miércoles, 15 de mayo de 2019

Un negocio bien llevado y con buen gusto: Cata de Pago de Carraovejas y Ossian

    El origen de la bodega Pago de Carraovejas es tan sencillo como novedoso. 
    En los años que los restaurantes de Segovia se caracterizaban por su cochinillo asado, partido con un plato como hacía Cándido, otro cocinero Jose María Ruiz se interesaba por como se podía mejorar el servicio del vino en su restaurante y presentarlo en botella, y a ser posible embotellado. Y ya que estaba puesto, servir su propio vino, yéndose a la zona con mas proyección en 1982, que no era otra que Ribera del Duero. Ya digo, sencillo.

    Los vinos blancos de Ossian los elaboraría con la variedad Verdejo en el norte de Segovia, (DO Rueda) con viñas viejas, algunas prefiloxericas y que estaban prácticamente olvidadas. Eso, antes novedoso ahora es la manera de empezar con buen pie.

    A la cata se acercaron Guillermo Cruz, que se hará cargo del restaurante que han situado enfrente del castillo de Peñafiel (Valladolid). Guillermo fue mejor sumiller de España en el 2014. Junto con un buen comercial de la bodega (no recuerdo el nombre) fueron capaces de presentar 8 vinos sin que la cata se hiciera interminable, teniendo en cuenta que explicaron la historia y viticultura de las dos bodegas. 
    Las tierras son de cascajos, piedra, dura para el crecimiento de la vid, pero excelente para provocar el estrés de la planta y que conseguirá la maxima concentración de sustancias y aromas. Entre estas sustancias, una acidez natural muy potente.

    Dicha acidez la pudimos saborear con los dos primeros vinos blancos, de Ossian, llamados Verdling (mezcla de Verdejo y Riesling), elaborados con asesoramiento de enólogos alemanes que les daban a los vinos unas características frutales, vegetales y de equilibrio en boca redondeado por la acidez. 

    En el primero llamado Verdling Trocken (seco) 2016 con 12º de alcohol, y el segundo, Verdling dulce 2016, con solo 8º de alcohol y 60 g/L de azúcar.
    Según comentaron, esta experiencia de Verdling se hizo entre 2012 y 2016. O sea, que catamos la ultima cosecha-experiencia. Para repetir, oiga.

    El siguiente vino, también blanco, el Quintaluna 2017, también de la variedad Verdejo es un vino de menor precio y mayor tirada, aunque su elaboración también es peculiar: 10 meses en total de contacto con lías y madera. 
    Un buen vino, con fruta madura y notas de lías,   pero es que el principio fue muy alto, y lo encontré un vino muy adecuado para comer, pero a mi parecer con mas presencia de madera de lo deseable.

    Se pasó a los vinos tintos, comenzando por el Pago de Carraovejas.
     Ya no se trata de la catalogación como crianza o reserva, solo el nombre de vino de parcela. 
     Este tinto del 2016, hecho con Tempranillo, y algo de Cabernet Sauvignon y Merlot, es un vino con mucha fruta, equilibrado y muy sedoso en boca.

    Luego, otra vez un blanco, un Ossian 2015. Los vinos Ossian los cate por primera vez en las que organizaba Jesus con su Terruño. Y me impresionó cuando lo caté.
   En esta ocasión el vino Verdejo Ossian 2015, se mostró como un vino muy serio, equilibrado, con gran acidez y frescura en boca.

   Otra vez un tinto.
   
   Cuesta de Las Liebres 2014, un vino con 24 meses de barrica y con un precio de mareo (casi 200 euros). Exquisito, con aun mucha fruta, sedoso, muy redondo, sin aristas. 
    
    Luego, un blanco.

    Capitel 2016, verdejo de viñas algunas con casi 200 años. La parcela donde se elabora es de arena con pizarra. La uva no se despallila y es una vino de calidad superior: meloso, muy sabroso.

    En este punto debo mencionar los platos consumidos, todos de acuerdo con los vinos. 
- Morrillo de atún,
- Solomillo al horno con salsa de zanahoria y tomate,

Hechos por Araceli.

- Salmorejo (o crema) de naranja, con su pan, aceite, ajo y vinagre.
Hecho por Gertru.

   El ultimo vino fue un tinto, El Anejon 2014, en una finca con las viñas en terraza. Un tinto mas rústico que el Cuesta de las Liebres, mas de terreno, con una fruta madura que sin embargo combinó muy bien con un postre de chocolate. 

