martes, 10 de marzo de 2020

Cata de vinos de Jerez de Gonzalez Byass con Antonio Flores. Una cata brillante y muy especial

      Tras mucho tiempo sin hacer entradas en el blog, la ocasión lo merecía. Antonio Flores, enólogo de la bodega González Byass nos deleitó a niveles poco conocidos por la mayoría de las asistentes, por su manera sencilla, cercana de comunicar su profesión y las características de los vinos, y por atraparnos por la calidad de los vinos. Muchos son los reconocimientos recibidos, desde mejor enólogo del mundo, que llega hasta los vinos generosos que él mima en botas y que hacen que el Amontillado Cuatro Palmas tenga el premio de mejor vino generoso del mundo.

       Con estos mimbres nos juntamos en la sede de facto de la Asociación de Sumilleres de Córdoba, en casa de Joaquin y Araceli. 
       


Los vinos catados fueron: Tío Pepe en Rama, Tío Pepe  2 palmas, Tío Pepe 3 palmas, Tío Pepe 4 palmas, Alfonso 2/6 Oloroso, Dulce Palomino (Viña Dulce Nombre) y una rareza de vino dulce muy concentrado y viejo, Tío Pancho Romano.

        El fino Tío Pepe en Rama, con 6 años de crianza biológica y que se sacó al mercado hace 10 años como una selección de las botas de Tío Pepe (67 de entre más de 2000 botas), sigue siendo un esperado reclamo cuando sale al mercado tras la saca de primavera. una potente nariz, y una redondez plena en boca; salino y muy elegante en boca.


        Los otros finos, eran ya otra historia, a cada cual mejor. El Fino 2 palmas (8 años de crianza), Fino 3 palmas (10 años de crianza) y el Tío Pepe amontillado 4 palmas. 
De este último, tan sólo se embotellan unas 600 botellas al año (con una edad media del vino de 52 años) es una delicia por sus intensos aromas, y su boca concentrada, una perfecta combinación entre acidez, notas salinas y frutos secos. Muy fresco, potente y largo.
        Todos disfrutamos de cómo los vinos generosos pueden desarrollarse en las botas con tanta elegancia y frescura.
        
Para cambiar, el Oloroso Alfonso 2/6 con notas parecidas a un Palo Cortado, con más de 40 años de edad. Y el vino dulce Dulce Nombre de la variedad Palomino, que en su momento se fermentó un poco el mosto de uva pasificada, por lo que contenía algo más de 220 g/L de azúcar, es decir no muy dulce en boca.
         
En resumen, un auténtico disfrute en todos los sentidos, por la cualidad humana y profesional de Antonio, que tras la descripción profesional de cada uno de los vinos, acababa con un remate casi poético que adornaba la presentación de los mismos. Para quitarse el sombrero.

     Como siempre, y tras la la cata de vinos, se pasó a loa degustación de los platos preparados por Joaquín, Araceli y Gertrudis. Unas delicias.
La foto corresponde a un salmorejo de naranja que era una delicia, suave, exquisito, preparado por Gertru.




             

lunes, 21 de octubre de 2019

Presentación de vinos 12 PB: desde el nuevo 2019 al lanzado 2016 ya en el mercado

Otro año más Eugenio Sánchez-Ramade ha hecho la presentación de los vinos tintos 12 PB, todos ellos hechos con la uva tinta Syrah que se elaboran en la Finca Pujío, en Puente Genil, con la dirección de los enólogos Cristina Osuna y Jose Ignacio Santiago.

En este caso ha sido en una encantadora, digamos, taberna dentro del Círculo de la Amistad. Entre los convocados estaban responsables muy conocidos de varios restaurantes de Córdoba.

Tras una breve introducción, comenzó la cata dirigida por Cristina por el tinto Syrah del 2019, con la fermentación alcohólica terminada y casi con la maloláctica a punto de acabar. Se notan los aromas de fruta, y el vino ya está casi mostrando su equilibrio y vigor.


El siguiente fue el del 2018, que desde Enero está ya metido en barricas, y las notas de madera mayoritaria de roble francés, con aromas a especies, y balsámicos hacen que el vino tenga demás un buen paso en boca y con notable persistencia.
Me gustó este vino: está casi listo, con buen cuerpo y aromas. 

