jueves, 21 de septiembre de 2017

Finca Torremolinos, una buena cata, con vinos interesantes, y bien defendida

La bodega Finca Torremolinos está en Aranda de Duero, en plena Ribera del Duero. De allí bajó Ricardo, un heredero de la familia Peñalba, con amplios conocimientos de viticultura, enología y también con arraigo a su tierra, sus costumbres y una herencia de hacer vino, de muchos años,  y con una sorprendente capacidad de comunicar con autenticidad, y ser ameno.

La familia Peñalba inició en 1970 la elaboración de vino, cuando según él la casa de neumáticos Michelin se instaló en Aranda, y movió el mercado de trabajo local, ya que el campo estaba prácticamente agostado. La gente le dio por recuperar viñas heredadas o empezar la elaboraciones, al abrigo de Vega-Sicilia, que siempre ha estado en la Ribera como enseña de la zona (como el cuento de Monterroso: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí").
Las viñas se sitúan entre 800 a 900 metros de altura, en cultivo y elaboración biodinámicos. 

La mayor parte de los vinos se destinan a exportación, bien porque el mercado local apenas consume vino y porque todo hay que decirlo, no se paga la calidad de los vinos.
Toda la uva es de su propiedad y hacen vino de distintas parcelas, llegando a elaborar hasta 21 tipos de vinos, debido a las distintas parcelas, crianzas, etc. Hace poco murió su padre y quien ahora pone a todos firmes, como decía Ricardo, era la madre.

Lo que se busca es que haya potencia en vino, uva y también en la bodega.

En particular, tengo de esta bodega Torremilanos el grato recuerdo de que allá por el 2000 compré mi primera caja de vinos de calidad, de Torremolinos precisamente, siendo estudiante de enología por recomendación del añorado Fernando Pérez Camacho.
Mucho ha cambiado Ribera del Duero desde aquellos tiempos hasta ser considerada la segunda referencia de cualquier bar que se precie: ¿Rioja o Ribera?

El día que se celebró la cata, el lunes 18 de Septiembre, es seguro un día de vendimia en Aranda, pero comentó que este año la cosecha iba. ser sólo un 10% de lo normal a consecuencia de una tremenda helada en el 28 de Abril. Lo normal es que las viñas broten en Mayo, pero los calores que nos llegan adelantaron la brotación de las plantas. ¡Un desastre por allí arriba!
  
Y no por eso dejaron de ser espléndidos con los vinos en la cata.

La cata comenzó por el cava Peñalba López, un vino espumoso sabroso y refrescante. Según Ricardo, su bodega es la única amparada en la DO Cava, o sea inscrita hace mucho tiempo y no como fruto de la nueva tendencia en elaborar cavas.
Este cava tiene un buen precio, pero es difícil encontrarlo en las tiendas nacionales.

A continuación dos tintos, 
- Montecastrillo 2016, un tinto con 4 meses de crianza. Al abrirlo aún quedaban notas de reducción, con mucha fruta, potente, y algo tánico.

- Los Cantos 2014, con 14 meses en barrica. Aquí las notas de madera eran notorias, con fruta, y de nuevo potente en boca, y tánico.

Y después, oh sorpresa, un blanco. Algo chocante pero creo que estaba bien pensado porque el vino blanco fue una de las estrellas de la cata.

- Peñalba López 2015. Vino blanco con Albillo, Viura, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Se notaban las notas de madera por su crianza en barrica, a levadura, floral, miel, en boca era graso y sabroso.
Muy rico ese vino. Aunque alguno decía que habría estado muy bien, si sólo se hubiera hecho con las variedades autóctonas, que era como quitarle más autenticidad al vino el emplear esas variedades foráneas.
 
Joaquín y Araceli lo acompañaron de unas anchoas que le hizo estra aún mejor.



Después volvimos a los tintos. Pero ya de una clase más especial, aquí sacaron la artillería los de la bodega, y en verdad que llegaba lo bueno. 
La cata subía enteros, mientras que Ricardo entre hablar, mostrarse siempre muy veraz en sus comentarios, comía algo porque también había buen condumio.






Se pasó a catar lo que ellos llamaban vinos finos de Torremilanos. 

- Torremilanos crianza 2014. Con 20 meses en barrica.  95% Tempranillo y el resto de Merlot.
Este vino era muy equilibrado, aromas a frutas, goloso, también muy rico en boca.


