miércoles, 12 de junio de 2019

Cata con vinos de Pérez Barquero: El movimiento continuo de una bodega centenaria

Es muy agradable y reconfortante comprobar cómo las principales bodegas de Montilla-Moriles se renuevan por fuera, etiquetas, formatos, y por dentro, con lanzamiento al mercado de nuevos o mejorados vinos. 

Todas estas sensaciones las pudimos comprobar, con los vinos de Perez Barquero probados en la ultima cata de la Asociación de Sumilleres de Córdoba celebrada en Pura Cepa Gourmet.

La cata estuvo presentada por Adela Córdoba Ruz, directora de Marketing y José Ruz Navarro, director comercial de la bodega. 

Pérez Barquero comenzó como bodega en 1905 y actualmente poseen 200 Has de viñedo propio, la mayor parte en la Sierra de Montilla, donde se encuentra el Lagar de La Cañada
Actualmente se trata de una sociedad anónima donde se han integrado por absorción otras bodegas: Gracia Hnos, Tomás García y Coop. Vinícola del Sur.

La cata comenzó con una copa de prólogo con Viña Verde, en un envase y etiqueta muy atractivos y en la que se quiere resaltar la frescura floral que tiene este vino joven, y que fue pionero, o de los primeros vinos jóvenes de la DO Montilla-Moriles.

En la etiqueta se nombran las variedades Pedro Ximenez, Moscatel y Verdejo que se emplearon el año 2018. Curiosamente, el vino tiene solo 10º de alcohol, con una acidez notable, y que gracias a la buena climatología del año pasado (temperaturas moderadas) lograron que las uvas mostraran unos excelentes aromas.

El siguiente vino catado fue el Fresquito, un vino de tinaja del 2018, embotellado para su presentación y sin la etiqueta renovada con que se lanzará al mercado.

Está muy bien resuelto este vino de tinaja. 
Aromas francos, limpios y diferentes a otros vinos de tinaja. 
Según comentaban, el vino había estado desde su terminación en las tinajas, por lo que algo de los matices de la levadura de flor estaban ya presentes. 
Este vino tiene el valor añadido que se ha estabilizado por lo que no va a evolucionar en la botella por la presencia de levadura de velo.

De los últimos vinos de la DO Montilla-Moriles que me han sorprendido, está la Solera Fina María Del Valle
En este caso era En Rama, y con lo que supone en pureza dicho término: sacados de las botas, con el mínimo tratamiento.
Un vino con aromas limpios de velo de flor, salino, seco. 
Un vino serio, y con amplio retrogusto. 
De los vinos de hacer afición. Quizás la principal diferencia entre el Rama y el que no, es el color amarillo limón que tiene el Rama.

El siguiente fue el fino Gran Barquero, con una renovada y elegante etiqueta.

Un fino con 10 años en bota, que no lo parece por su aroma más fresco, menos afilado que el anterior. Un vino para tapear y comer.

Hablando del tapeo, como siempre muy rico. 

Unos langostinos con su ensalada variada y salsa rosa, obra de Antonio.
Los boquerones en vinagre, de Araceli.
Unas pechugas de pavo en escabeche, con aliño de especies varias y cáscara de naranja, exquisitas. También de Antonio. 
Algún día habría que hacer una colección de recetas de los platos sacados en las catas.
Y para rematar, Miriam nos deleitó con un plato de inspiración tailandesa, con sus verduras al dente, langostinos y un suave toque picante.

El penúltimo de los vinos para comer, fue el amontillado Gran Barquero, con 10 años de crianza biológica y otros 15 años de crianza oxidativa.
Un vino potente en nariz (frutos secos), con sus 19º de alcohol integrados.
Muy seco, afilado, casi cortante, salino y también potente acidez.

Estos vinos tan personales, son una maravilla, pero que a su vez son difíciles de catar para los novatos en estos aromas y sabores.
Quizás por esa razón se han puesto de moda o de relieve los Palos Cortado
Vinos con aromas de oloroso y boca amontillada. Más suaves y diferentes, pero difíciles de conseguir al tratarse de una alteración en la elaboración de amontillado.