   Como decían los representantes de la bodega, se trataba de embotellar el paisaje. 

Una muy didáctica cata, bien trajinada en sala y en cocina y con unos vinos de gran clase.
Si hubiera que resumir, creo que los blancos iban parejos a los tintos, y sin animo de ser extravagante, los blancos me parecían mas expresivos del paisaje que los tintos. 


    


















martes, 2 de abril de 2019

La bodega Acontia realiza la crianza de vinos en barricas de roble español

Si la cata anterior eran vinos de una bodega gallega, todos albariño y con distinta crianza, en esta ocasión la cata la presentaba una bodega de Castilla-León, Acontia, y que elabora sus vinos en la DO Toro y la DO Ribera del Duero, y también en Requena.

El alma apasionada e inquieta de esta bodega es Maite Geijo, que desde 1992 se ha formado ampliamente en vitivinicultura, enología, sumillería y gastronomía con el claro fin de buscar ese vino blanco, rosado o tinto que cuadre con un plato en la mesa, con dignidad. 

Tiene un bonito proyecto y en el que colabora Pablo Ossorio (gran enólogo que empezó en Utiel-Requena), y además tiene como etiqueta diferenciadora el emplear barricas de roble españo, concretamente navarro (cerca del bosque de Irati), y también la tonelería Intona está trabajando con roble de algunos bosques de Burgos.

Algo había leido en la revista Enólogos sobre las peculiares características del roble español, que ni es como el francés ni como el americano. 
Justo enmedio: tiene más elagitaninos que el americano pero menos que el francés, y es más duro que éste, por lo que el aporte de la madera es diferente y había que catar esos vinos. 

Los entendidos en la madera buscan los anillos de crecimiento como característica visual, y a la vista se apreciaban diferencias en los tacos de madera de roble americano, español y francés que trajo Maite. 
Desde el 2006 emplea el roble español.

Los vinos catados mostraban mucha fruta, vinos amables, bien hechos, en el caso de los tintos con unos tonos de rojo cereza intensos, muy llamativos en la copa y en los que la mayor o menor presencia de la madera de roble les daba otras notas.

En general, se trataba de vinos equilibrados en su estructura visual, olfativa y en boca.


El primero fue un cava DO Requena, La Vie en Rose, hecho con Pinot Noir y Garnacha. Mucha fruta, un vino limpio, elegante y sencillo, con 9 meses de rima por lo que no había notas a levadura. Rico y fresco.

Como se observa y para acompañar al vino, de buena manera, una tostada de pan de salvado, salmón, queso y huevo hilado.

 











 


El segundo vino fue un blanco fermentado en barrica y recién sacado de la barrica, 6 meses de crianza. Un verdejo de la DO Toro del 2017, en el que se notaban, a mi parecer, más la madera de la cuenta. Aromas y taninos dulces, para un verdejo diferente.Le acompañó un pato a la plancha con tosta de arándanos y salsa con café. Una explosión de sabores que preparó Adrián (de Sojo Fusión).
Al plato le acompañaba una especie de, como decir, de regañás hechas de queso Grana Padano, tan ricas que antes de llegar el pato ya habían desaparecido.






Después se pasó a los tintos.

El primero de ellos fue el Acontia 6 (DO Ribera del Duero). Un vino con maceración prefermentativa y una técnica conocida como flash expansión, (recomiendo este enlace a uno de los blogs más completos y técnicos), que en resumen consiste en calentar rapidamente la uva y luego enfriar muy rápido los vapores aromáticos. Se consigue una alta extracción de antocianos y aromas. 



















El vino mostraba mucha fruta, un vino muy de copeo, bien fácil de beber. Este vino se las tuvo que ver con un plato preparado por Gertrudis: pollo en escabeche de naranja, y el conjunto quedó muy logrado. Y suerte que me quedé con la receta del pollo.

El siguiente tinto fue quizás el que más me gustó. De la DO Toro, Acontia do Toro con 12 meses en barrica y en el que se apreciaba el equilibrio de fruta y barrica.

El último vino fue el Acontia Viñas Viejas 2015. DO Ribera del Duero. Un tinto casi opaco, muy denso en color, dando idea de su peso en antocianos y todo lo demás. La crianza fue con barrica nueva de roble navarro.
Un vino al que había que dejar respirar porque había mucha materia. Un vino con aromas sedosos, limpio, elegante, mucha madera (mucha), fruta y todo muy armonioso.
Este vino es casi para tomar sólo, de acompañar a sorbos.