- Torremilanos Reserva 2013. Se notaba la fruta, la madera apenas se percibía porque estaba totalmentye integrada, ya había hecho su labor, y el vino era sedoso en boca.
- Torremilanos Albéniz 2013. Un tinto muy pulido, suave, elegante al máximo. 
A pesar de ser del mismo año quie el anterior, las sensaciones olfativas y gustativas eran diferentes, debido a la distinta procedencia de la uva.
Como decían, era el vino que quería tomar la madre, la matriarca de la bodega. Era el único vino del que se guardaba la tipografía antigua de la bodega.



- Torremilanos Colección 2009. Un vino clásico en todos los aspectos, con un buen color aunque ya con tonos teja. Un vino con mucha clase, rico, goloso.
Con una buena curación, ya que tenía 30 meses de permanencia en barrica.


Entre bromas, y comentarios terminamos la cata habiendo degustado algunos muy buenos vinos, y haber cenado también tan ricamente.
















jueves, 7 de septiembre de 2017

Cata de uvas blancas de la DO Montilla-Moriles. La vendimia 2017 ya ha acabado

      Según el Pliego de Condiciones de la DOP "Montilla-Moriles", la elaboración de los vinos protegidos se realizará con uvas procedentes del área de producción de la DOP y de las variedades siguientes: Pedro Ximénez, Airén, Baladí, Verdejo, Moscatel de grano menudo, Moscatel de Alejandría, Torrontés, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Macabeo, y cualquiera que sea la sinonimia utilizada para cada una de ellas

      La variedad mayoritaria es la Pedro Ximénez, ya que tras el ataque de la filoxera, se hicieron sobre todo injertos de esta uva tan productiva, delicada en su piel, poco aromática pero muy adecuada para la crianza biológica de vinos.

      Los vinos jóvenes elaborados en la DO Montilla-Moriles son cada vez más demandados, y algunos de ellos han conseguido buenas cifras de ventas por su calidad. Así que además de los vinos finos y los vinos de tinaja, se pueden degustar estos vinos jóvenes para cubrir los gustos y paladares más diversos.
     
     En la primera reunión tras el verano de la Asociación de Sumilleres de Córdoba convocó a una reunión en casa de Joaquín Morales para catar uvas blancas y vinos jóvenes, del 2016, y elaborados con dichas variedades.
   
     Se trata de una actividad de gran interés formativo para tratar de reconocer en las uvas los posible aromas primarios que podremos encpontrar en los correspondientes vinos.

      En mis tiempos en que llevaba las actividades del club de cata aderramar, lo hice varias veces, pero el inconveniente es que muchas variedades foráneas maduran casi en julio por lo que hay que mantener en frío las uvas casi uno o dos meses, y no es lo mismo. Pero en este caso dos técnicos de la DO Montilla-Moriles, Miguel Villa y Angela Portero, lo planificaron muy bien y pudimos probar unas uvas muy bien conservadas, con sus aromas y frescor de acidez en boca.
   
- Comenzamos por la Pedro Ximénez, la uva emblemática de por aquí, con las uvas de tamaño grande y unos racimos abiertos que permiten el escurrido del agua de lluvia.

Es una variedad que se deja madurar hasta 250 g/L de azúcar, pero para los jóvenes se cosecha cuando tienen unos 12 grados de alcohol probable (algo menos de 200 g/L de azúcar), con poca acidez, y poco astringente tanto en piel como pepita.

 Tomamos dos vinos hechos con esta variedad: 
- Dos Claveles, de Toro Albalá, una botella muy bonita, bien presentada, con muy buenos aromas a manzana, plátano, azahar. Un vino persistente en boca, con mucha fruta.
Creo que es un vino bien hecho, al menos la priemra cosecha fue para quitarse el sombrero y en la Cata de este año, fue escogido por muchos jóvenes consumidores. 

- Marqués de la Sierra, de Alvear, un clásico entre los jóvenes, con aromas a manzana madura, casi en camino de ser fino, un vino muy personal, que también presenta una buena evolución en la copa. 

- De la variedad Verdejo, en comparación a la Pedro Ximénez su grano es menudo, los racimos son compactos: en realidad es el tipo de uva de vinificación. Se notaba su mayor acidez, muy sabroso al masticar la pulpa, más astringemte. Otra cosa.