El Palo Cortado Gran Barquero se quedaba algo corto en comparación con los otros vinos.



Y el último como vino de postre, por aquello de su dulzor, fue un vermuth en el que se notaba la calidad del vino base, y en el que se apreciaban los extractos empleados y que se combinó con un exquisito bizcocho regado con chocolate que elaboró Araceli.

En resumen, una cata bien planteada y disfrutada gracias a Pérez Barquero, en el que todo salió a pedir de boca.
Se notaba que Adela y José están curtidos en las catas y que éstas sean amenas, en el que los vinos sean los que hablen por ellos mismos.


























 




 



 


miércoles, 15 de mayo de 2019

Un negocio bien llevado y con buen gusto: Cata de Pago de Carraovejas y Ossian

    El origen de la bodega Pago de Carraovejas es tan sencillo como novedoso. 
    En los años que los restaurantes de Segovia se caracterizaban por su cochinillo asado, partido con un plato como hacía Cándido, otro cocinero Jose María Ruiz se interesaba por como se podía mejorar el servicio del vino en su restaurante y presentarlo en botella, y a ser posible embotellado. Y ya que estaba puesto, servir su propio vino, yéndose a la zona con mas proyección en 1982, que no era otra que Ribera del Duero. Ya digo, sencillo.

    Los vinos blancos de Ossian los elaboraría con la variedad Verdejo en el norte de Segovia, (DO Rueda) con viñas viejas, algunas prefiloxericas y que estaban prácticamente olvidadas. Eso, antes novedoso ahora es la manera de empezar con buen pie.

    A la cata se acercaron Guillermo Cruz, que se hará cargo del restaurante que han situado enfrente del castillo de Peñafiel (Valladolid). Guillermo fue mejor sumiller de España en el 2014. Junto con un buen comercial de la bodega (no recuerdo el nombre) fueron capaces de presentar 8 vinos sin que la cata se hiciera interminable, teniendo en cuenta que explicaron la historia y viticultura de las dos bodegas. 
    Las tierras son de cascajos, piedra, dura para el crecimiento de la vid, pero excelente para provocar el estrés de la planta y que conseguirá la maxima concentración de sustancias y aromas. Entre estas sustancias, una acidez natural muy potente.

    Dicha acidez la pudimos saborear con los dos primeros vinos blancos, de Ossian, llamados Verdling (mezcla de Verdejo y Riesling), elaborados con asesoramiento de enólogos alemanes que les daban a los vinos unas características frutales, vegetales y de equilibrio en boca redondeado por la acidez. 

    En el primero llamado Verdling Trocken (seco) 2016 con 12º de alcohol, y el segundo, Verdling dulce 2016, con solo 8º de alcohol y 60 g/L de azúcar.
    Según comentaron, esta experiencia de Verdling se hizo entre 2012 y 2016. O sea, que catamos la ultima cosecha-experiencia. Para repetir, oiga.

    El siguiente vino, también blanco, el Quintaluna 2017, también de la variedad Verdejo es un vino de menor precio y mayor tirada, aunque su elaboración también es peculiar: 10 meses en total de contacto con lías y madera. 
    Un buen vino, con fruta madura y notas de lías,   pero es que el principio fue muy alto, y lo encontré un vino muy adecuado para comer, pero a mi parecer con mas presencia de madera de lo deseable.

    Se pasó a los vinos tintos, comenzando por el Pago de Carraovejas.
     Ya no se trata de la catalogación como crianza o reserva, solo el nombre de vino de parcela. 
     Este tinto del 2016, hecho con Tempranillo, y algo de Cabernet Sauvignon y Merlot, es un vino con mucha fruta, equilibrado y muy sedoso en boca.

    Luego, otra vez un blanco, un Ossian 2015. Los vinos Ossian los cate por primera vez en las que organizaba Jesus con su Terruño. Y me impresionó cuando lo caté.
   En esta ocasión el vino Verdejo Ossian 2015, se mostró como un vino muy serio, equilibrado, con gran acidez y frescura en boca.

   Otra vez un tinto.
   
   Cuesta de Las Liebres 2014, un vino con 24 meses de barrica y con un precio de mareo (casi 200 euros). Exquisito, con aun mucha fruta, sedoso, muy redondo, sin aristas. 
    