Para terminar Maite nos instruyó y deleitó con las diferencias en las maderas de roble americano, navarro y francés.
Acontia Viñas Viejas, observese la opacidad del tinto








Una cata muy instructiva, entretenida y bien explicada. Y con unos platos magníficos.






martes, 26 de marzo de 2019

Cata de Albariños con Pazo de Señorans

 David, el comercial de la bodega Pazo de Señorans, hizo una escala para mostrarnos vinos de su bodega, y por tanto Albariños de la DO Rias Baixas.

La bodega ocupa un histórico y precioso pazo en El Valle de Salnés, en Meis, provincia de Pontevedra. La bodega posee la mitad de las 50 Has. que maneja, y el resto son parcelas pequeñas de albariños emparrados. 

Tras comentar cómo la propietaria del pazo inició la elaboración casera de vino, para luego promover entre los viticultores la necesidad de agruparse bajo una denominación de origen, y llegar a ser la primera directora de la DO.

La variedad Albariño, por excelente acidez, ha permitido que los vinos de esta variedad envejezcan en los depósitos de acero, y que evolucionen sus notas florales y frutales situándose entre los vinos blancos nacionales con mejor prensa y valor.

Las fermentaciones se hacen con levaduras autóctonas.   En todo el proceso de elaboración incluyendo los trasiegos, movimientos de vino, se hacen empleando gas inertes.

Todos los vinos asombraron por su equilibrada, controlada, pero potente acidez y que gracias al trabajo con las lías hacía de los vinos una bebida refrescante, que en algunos casos llegaba hasta provocar la salivación. 

¡Suerte de contar con ese clima y esa variedad! 

Además en todos los vinos se apreciaba un ligero amargor al final, más notorio en algunos de ellos, por lo que la gama de sensaciones estaba asegurada.

Buenos vinos, bien hechos, con apenas notas de oxidación en el color de los vinos, a pesar de que se probaron vinos con varios años en depósito, o con varios años en botella. 

En cualquier caso, estas modificaciones en el envejecimiento del vino no afectaban a las notas aromáticas, de juventud, o frescor a los vinos.

Las notas que predominaban eran las de manzana verde, usando por pera, bollería, para los más jóvenes y en el último, un Albariño del 2001 que mostraba un fino aroma a mantequilla o lácteos.


Para placer nuestro, David nos realizó una cata vertical de los vinos de la bodega, 5 en total, comenzando en un joven del 2017 y terminando con un magnum del 2001 (del que quedan unas cuantas botellas, ¡gracias David!).

El primer vino fue el de la vendimia 2017, que ya ha estado en contacto en los depósitos con sus lías durante 5 meses. 

El siguiente del 2015, con 2 años en botella se notaba más afilado, más maduro y equilibrado.

Hay que indicar que se combinaron inicialmente los vinos blancos con mariscos, lo normal: ensaladilla de langostinos, unas exquisitas croquetas de quisquillas; pero que se pasó a combinar con platos de carne, como unos pimientos rellenos de carne picada, o bien directamente con trozos de costilla frita.

El vino del 2013 era el que estaba en su recta final y que hacía que fuera el más suave en boca.

Sin embargo, el vino del 2010 con 30 meses en depósito poseía toda la fuerza de un vino muy joven.

Por último, el de 2001 tenía un color amarillo limón intenso, con una acidez muy viva y notas a bollería intensas muy placenteras. Este vino estaba embotellado desde el 2006.

Para rematar se cataron dos orujos, uno el típico orujo incoloro, y el otro amarillento, con extracto de hierbas: manzanilla, cilantro e hierbaluisa, y con la mitad de azúcar de los orujos de hierbas conocidos. Bien ricos ambos.

Para rematar una frase del anfitrión Joaquín: "Cuando hay cata de vino blanco, nunca sobra vino en las copas, y los cubos están casi vacíos". En el caso de vinos tintos, recoge mucho vino sobrante.

Pues va a ser eso.



Y por cierto, que bien se ha quedado la obra en casa de Joaquín y Araceli: qué acogedores y lucidos son los apartamentos que han hecho.