También catamos dos vinos hechos aquí con esta variedad:
 - Piedra Luenga Bio, de Robles, con aroma a piña, un vino cerrado que después se abrió, ligero, y a algunos nos recordó a un vino base de cava. 

- Finca La Cañada, de Pérez-Barquero. Este fue el vino en que se apreciaron mejor los aromas varietales de la verdejo. Bastante aromático, frutal, poco ácido, y con notas de miga de pan.
Este vino lo probé en sus primeras añadas y me pareció un correctísimo y bien elaborado, con mucha clase.

- La Sauvignon blanc, originaria del Loira, era más herbácea que las anteriores, con acidez y notas aromáticas frutales.

Como no hay aquí vinos hechos con esta variedad trajeron un vino representativo, el Palacio de Bornos, ya que en Rueda esta variedad ha conseguido la mayor expresión en España.
Este vino es muy aromático, en exceso, mucha fruta, también tropical, cítricos, buena acidez, pero es que abruma tanto aroma.


- Y pasamos a catar la Chardonnay, una variedad de Borgoña, que creo anda por esta zona tan perdida como un torero en el telón de acero que decía el Sabina.
Las uvas eran poco aromáticas, las más insulsas de todas las probadas. Mal lo deben pasar para estas uvas con estos calores que cada año nos acompañan más tiempo.

La Cooperativa La Unión elabora el Algarabía con esta variedad, un vino ligero, con aroma a miel y miga de pan.


- y por último, la Moscatel de Slejandría, una variedad que se añade a algunos vinos blancos jóvenes de por aquí, aunque en poca cantidad ya que esta variedad puede enmascarar los aromas de otras uvas mayoritarias.

No hay ningún vino de Montilla-Moriles hecho con sólo Moscatel. Trajeron un vino de Sierras de Málaga, el Monuntain Blanco, de Telmo Rodríguez, el cual hace también el conocido Molino Real.
Este vino le pasaba también, para mi parecer, que tenía exceso de aromas, a fruta, cítricos y para contrastar algo astringente, y un regusto dulzón. 
Bien hecho, elegante, se nota que es un vino para gustar, aunque es del tipo de vino que yo no sabría con quién combinar. Pero ese es otro cantar.


Para terminar Joaquín nos sorprendió con su exquisito tapeo de alta calidad. Todo muy rico.
Así que tras la comida, la charla con nuevos y viejos compañeros nos fuimos despidiendo hasta la próxima. 

Bien por Miguel, Angela, Joaquín y su encantadora mujer. Y Antonio que engrasa la maquinaria para que todo funcione.












  

domingo, 23 de julio de 2017

Taberna El Gallo, algo está cambiando y no hay que perdérselo

La Taberna del Gallo está en la calle María Cristina. Dicha calle ha venido a menos de una manera parecida a otras muchas del centro en los que los locales se han cerrado por distintas razones: muchos negocios se han cambiado de sitio, han llegado franquicias que han cambiado al comercio tradicional, y por el tráfico, como ha sido en María Cristina.

En tiempos más jóvenes, los coches pasaban por la calle, la acerca era estrecha, pero nos apañábamos para entrar en la Taberna, bien en la barra, casi siempre llena o en la trasera, en la que había que aguantar el olor a fritura de la cercana cocina. 

Pero eso ya pasó: apenas pasan coches, hay extractores, el aire más limpio, pero ha decaído la asistencia a la Taberna. Si uno mira los comentarios de tripadvisor, el oráculo actual de los bares, aquéllos son muy buenos: pero falta gente.

.Como dice mi amigo Manolo, mejor, más a gusto y tranquilos estamos. Y es verdad, se tapea muy bien, y como dice el forofo número 1 del mundo mundial, José Manuel, el vino Amargoso de la Bodega El Gallo, está cambiando. 
El siempre lleva a cualquier reunión sus al menos dos botellas de Amargoso, y como es ya buen cliente a veces le dan de las botas reservadas a la familia, y juro que está buen rico.
El caso es que el fino está mucho más hecho, dentro de lo posible, pero claramente ya no es un vino casi blanco, con apenas crianza. 