    Luego, un blanco.

    Capitel 2016, verdejo de viñas algunas con casi 200 años. La parcela donde se elabora es de arena con pizarra. La uva no se despallila y es una vino de calidad superior: meloso, muy sabroso.

    En este punto debo mencionar los platos consumidos, todos de acuerdo con los vinos. 
- Morrillo de atún,
- Solomillo al horno con salsa de zanahoria y tomate,

Hechos por Araceli.

- Salmorejo (o crema) de naranja, con su pan, aceite, ajo y vinagre.
Hecho por Gertru.

   El ultimo vino fue un tinto, El Anejon 2014, en una finca con las viñas en terraza. Un tinto mas rústico que el Cuesta de las Liebres, mas de terreno, con una fruta madura que sin embargo combinó muy bien con un postre de chocolate. 

   Como decían los representantes de la bodega, se trataba de embotellar el paisaje. 

Una muy didáctica cata, bien trajinada en sala y en cocina y con unos vinos de gran clase.
Si hubiera que resumir, creo que los blancos iban parejos a los tintos, y sin animo de ser extravagante, los blancos me parecían mas expresivos del paisaje que los tintos. 


    


















martes, 2 de abril de 2019

La bodega Acontia realiza la crianza de vinos en barricas de roble español

Si la cata anterior eran vinos de una bodega gallega, todos albariño y con distinta crianza, en esta ocasión la cata la presentaba una bodega de Castilla-León, Acontia, y que elabora sus vinos en la DO Toro y la DO Ribera del Duero, y también en Requena.

El alma apasionada e inquieta de esta bodega es Maite Geijo, que desde 1992 se ha formado ampliamente en vitivinicultura, enología, sumillería y gastronomía con el claro fin de buscar ese vino blanco, rosado o tinto que cuadre con un plato en la mesa, con dignidad. 

Tiene un bonito proyecto y en el que colabora Pablo Ossorio (gran enólogo que empezó en Utiel-Requena), y además tiene como etiqueta diferenciadora el emplear barricas de roble españo, concretamente navarro (cerca del bosque de Irati), y también la tonelería Intona está trabajando con roble de algunos bosques de Burgos.

Algo había leido en la revista Enólogos sobre las peculiares características del roble español, que ni es como el francés ni como el americano. 
Justo enmedio: tiene más elagitaninos que el americano pero menos que el francés, y es más duro que éste, por lo que el aporte de la madera es diferente y había que catar esos vinos. 

Los entendidos en la madera buscan los anillos de crecimiento como característica visual, y a la vista se apreciaban diferencias en los tacos de madera de roble americano, español y francés que trajo Maite. 
Desde el 2006 emplea el roble español.

Los vinos catados mostraban mucha fruta, vinos amables, bien hechos, en el caso de los tintos con unos tonos de rojo cereza intensos, muy llamativos en la copa y en los que la mayor o menor presencia de la madera de roble les daba otras notas.

En general, se trataba de vinos equilibrados en su estructura visual, olfativa y en boca.


El primero fue un cava DO Requena, La Vie en Rose, hecho con Pinot Noir y Garnacha. Mucha fruta, un vino limpio, elegante y sencillo, con 9 meses de rima por lo que no había notas a levadura. Rico y fresco.

Como se observa y para acompañar al vino, de buena manera, una tostada de pan de salvado, salmón, queso y huevo hilado.

 











 


El segundo vino fue un blanco fermentado en barrica y recién sacado de la barrica, 6 meses de crianza. Un verdejo de la DO Toro del 2017, en el que se notaban, a mi parecer, más la madera de la cuenta. Aromas y taninos dulces, para un verdejo diferente.Le acompañó un pato a la plancha con tosta de arándanos y salsa con café. Una explosión de sabores que preparó Adrián (de Sojo Fusión).
Al plato le acompañaba una especie de, como decir, de regañás hechas de queso Grana Padano, tan ricas que antes de llegar el pato ya habían desaparecido.






Después se pasó a los tintos.

