie, y el comercial de dicha bodega habló lo justo para que termináramos a buena hora y todo fuera dinámico. Hasta la próxima cata.








miércoles, 24 de octubre de 2018

Cata ciega de vinos bancos y tintos

Hemos celebrado los de la Asociación de Sumilleres de Córdoba, en casa de Joaquin y Araceli, una cata ciega dirigida por David Núñez, que aparte de participar en varios concursos de cata es el maitre del Hotel Eurostars Palace (antiguo Meliá, hoy "el oxidado"). Debido al interés de la cita hubo que hacer dos grupos, a los cuales instruyó David en la apreciaciones de un vino para rellenar una hoja de cata. Los resultados se confrontaban con las notas que en su día dio David a los vinos catados.



Una actividad interesante y que en mi caso me ha servido para darme cuenta que cada vez me gustan los vinos blancos, y que en el caso de los vinos tintos busco o me seducen los tintos con aromas, buena acidez y un poco amargor. 
¿Me estaré parkerizando? Quizás sólo un poco. Es decir, los vinos con cuerpo, aromas, equilibrados en boca, y algo, sólo un poco astringentes. No soy capaz de apreciar en su justa medida los vinos suaves, aterciopelados, es como si me faltara vino.

Por cierto los vinos los representa en Córdoba la empresa Diego Canals, y con el maño cordobés Joaquin Martinez, una fuerza de la naturaleza en cosa de vinos.
Los vinos se presentaron ocultos y con nomenclatura de concurso, y fueron:
Blancos:
- Carlos Moro 2017, Finca San Cibrao, DO Ribeiro, Treixadura, Godello y Albariño.
- Botani Azahar 2017, Bodega de Jorge Ordoñez, Moscatel.
- Luis Cañas 2014, Fermentado en barrica, Viura y Malvasía.

Tintos:
- Corona de Aragón 2017, DO Cariñena, Grandes Vinos y Bodegas, Garnacha.
- Anayón crianza, DO Cariñena, Grandes Vinos y Bodegas, Cabernet Sauvignon, Tempranillo y Syrah.
- Izadi Selección Reserva, DO Rioja Alavesa, Tempranillo.

El que más me gustó fue el blanco de Ribeiro, de Carlos Moro, y después el Anayón, y si bien coincidí en puntuación en los blancos, en los tintos desbarré y en principio me encantó el joven de Garnacha, muy fresco, aromático, una golosina, pero que al rato no olía a nada. Y el Reserva me pareció plano, lo que decía de que no soy de esos vinos. Lo cual demuestra que las notas de cata deben ser objetivas y no subjetivas... Tengo tanto que aprender...

Por supuesto tras la entretenida e interesante cata tapeamos de lo preparado por Araceli: embudo exquisito (de Ibesa), tostas de queso y calabacín, unas sabrosas albóndigas, y unos calamaritos. 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Vino tinto cordobés con buenas hechuras: 12 PB

De acuerdo con todos los parámetros enológicos recogidos en la bibliografía y la experiencia: la climatología en la campiña de Córdoba no es la mejor aliada para hacer vinos tintos, pero hay algunos que persisten en el empeño y son capaces de hacer vinos de una calidad más que aceptable, y que obliga a reconocer la buena tierra y las buenas manos.

Recuerdo entre otros ejemplos de tintos cordobeses, las primeras añadas de Jose Miguel Marquez en su finca montillana (Bodega Marenas) por sus aromas y cuerpo, y actualmente no dejo de sorprender a propios y extraños con las virtudes y precio del tinto en bag-in-box que vende la Cooperativa la Unión.

Actualmente quien está haciéndose un nombre es la Bodega El Pujío, que está entre Aguilar y Puente-Gentil, y que está haciéndose un sitio con sus tintos monovarietales de Syrah y Merlot
La parte técnica de dicha bodega la llevan dos enólogos salidos de la Universidad de Córdoba, y con una ya dilatada trayectoria además como expertos catadores: Jose Ignacio Santiago y Cristina Osuna.

Y como respuesta a un reto de elevar la calidad del vino tinto cordobés, se inició partiendo del viñedo de El Pujío, la elaboración de un tinto variedad Syrah con una cuidada selección de uvas, de depósitos y de barricas: 12 PB
Los vinos salidos desde el 2015 los pudimos catar en casa de Eugenio Sánchez Ramade, que es el origen de este reto.