La cuestión es si el vino ahora está más criado porque quieren hacerlo así o porque la demanda ha menguado, y al venderse menos está más tiempo en las botas. Hay que recordar que muchos grandes vinos de Montilla o Jerez aparecieron a causa de una estancia muy larga en botas porque no se vendían, y estaban allí aparcados... haciéndose vinos eternos.


Y es a esto a lo que me refería que está pasando en la taberna: el vino fino, bueno, y el tapeo mejor. 
 Este vino tomado frío, y tras la primera cerveza, es un buen acompañante veraniego del aperitivo. 
La tertulia sosegada y agradable está garantizada, por parroquianos que hablan bajo y sin alharacas. 

Este pasado viernes ya hemos renovado los conciertos de la nueva temporada de la Orquesta de Córdoba, y que este año se celebrarán en el Teatro Góngora.
El programa es interesante, así que habrá que disfrutarlo.

Manolo nos contó sus avances en descubrir los canales de agua, piscina y cimientos del molino Martinete, en el cauce del arroyo Bejarano en Trassierra. Parece que van bien y pronto podrá aclarar la actividad de esta industria instalada allí desde el siglo XVIII.

Respecto al tapeo, los boquerones fritos fresquísimos nunca fallan, al igual que las gambas rebozadas. Estos son dos de los platos más demandados, además de los boquerones en vinagre y el queso.

En mi caso pedí además un poco de asadura, más que otra cosa que por fastidiar a Quino, que no lo soporta, y que a pesar de eso, la hacen muy sabrosa en la Taberna. Y porque ha conseguido un descuento del 25% de los abonos de la Orquesta, porque forma parte de un grupo de más de 10 que son fieles a los conciertos desde hace veinte años... eso es afición.

La cuenta, gratis, porque Manolo que es fiel siempre a la Taberna El Gallo y como decía que estábamos en su terreno, él pagaba la cuenta.






jueves, 22 de junio de 2017

La penúltima cata de la Asociación de Sumilleres. Por esta temporada. Nunca es la última

Pues sí, como no sabíamos qué vinos probar con estas calores a Antonio no se le ocurrió otra cosa que comiéramos un jamón ibérico de Covap (de cebo), queso variado y vino.

No fue mala idea porque el jamón lo cortó Mariano, un experto cortador de jamones que nos ilustró en cómo se debe correr un jamón.

Los quesos de Calaveruela (de La Coronada, una aldea de Fuente Ovejuna) estaban ricos como de costumbre.


Mariano se portó como un experto y nos atendió a todas cuantas preguntas le  hicimos, a la vez que iba cortando finas lonchas de jamón. Para mi gusto, que tengo controlada la sal y casi no la uso, estaba algo salado. Pero ya digo, son apreciaciones mías.

Cuando por fin estábamos ya en la faena de comer queso y jamón, Rafa Migueles, un buen y experto profesional en su trabajo de asesoramiento personal o coach, nos dio pinceladas de su trabajo. En particular de cómo expresarnos o comunicarnos mejor, porque como él decía, el lenguaje no es inocente.
Sin casi percatarnos nos recordó expresiones cotidianas que son negativas para nosotros mismos ("no tengo tiempo"), o que levantan un muro en nuestra conversación con con los demás ("pero").

Tras un juego dialéctico entre dos compañeros, nos animó a pulir nuestro modo de expresión para que
no limite, sin darnos cuenta, la comunicación de lo que queremos decir o bien rebatir.

Y para que todo fuera como la seda, se sirvió una copa de cava Brut de la bodega Parxet, y vino de la DO Montilla-Moriles (joven, fino y oloroso) que graciosamente envió Enrique Garrido.

Sólo probé el joven y el oloroso, y ambos estaban bien sabrosos; sobre todo el oloroso.

La guitarra de Javier Muñoz, El Tomate, se sumó a la cata con la maestría que él nos tiene acostumbrados.

Hubo también cata de distintos de aceite de oliva virgen extra, por aquello de la dieta mediterránea.

Por último, agradecer a Joaquin y Araceli su espléndido trabajo de anfitriones.

La velada se completó con la charla entre todos, y deseando buen verano.