 






























domingo, 17 de marzo de 2019

Arena Bar. Un buen menú en un sitio bien agradable



En apenas dos semanas he estado en el Restaurante de Celia Jiménez y en el Arena Bar, que es todo excepto la sala de restaurante: amplia y luminosa sala del bar, y terraza.


Este local está alejado del centro, adosado en lo que muchos conocen como las Pistas del Cordobés, enfrente de los Olivos Borrachos y del barrio de Poniente. Es ahora un centro comercial, ya que está el supermercado Aldi, Ciclos Cabello, Intesport, y las pistas deportivas. Con un buen aparcamiento, tiene lo bueno de estar fuera del centro, por espacioso, y que queda lejos para muchos. 

Es un sitio cómodo, amplio y se está renovando, con nuevo y muy agradable personal de sala, y en cuanto a  la comida nos agradó a todos.

Nos habían comentado que tienen un menú diario en el Arena por 15 euros, bien hecho. Alí nos fuimos siete tabernícolas, y fue una tarde bien disfrutada.

No había mucha asistencia, y pudimos escoger dentro para no atorrarnos con el extraño y caluroso mes de marzo que tenemos.
Como en la cercanía están construyendo pisos, algunos obreros se acercaron tomar un aperitivo y como es típico en gente que termina o detiene su jornada de viernes, el tono de voz era alto, pero al poco se fueron y quedó la sala en una plácida tranquilidad.

Para hacer boca pedimos una ensaladilla rusa (el plato que nos sirve para ver la calidad de la cocina del sitio) con pechuga en escabeche. Bien hecha y con una mayonesa que me hubiera gustado preguntar cómo la habían hecho.
Después el menú con tres platos a escoger de primero y segundo. 
De primero: pasta con carbonara y salchichas; salmorejo o bien, guisantes con huevo escalfado.
De segundo: pez limón a la plancha; pollo al chilindrón, o bien rollito de pinchos y verduras.

Como decía, a todos nos pareció bien la elección porque se pidió de todos los platos posibles. Me pedí la pasta (con buenos trozos de setas en la salsa) y el pollo al chilindrón.
De beber, además de la cerveza, pedimos el único fino disponible, el Patachula de Bodegas Robles, que no es de los finos habituales en los locales de Córdoba. 
En mi caso, el pollo lo acompañé de un tinto garnacha, Particular, de Cooperativa San Valero de Cariñena.

Una razonable cantidad en los platos, y todos a gusto con el relajado ambiente, y el experimentado y sonriente personal de sala haciendo más plácida la sobremesa que terminamos con los combinados en la terraza.


Me viene a la mente que en la prensa salen noticias de que reconocidos cocineros abren nuevos locales para que se disfrute su comida a precios más reducidos, o como en este caso ofertar menús. 
Esperemos que mantengan y suban esta línea, para que muchos se acerquen al Arena Bar.

En resumen, un restaurante/bar en el que comimos muy bien por 20 €. 









miércoles, 13 de febrero de 2019

Cata de moscateles, y Pedro Ximenez, de la Axarquía de Málaga. Con Dimobe

Es la segunda vez que cato vinos de esta bodega, la primera fue en la Escuela de Hostelería, allá por el 2015. 
En aquella ocasión se probaron vinos tintos, moscateles y el Zumbral, el vino más conocido de esta bodega.

Para esta ocasión, en casa de Joaquín y Araceli, los protagonistas fueron los vinos blancos hechos con Moscatel de Alejandría y Pedro Ximenez. 
Si alguien busca Dimobe sale que la bodega se llama A. Muñoz Cabrera
Una bodega situada en Moclinejo, a 10 kms de la costa de Málaga, subiendo desde el Rincón de la Victoria. 
La orografía de esta zona es complicada, repleta de pendientes, ya que está dentro de los Montes de Málaga, y donde se ha cultivado la uva moscatel para hacer la pasera y también vinos dulces.

Como curiosidad: esta bodega fue fundada en 1927, mismo año que abrieron otras muchas y señaladas bodegas: Alvear (la nueva bodega), Protos, Murviedro, y otras más de distintas zonas de la geografía española. Parece que fue un buen año para dedicarse a esos menesteres.

Tras la explicación breve de Juan, pasamos a la cata, para que los vinos hablaran.