Eugenio Sánchez, siempre ha estado ligado al tema de los vinos, y como se dice: se ha juntado el hambre (de hacer buenos vinos) con la ganas de comer (disfrutar y probar esos buenos vinos).

Un puñado de compañeros de la Asociación de Sumilleres nos juntamos con Jose Ignacio, Cristina, Eugenio y su mujer para que nos contaran cómo se inició el proyecto y por dónde van actualmente.

La selección de uvas Syrah, la vendimia nocturna, empleo de depósitos de fermentación pequeños, bazuqueos, remontados, malolácticas, crianza, barricas, estancia en botella,... todo, para cuidar la elaboración y catarlos.

Se empezó por las uvas Syrah (casi las últimas de esta vendimia tardía), 
y a continuación el vino muy joven, salido de la prensa, del 2018. Un vino ya, muy coloreado, con acidez y astringente para preservar una buena crianza. Los aromas de la Syrah se percibían, y para ser muy joven quizás le faltaban algunos.

La crianza se hizo en barricas de roble americano y francés de dos años hasta más usas, de cinco años: tal como se entiende actualmente la crianza de vinos, que la madera no supere al vino.

El del 2017, estaba mucho menos astringente y los aromas permanecían pero sobre todo era su potencia en boca. Un tinto con mucho brío.

El del 2016, a pesar de ser ese año una vendimia complicada por los calores intensos, sí que tenía una nariz más frutal y en boca era mucho más equilibrado, a mi parecer. Fue el que más me gusto de la noche, aunque como decía Cristina el que le dio más quebraderos de cabeza por la vendimia.

El del 2015 era el vino más suave, más llevadero, o más gastronómico, porque se tomaba sin querer y como decían ellos, el que más gusta a más publico.

Las fotos que aparecen corresponden con los tintos citados, del 2018 al 2015. 
Son vinos con buena intensidad de color, con muchos matices, y también con claras diferencias entre las añadas.
Sobre todo son vinos con muy buen paso en boca, con mucha personalidad, pero siempre elegantes.
Es lo que se trata, de recoger en la copa la experiencia de la viña y respetarla con una cuidada elaboración.

Esperemos que esta aventura, de una muy baja producción por ahora, tenga la trayectoria que muchos deseamos: estar orgullosos de lo que nuestra tierra y gente pueden lograr. Suerte



miércoles, 12 de septiembre de 2018

Iniciamos la temporada de catas, con una de uvas y sus vinos






Después de las vacaciones de verano que en mi caso me han servido para disfrutar y descansar, y además para conocer alguna bodega gallega, y probar muchos vinos de las varios DO gallegas, se impone el curso normal de la actividad en nuestra ciudad, y por supuesto la relacionada con el tema de vinos.
La climatología ha acompañado a la maduración de la uva, y los racimos de uvas Pedro Ximenez se han extendido en los suelos de 
la campiña, con algún susto de las tormentas.


Hay que resaltar que este año se ha celebrado el I Concurso de vinos PX en Montemayor, las fiestas de La Paxera, que ha sido una feliz iniciativa. Y que continua el interés por los vinos Montilla-Moriles gracias al Curso sobre vinos de la DO Montilla-Moriles.

En el caso de la Asociación de Sumilleres se han reanudado las catas con una instructiva sesión sobre análisis organoléptico de variedades blancas y después catar vinos elaborados con ellas, para finalizar con las acostumbradas delicias que nos preparan en casa de Joaquin y Araceli.

La cata la dirigió Rocío Márquez, enóloga de Bodegas Robles, pero que vino como primer representante de la asociación de amigos del vino y el vinagre, Vinavin, que entre otras actividades organiza el concurso mundial de vinagres.

Rocío nos trajo cuatro variedades blancas: Baladí Verdejo, Verdejo, Moscatel de Alejandría y Pedro Ximenez. Afortunadamente, como dije antes las temperaturas han acompañado, ya que por ejemplo el año pasado la vendimia empezó prácticamente un mes antes que este año. Así, la verdejo, estaba ya mucho más madura que las otras variedades, que se encontraban en óptima o casi madurez en la primera semana de septiembre: como sucedía hace unos cuantos años. 
En resumen, se espera para este año una muy buena calidad de los mostos, ya que la maduración ha sido lenta gracias a las temperaturas moderadas que hemos disfrutado.