El primero de ellos fue el Acontia 6 (DO Ribera del Duero). Un vino con maceración prefermentativa y una técnica conocida como flash expansión, (recomiendo este enlace a uno de los blogs más completos y técnicos), que en resumen consiste en calentar rapidamente la uva y luego enfriar muy rápido los vapores aromáticos. Se consigue una alta extracción de antocianos y aromas. 



















El vino mostraba mucha fruta, un vino muy de copeo, bien fácil de beber. Este vino se las tuvo que ver con un plato preparado por Gertrudis: pollo en escabeche de naranja, y el conjunto quedó muy logrado. Y suerte que me quedé con la receta del pollo.

El siguiente tinto fue quizás el que más me gustó. De la DO Toro, Acontia do Toro con 12 meses en barrica y en el que se apreciaba el equilibrio de fruta y barrica.

El último vino fue el Acontia Viñas Viejas 2015. DO Ribera del Duero. Un tinto casi opaco, muy denso en color, dando idea de su peso en antocianos y todo lo demás. La crianza fue con barrica nueva de roble navarro.
Un vino al que había que dejar respirar porque había mucha materia. Un vino con aromas sedosos, limpio, elegante, mucha madera (mucha), fruta y todo muy armonioso.
Este vino es casi para tomar sólo, de acompañar a sorbos.

Para terminar Maite nos instruyó y deleitó con las diferencias en las maderas de roble americano, navarro y francés.
Acontia Viñas Viejas, observese la opacidad del tinto








Una cata muy instructiva, entretenida y bien explicada. Y con unos platos magníficos.






martes, 26 de marzo de 2019

Cata de Albariños con Pazo de Señorans

 David, el comercial de la bodega Pazo de Señorans, hizo una escala para mostrarnos vinos de su bodega, y por tanto Albariños de la DO Rias Baixas.

La bodega ocupa un histórico y precioso pazo en El Valle de Salnés, en Meis, provincia de Pontevedra. La bodega posee la mitad de las 50 Has. que maneja, y el resto son parcelas pequeñas de albariños emparrados. 

Tras comentar cómo la propietaria del pazo inició la elaboración casera de vino, para luego promover entre los viticultores la necesidad de agruparse bajo una denominación de origen, y llegar a ser la primera directora de la DO.

La variedad Albariño, por excelente acidez, ha permitido que los vinos de esta variedad envejezcan en los depósitos de acero, y que evolucionen sus notas florales y frutales situándose entre los vinos blancos nacionales con mejor prensa y valor.

Las fermentaciones se hacen con levaduras autóctonas.   En todo el proceso de elaboración incluyendo los trasiegos, movimientos de vino, se hacen empleando gas inertes.

Todos los vinos asombraron por su equilibrada, controlada, pero potente acidez y que gracias al trabajo con las lías hacía de los vinos una bebida refrescante, que en algunos casos llegaba hasta provocar la salivación. 

¡Suerte de contar con ese clima y esa variedad! 

Además en todos los vinos se apreciaba un ligero amargor al final, más notorio en algunos de ellos, por lo que la gama de sensaciones estaba asegurada.

Buenos vinos, bien hechos, con apenas notas de oxidación en el color de los vinos, a pesar de que se probaron vinos con varios años en depósito, o con varios años en botella. 

En cualquier caso, estas modificaciones en el envejecimiento del vino no afectaban a las notas aromáticas, de juventud, o frescor a los vinos.

Las notas que predominaban eran las de manzana verde, usando por pera, bollería, para los más jóvenes y en el último, un Albariño del 2001 que mostraba un fino aroma a mantequilla o lácteos.


Para placer nuestro, David nos realizó una cata vertical de los vinos de la bodega, 5 en total, comenzando en un joven del 2017 y terminando con un magnum del 2001 (del que quedan unas cuantas botellas, ¡gracias David!).

El primer vino fue el de la vendimia 2017, que ya ha estado en contacto en los depósitos con sus lías durante 5 meses. 

El siguiente del 2015, con 2 años en botella se notaba más afilado, más maduro y equilibrado.