 




 





 




domingo, 18 de junio de 2017

Muestra de food-truck en la Noche Blanca, y más cosas


Este fin de semana ha coincidido la Noche Blanca del Flamenco con una modesta muestra de camiones o furgonetas de comida


Me gusta el flamenco y disfruto con los artistas que vienen a esta noche cordobesa, pero no disfruto con esos eventos tan masivos en los que por ser gratuito no se presta mucha atención a los artistas, porque es realmente difícil coger los primeros asientos.

La muestra de furgonetas de comida o food truck, es la primera que se organiza y refleja el auge por este tipo de negocio, que ha superado la imagen de furgonetas en ferias. Quizás por eso el cambiar a su nombre en inglés, para diferenciarlo.

La mayoría de las furgonetas que han acudido, servían platos de carne: bocadillería, hamburguesas, carnes a la parrilla, porque la carne es más fácil de manejar y ante todo se cubre la demanda rápida de comida.

Tuve la oportunidad de poder hablar con Salvador y Esther, que regentan La Flama, un/una food truck en que sirven los bocadillos en pan ecológico y también tienen alguna hamburguesa de carne ecológica. 
Ellos no tenían experiencia en la restauración pero sí en el mundo de los negocios, y quisieron cambiar de modo de vivir y hacerlo más aventurero. Llevan dos años en este negocio, y como dicen ellos, al fin del año las cuentas salen. 

Sus bocadillos intentan tener un buen aspecto visual y los precios no son para nada desmesurados para este tipo de local andante.
Ellos están un poco de vuelta de la asistencia a festivales musicales ya que han tenido malas experiencias con algunos organizadores, e intentarán promocionarse en eventos privados. Todo esto viene a colación por un artículo aparecido en un periódico nacional que se prevee una burbuja en los festivales, por su número tan exagerado: 850 festivales al año.


Y para terminar, ya hemos sacado entradas para nuestro Festival de la Guitarra, que trae este año muy buen cartel: Maite Martín, José Antonio Rodríguez, Niño de Pura, Noa y Pasión Vega, Robe, más clásica, rock y jazz.
 ¡Así que a animarse!



martes, 6 de junio de 2017

Los vinos de la DO Jerez, explicados y disfrutados con Ramiro y Armando

 La Asociación de Sumilleres ha tenido la suerte que Rafa Sánchez convenciera a Ramiro Ibáñez y Armando Guerra a que vinieran a casa de Joaquín a darnos una clase resumida de historia bde elaboraciones en la zona de Jerez y a una estupenda cata de ocho vinos, más un champán.

Ramiro y Armando forman parte de un grupo de jóvenes enólogos, de conocedores y amantes del vino que están sacando a flote las virtudes de la tradición elaboradora del marco de Jerez.

Ramiro es un avanzado en buscar nuevas o antiguas elaboraciones, de poca producción. Tiene su propia pequeña bodega, Cota 45, en Sanlúcar donde trata que sus vinos vengan determinados por la influencia de la albariza o las albarizas, porque hay distinyas clases de estas tierras calizas, de la condiciones climáticas: zona costera o más interior, y por el control de la crianza biológica, que no sea la dominante al final en el vino.

Armando regenta con su padre la Taberna Er Guerrita que se ha convertido en una referencia enológica nacional, y actualmente lleva la representación de los vinos de alta gama de la bodega Barbadillo, la más importante ahora en Jerez.

La cata tuvo su preludio con una copa de champan P. Gonet, especialmente seleccionado por Armando para Barbadillo.

Ramiro comenzó con un interesante y didáctico repaso a la historia de los vinos de la zona.
Por ejemplo, y haciendo un resumen, hasta 1778 estaba prohibido almacenar vino en las bodegas, lo cual significaba que los vinos salían del año, ya que no tenían la capacidad de envejecer en las botas al no haber almacén.
Si actualmente es la Palomino la variedad que reina en la zona, antiguamiente había hasta 43 tipos distintos, lo cual indica la riqueza que se ha perdido o bien en positivo, cómo se ha regulado el sector a lo uniforme.
Cada población tenía su especialidad: la Tintilla en Rota, la moscatel en Chiclana, etc.

A partir de 1840 es cuando aparecen en los libros de las bodegas las reseñas a las criaderas. O dicho de otra forma, antes apenas si había criaderas y el vino servía para el trago largo de la población.

Ramiro defiende la diversidad en las elaboraciones e intenta recuperar las antiguas prácticas enológicas, como hacer fermentaciones en barricas que le darán además de mayor comnplejidad al vino, mayor vida.