Se pudo comprobar la marcada acidez de la Verdejo, cómo la pulpa era carnosa y con sabores frutales y florales, mientras que la Baladí Verdejo (también conocida como Jaén Blanca) era más dulce, menos ácida y con sabores a manzana verde.
Nuestra Pedro Ximenez ya sabemos es una uva muy dulce, y que gracias a su fina y delicada piel puede desecarse al sol haciendo que uva sepa a dátiles y regaliz.
Por último, la Mostatel de Alejandría es muy floral y con una piel dura.






























En cuanto a los vinos, el verdejo de Piedra Luenga (con Baladí Verdejo) olía a la levadura del contacto con las lías, y con aromas herbáceos, florales, y en boca tánico, salino y seco.

La verdejo la catamos en el Finca La Cañada, pero más bien se apreciaba la parte añadida de moscatel. En cualquier caso era más glicérico y con cuerpo que el anterior.
La moscatel se lucía en el Viña Verde, una de los vinos más exitosos de la DO y que casi siempre aparece en guías nacionales de recomendación de vinos por debajo de 5 €. Con aromas florales y frutales, sobre todo en boca y abocado.
Por último, la Pedro Ximenez la disfrutamos en forma de PX de Piedra Luenga. Pleno de aromas a miel, regaliz, cáscara de naranja,...














Una instructivas cata que redondeamos con el bacalao con tomate que preparó Araceli y Joaquín . 
En mi caso, me comí y rebañé el bacalao con su tomate frito. Muy rico.
Además pusieron unos boquerones en vinagre, costillas de ibérico al horno, y un muy buen chorizo ibérico frito de la Sierra de Málaga.  

Así que la nueva temporada promete, vamos, como otros años.



martes, 3 de julio de 2018

Reconocimiento a la Sociedad de Plateros de Córdoba en la asamblea de los Sumilleres de Córdoba

Ya ha pasado otro año y muy variadas actividades se han celebrado para disfrute y conocimiento de los miembros de la Asociación de Sumilleres.

En este año han participado distintas bodegas que han mostrado su buen hacer, y como suceso gozoso ha sido el conocer las nuevas elaboraciones de los vinos blancos de Andalucía, llevadas a cabo por jóvenes profesionales, que aún darán mucho que hablar.

Tras la rendición de cuentas por la junta directiva, háblese de Angel González y Antonio Flores, se comentaron las nuevas iniciativas de catas y también que se está promoviendo una lenta transformación de las actividades hacia el mundo digital, aún por determinar, pero que sin duda con el tiempo será una necesidad.

Por otra parte, se quiso dar merecido reconocimiento a D. Manuel Bordallo, que dirige la Taberna de la Sociedad de Plateros de María Auxiliadora, y que también se sumó en su tiempo a la apuesta digital para dar a conocer su elaboraciones en cocina. Pero sobre todo por su trabajo en mover los inmovilizados de vinos que tenía las Sociedad de Plateros para seguir ofreciendo los finos Peseta y Platino. Actualmente esta taberna controla una buen número de botas bajo la experta dirección de Jose Ignacio Santiago.

Asimismo, se homenajeó a la propia Sociedad  de Plateros, cuya historia fue resumida por Jose Ignacio. 
Se trataba de una Asociación Mutua de Plateros, para poder ayudar a los miembros más desfavorecidos y sus familias, allá en 1868 en ese convulso periodo, claramente revuelto donde los haya de la sociedad española, tras el derrocamiento de la reina Isabel II y la Primera República.


O sea, que la Sociedad de Plateros cumple 150 años en Córdoba. Y como apenas había ingresos, en 1874 comenzaba el negocio de las Tabernas para poder hacer caja. La primera taberna fue en la calle Romero Barros, la que conocemos como la Taberna de Plateros del Potro; para ir inaugurándose más adelante de la de Séneca, etc.

Tras la entrega de regalos se pasó a la tertulia y tapeo que nos obsequiaron en casa de Joaquin y Araceli.

 A destacar la mazamorra, el embutido, quesos, bocaditos de lomo, canapés diversos de atún, foie, fritura,...
O sea, todo estaba bueno, como siempre.

Hubo también su parte de vinos, entre los que destaco el muy equilibrado vermut de Bodegas Robles, los tintos (Tritón, un buen Mencía) y blancos (Botani Azahar) que trajo Joaquin Martinez, tan jovial y apasionado con su trabajo.

Y dejo para el final la labor experta de buen tabernero de Joaquin. Este hombre es una enciclopedia de su trabajo como anfitrión.

Y ya hasta la temporada que viene.