- Trasañejo, Vino Pedro Ximenez seco con 20 años de solera y 18% de alcohol. Un vino sin crianza biológica, es decir, similar a un oloroso. En boca bastante menos ácido que los vinos de Montilla-Moriles, aunque con muy correcta acidez total. O sea, menos afilado y punzante; lo contrario: suave, redondo, glicérico. Este vino ha conseguido distintos y reconocidos premios.
Para acompañar la cata, carpaccio de buey con limón, queso en polvo... tal como se ve en la foto, bien rico y sabroso.
Los platos fueron preparados por las manos de Araceli.

Y después vinieron los moscateles dulces/ligeramente dulces en toda su gama de elaboración.

- Vino Maestre - Viña Axarquía
Al mosto de moscatel de Alejandría, se le añade alcohol hasta un 8º y después se añade el pie de cuba para que arranque y termine la fermentación. En total 15º de alcohol quedando 100 g/L de azúcar. Aromas a flores blancas y frutas.

- Señorío de Broches
Un Vino Dulce Natural. Se parte de uva asoleada (por un lado, es decir no se voltea) y se deja fermentar; que se paró al añadir 3º alcohol cuando iba con 12º, consiguiendo los 15º y 130 g/L de azúcar sin fermentar.  Un vino bastante completo: dulce, regusto amargo, amielado y notas de flores y frutas... moscatel limpio y evolucionado. Me gustó este vino, quizás el que más.

- Pia Mater 2016. 
Vino Natural Dulce. ¿Que diferencia con el nombre anterior? La uva se asolea y voltea, y con fermentación natural se deja hasta que se para la fermentación, con 13º de alcohol.
Este vino olía a orejones, miel... y lichi (según Isabel, Gertru y Joaquín M.; en mi caso reconozco que he probado poco esa fruta, y cuando la encuentro en las tartas de Roldán siempre llego tarde).

- Pajarete
con Moscatel y Pedro Ximenez. Se mezclan al final las fermentaciones que se han hecho por separado de Moscatel y Pedro Ximenez. Con alcohol añadido hasta  15º de alcohol, y posterior crianza de 5 años en barricas.

- por último, Espumoso Tartratos 2015
un vino hecho con uva moscatel, con 12º de alcohol. Elaborado según las técnicas del cava, con la segunda fermentación en botella y posterior crianza de 30 meses en botella.
Aquí la moscatel se había perdido un poco, y los inquietos JM Moreno y R Marquez se pusieron a probar licores de expedición apurando gotas efe los otros vinos y suplementar el espumoso de las copas. Y consiguieron darle un buen toque, que incluso mejoraba el original. ¡Es que son muy buenos!

Se acompañaron los vinos también con unas croquetas de boletus y trufa, y de quesos de Plazuelo, de oveja y cabra; muy ricos y en su punto de curación, uno de ellos con el hongo inyectado. Quien quiera en Villaralto tiene Diego su quesería, y cada poco aparece por Córdoba en algún evento, como este año en Diciembre por la Feria de los Municipios.


Una cata bien rica y equilibrada. Con vinos dulces, que no eran empalagosos ni mucho menos, y que podían combinarse con carnes, quesos o pescados. 
Y sorprendentemente una acidez muy controlada, con un buen contenido en acidez total. Y la moscatel sin abrumar en aromas. 







jueves, 31 de enero de 2019

Más vinos fortificados, Parte II, ... y vinos amarillos del Jura


La última cata que se ha hecho en la sede oficiosa de la Asociación de Sumilleres de Córdoba (casa Joaquín y Araceli) ha sido dirigida de nuevo J.M. Moreno y ha puesto fin a un repaso a los vinos fortificados, los vinos Marsala (Sicilia) y a otros vinos de crianza biológica elaborados en El Valle del Jura (Francia).

En particular, esta zona del Jura, por la que he pasado muy cerca, porque cuando he viajado en coche a Alemania a ver a la familia, paramos en Besançon, una preciosa ciudad patrimonio de la Humanidad, justo en la esquina del Valle del Jura, con unas colinas suaves, y en la ciudad con un montón de tienda de vinos, pero que nunca he visitado, y quizás en una próxima ocasión visite alguna, para ver de qué va. 

Esta cata ha sido sorprendente porque los vinos que tomamos se parecen a los de aquí, con sus diferencias, y que gracias a la recuperación de técnicas tradicionales están recuperando su antiguo esplendor, o al menos la gente entendida los conoce, y se venden a un buen precio.