Hay que indicar que se combinaron inicialmente los vinos blancos con mariscos, lo normal: ensaladilla de langostinos, unas exquisitas croquetas de quisquillas; pero que se pasó a combinar con platos de carne, como unos pimientos rellenos de carne picada, o bien directamente con trozos de costilla frita.

El vino del 2013 era el que estaba en su recta final y que hacía que fuera el más suave en boca.

Sin embargo, el vino del 2010 con 30 meses en depósito poseía toda la fuerza de un vino muy joven.

Por último, el de 2001 tenía un color amarillo limón intenso, con una acidez muy viva y notas a bollería intensas muy placenteras. Este vino estaba embotellado desde el 2006.

Para rematar se cataron dos orujos, uno el típico orujo incoloro, y el otro amarillento, con extracto de hierbas: manzanilla, cilantro e hierbaluisa, y con la mitad de azúcar de los orujos de hierbas conocidos. Bien ricos ambos.

Para rematar una frase del anfitrión Joaquín: "Cuando hay cata de vino blanco, nunca sobra vino en las copas, y los cubos están casi vacíos". En el caso de vinos tintos, recoge mucho vino sobrante.

Pues va a ser eso.



Y por cierto, que bien se ha quedado la obra en casa de Joaquín y Araceli: qué acogedores y lucidos son los apartamentos que han hecho.












 






























domingo, 17 de marzo de 2019

Arena Bar. Un buen menú en un sitio bien agradable



En apenas dos semanas he estado en el Restaurante de Celia Jiménez y en el Arena Bar, que es todo excepto la sala de restaurante: amplia y luminosa sala del bar, y terraza.


Este local está alejado del centro, adosado en lo que muchos conocen como las Pistas del Cordobés, enfrente de los Olivos Borrachos y del barrio de Poniente. Es ahora un centro comercial, ya que está el supermercado Aldi, Ciclos Cabello, Intesport, y las pistas deportivas. Con un buen aparcamiento, tiene lo bueno de estar fuera del centro, por espacioso, y que queda lejos para muchos. 

Es un sitio cómodo, amplio y se está renovando, con nuevo y muy agradable personal de sala, y en cuanto a  la comida nos agradó a todos.

Nos habían comentado que tienen un menú diario en el Arena por 15 euros, bien hecho. Alí nos fuimos siete tabernícolas, y fue una tarde bien disfrutada.

No había mucha asistencia, y pudimos escoger dentro para no atorrarnos con el extraño y caluroso mes de marzo que tenemos.
Como en la cercanía están construyendo pisos, algunos obreros se acercaron tomar un aperitivo y como es típico en gente que termina o detiene su jornada de viernes, el tono de voz era alto, pero al poco se fueron y quedó la sala en una plácida tranquilidad.

Para hacer boca pedimos una ensaladilla rusa (el plato que nos sirve para ver la calidad de la cocina del sitio) con pechuga en escabeche. Bien hecha y con una mayonesa que me hubiera gustado preguntar cómo la habían hecho.
Después el menú con tres platos a escoger de primero y segundo. 
De primero: pasta con carbonara y salchichas; salmorejo o bien, guisantes con huevo escalfado.
De segundo: pez limón a la plancha; pollo al chilindrón, o bien rollito de pinchos y verduras.

Como decía, a todos nos pareció bien la elección porque se pidió de todos los platos posibles. Me pedí la pasta (con buenos trozos de setas en la salsa) y el pollo al chilindrón.
De beber, además de la cerveza, pedimos el único fino disponible, el Patachula de Bodegas Robles, que no es de los finos habituales en los locales de Córdoba. 
En mi caso, el pollo lo acompañé de un tinto garnacha, Particular, de Cooperativa San Valero de Cariñena.

Una razonable cantidad en los platos, y todos a gusto con el relajado ambiente, y el experimentado y sonriente personal de sala haciendo más plácida la sobremesa que terminamos con los combinados en la terraza.


Me viene a la mente que en la prensa salen noticias de que reconocidos cocineros abren nuevos locales para que se disfrute su comida a precios más reducidos, o como en este caso ofertar menús. 
Esperemos que mantengan y suban esta línea, para que muchos se acerquen al Arena Bar.

En resumen, un restaurante/bar en el que comimos muy bien por 20 €.