De comienzo nos sorprendió con dos vinos blancos, llamados UBE, elaborados con cepas viejas de palomino en dos pagos con distinto tipo de albariza y de lugar, uno de la costa y el otro interior. El resultado fue la fermentación en botas de manzanilla fue claramenre distinto en nariz y boca. 
Así, el UBE Pago Miraflores 2016 mostraba aromas a pólvora, hierbas, ácido, equilibrado, mientras que el UBE pago Carrascal 2015 (costero) con aromas a manzana, camomila o hinojo.

 














Tras la vichisoise con melón y gambón se pasó a la Manzanillia Pasada Pastora (de Barbadillo) con una edad de 9 años.

Un vino muy sabroso, salino, seco pero todo muy suave. Aquí huno debate de cómo el término Pasada se ha asentado entre los consumidores conocedores de estos vinos, pero que inicialmente parece algo peyorativo.

En este punto Ramiro indicó que en la elaboración tradicional se seguía el contenido en alcohol de las botas: por un lado, las levaduras de velo consumen alcohol bajando éste por tanto, y que a su vez sucedía la evaporación del etanol que contraponía su efecto al de las levaduras. 
Cuando el contenido en alcohol subía era cuando las levaduras no lo consumían, y sólo era efecto de la evaporación. Ese momento es cuando se llamaba de manzanilla pasada: o sea tiempo y reposo.

Después se pasó a los vinos de otro corte.

La mayoría venía envasado en botella Magnum. Armando argumentó que este envase es el mejor para los vinos de larga vida y crianza, además de un tema de marketing ya que los Magnum se asocia a vinos de alta gama, y como ellos decían en la cata estos vinos están a la misma altura que vinos de clase mundial.
 
El Forlong 2009 (botella Magnum), de viñedo ecológico Palomino, un vino de añada. Sin rocío de otros años, con menos crianza biológica y mucho reposo en botella.
Aroma a pegamento, manzana madura, salino, gran retrogusto, glicérico. En boca me recordaba a los vinos de Montilla-Moriles.
Este vino venía marcado como antiguamente se hacía para el vino de calidad, vino palma, en este caso con dos palmas.

Ramiro nos mostró otro vino con poca crianza biológica, ya que él lo prefiere así (como se hacía antes) y porque los vinos se salen de la uniformidad.

Y así era el Encrucijado 2014. Un oloroso (corta crianza biológica y después oxidatyiova) con 40% perruno, mantua de pila y sólo un 20% de palomino. Por supuesto este vino no está registrado por la DO Jerez-Manzanilla de Sanlúar.
Aroma a naranja, cálido, boca sabrosa. Un vino diferente.



El Amontillado de Barbadillo, Z<->J o Zerej (jerez al revés) es aún un amontillado joven. Elaborado con la base de manzanilla Pastora este Magnum.
Sólo se envasaron 240 botellas de este vino. Muy fino en boca, cálido, ácido, suave y salino.












 






Además de otros platos, Joaquín y María prepararon tostadas con ahumados de bacalao, amchoa y salmón con aguacate, aceitunas negras y ensalada.














El oloroso Z<->J de Barbadillo es un generoso amable, con aroma a caramelo, glicérico, graso, con retrogusto y aroma dulzón.

Aquí se combinó con pollo al curry.

Por último el Palo Cortado Z<->J con 20 años de crianza. Un generoso muy equilibrado, con aroma ligero a pegamento, dulzón en nariz, ácido en boca. Muy rico.

Una gran cata donde se resumió la fiolosofía de estos jóvenes enólogos que intentan abrir el abanico de modos de elaboración de Jerez y Sanlúcar, tan sólo siguiendo los métodos que se hacían antiguamente: con más variedades de uva, con menos crianza biológica. 
Al respetar y catalogar las pagos tambén se pueden seleccionar los vinos según su calidad, e intentando darle al vino la personalidad suficiente para una larga crianza en botella.

Como dicen ellos: Más suelo y menos velo.

La asistencia a la cata fue muy numerosa con profesionales del vino y otros aficionados que lograron que Ramiro y Armando sintieran envidia de nuestra Asociación de Sumilleres.






P.D.: En recuerdo a Fermín.