Si se repasan notas de hace un tiempo, por ejemplo en el mundovino sobre los vinos  del Jura, en el 2003 se habla de estos vinos como rarezas y de pequeños productores, y como todo cambia, pues esos vinos y los italianos de casi otra época vuelven para ser conocidos.


La primera vez que caté un vino del Jura fue cuando estudiaba enología, allá por el 2002, y era un vino de Arbois. A todos nos sorprendió que en alguna zona de este mundo se hiciera también crianza biológica, en aquellos años en que aún no se había dado el cambio radical a estos vinos, y en que la moda de tintos, y con mucho cuerpo era lo que predominaba (hasta en Montilla-Moriles, que estaban pasándose a los tintos).

En cuanto a los vinos, los del Jura, proceden de pequeñas parcelas, y aquellos de crianza biológica (porque allí también los hay tintos, y blancos sin crianza), se elaboran con la variedad Savagnin, que es más aromática, de maduración tardía y sobre todo resistente a las enfermedades. Esto es importante, porque se trata de alcanzar un grado de madurez con suficientes azúcares, y aún a pesar de eso no se alcanzan los 15º de alcohol que por aquí se estilan.
También hay que decir, que ya hemos tenido alguna cata de vinos de Jerez, en los que la Palomino alcanza los 12,5º y además, se hace crianza biológica estática, sin escalas... justo lo mismo que pasa en los vinos del Jura.

La principal diferencia es que el velo (voilé) que se forma en las barricas no tiene el grosor que aquí, por lo que las oxidaciones están más garantizadas en esos vinos. El tiempo de crianza es 6 años y 3 meses, y al tener los vinos en la misma barrica, sin refrescar, el contenido va disminuyendo por mermas de evaporación, y se va concentrando. Solución: tienen una botella de 62 cl, de precioso diseño, llamada clavelín.

Vinos catados con crianza biológica:


- Domaine de Marnes Blanques, del Jura, con sólo 4 años de crianza biológica. Con mucha acidez, acetaldehido a tope, almendras. Era una aproximación a esto vinos.

- Le Roc de Anges (cerca de Perpignan, costa mediterránea) es un vino hecho con garnacha blanca y gris, macabeo y que ha tenido algo de velo. Menos ácido, mucho acetaldehido también. Extraño, pero más amable que el primero. A J.M. Moreno le encantó.

- Vine Jaune Marnes Blanques. Del 2011, con aroma a flor, levadura, más fino y equilibrado. Este vino tras un tiempo en copa aparecían aromas florales, curioso.

- Chateau-Chalon, del 2009. Algo más complejo que el anterior, pero me gustó más el anterior.

Y luego vinieron los vinos de Marsala, ya sí fortificados. Vinos que se pusieron en el mundo cuando en el siglo XVIII, con el descubrimiento por parte de los británicos de los vinos de Madeira, Porto, etc., un comerciante inglés pasó por la zona, y se dijo: aquí hay negocio. Los fortificó y se los llevó a su tierra. Tuvo éxito, y después fueron algunas familias italianas las que continuaron el negocio.

Hay que decir que la clasificación de estos vinos es muy particular. Por lo general, los vinos de Marsala se han hecho ex profeso para cocinar, mediante una técnica de cocido del mosto. Aunque sí existen otros vinos, de mayor calidad, ligeramente dulces, y que recuerdan a los vinos de Madeira.

Vinos catados de Marsala, ambos de la bodega Marco de Bartoli:

- Marsala Superior Oro, de 5 años y 18,5º de alcohol. Aromas a fruta seca, dulce y potente a la vez.

- Marsala Superior, de 10 años, con mucho más aroma a acetaldehido, más amargo y complejo.
Mi opinión de la cata. Que es bueno conocer otros vinos para conocer mejor los nuestros. Y que al igual que los nuestros hace falta un público entendido para que apreciar en su justa medida, porque el primer ataque en boca, con tanta acidez, sorprende.

En cuanto a la comida, como siempre muy bien. En este caso, Gertrudis se esmeró como siempre, con un rico solomillo ibérico sobre cama de cebolla y melocotón seco. También hubo caldo calentito (la noche lo pedía), bacalao dourado, flamenquín con salmón... y bizcocho con chocolate caliente para los vinos de Marsala. 

Una cata muy bien trabajada, instructiva y de la que se aprende un montón con los compañeros asistentes.