Le siguió el tinto del 2017. Este se embotelló en Enero tras pasar 10 meses en barricas, todas, de roble francés con distintas edades. 
Este vino presenta aromas más terciarios y evolucionados. No es mi estilo, pero sin embargo a otros asistentes les pareció el mejor de la cata. O sea, hay vino para todos los gustos.

El último vino fue el del 2016. Este presentaba más color que el anterior del 17, año éste que transcurrió con un verano muy duro por los golpes de calor.
Este vino ya está en el mercado, y se nota tanto la fruta como la fina madera de crianza. Este es el vino más redondo y equilibrado, está en su punto: muy suave en boca, pero con marcada persistencia. 
Un vino para comer.

Hablando de comer, el tapeo con el que tomamos el vino del 2016 fue de calidad. Y el personal que nos atendió, superior.

Buena suerte para el tinto 12PB del 2016








jueves, 10 de octubre de 2019

Cata formativa de Vermuth y otras bebidas con Jose Ignacio Santiago, y su Palique

Siempre se aprende de una cata que de, o imparta Jose Ignacio Santiago. Lo prepara todo muy bien (él repite que lo hace a pesar de los cuatro niños jugando a la pelota alrededor suyo), y lo hace de forma pausada, llevando entretenida la cata, de nuevo con la Asociación de Sumilleres de Córdoba en casa de Joaquin y Araceli (en Pura Cepa)

Jose Ignacio se ha metido en un trabajo con una compañía que ya ha sacado una línea de productos del vino de alta gama, exclusivos, ya que un futuro dará una cata de brandy.

Tras hablar de la legislación vigente sobre bebidas aromatizadas, todos estos productos tienen unos minimos requerimientos entre los que están: más de un 14,5% de alcohol final, que en el caso de vermut tenga al menos un 75% de vino, y aunque hay distintos grados de dulzor (el dulce puede tener más de 130 g/L) el contenido en azúcares en ningún caso aparece en la etiqueta. 
Debe contener entre otros aromas o botánicos, el ajenjo, una planta que le da amargor. 
El alcohol añadido debe ser como mínimo de melazas o bien vínico. Y poco más hay en común entre estos productos aromatizados.


De entre los vermut o bebidas catadas me gustó uno blanco, alemán, con 18º y de nombre Belsazar
Un vermut con toques herbáceos, y no muy dulce y con un marcado amargor. Casi un snap, como dicen en Alemania.

Hay tres zonas en el mundo reconocidas por ser origen y por calidad de los vermut: Chambery, Torino y Reus. 
La marca o bien, vermut de origen Reus fue registrada en 1892. Martini, por ejemplo, apareció en 1862.

En cuanto a los vermut preparados por Jose Ignacio vienen de la mano de la empresa Mora-Figueroa Domeq, y la marca comercial es El Palique.

En el mercado tienen tres tipos con el nombre Palique: de Reus, de los Madriles y de Jerez.

La extracción de los aromas de los botánicos se hace a 55ºC con alcohol vínico.


El Palique de Reus, se le saca el olor a vino, de la variedad Macabeo. Es suave en aroma con notas de laurel, cítricos y romero. En boca se nota la calidad, y no tiene amargor marcado.

El Palique de los Madriles, de nuevo es con Macabeo, y aromas a especies: canela y vainilla. 
Decía que sería que acordara el olor al barquillo de los helados. De retrogusto largo, redondo en boca.

El Palique de Jerez, está elaborado con Oloroso de 15 años y PX de 5 años, que le da el dulzor. Aromas a incienso, más aromático que los anteriores, y muy fino en nariz. Con un potente retrogusto y una sensación en boca larga. Además es el que tiene menos azúcares de los tres. Muy buen y original vermut.

Una instructiva carta sobre el mundo de las bebidas aromatizadas que fue combinada con encurtidos, boquerones en vinagre, carnes y más viandas.

Enhorabuena a Jose Ignacio y a la empresa.







martes, 1 de octubre de 2019

Alvear nos sigue sorprendiendo con El Velo de Flor

Ya tocaba una cata, y encima fue buena.

Este verano pude ir al Lagar de las Puentes en el inicio de la Sierra de Montilla, lugar donde se dan las mejores condiciones para la Pedro Ximenez, y puede comprobar que Alvear sigue con su muy digno interés en sorprendernos con sus vinos.

Estaban allí macerando el mosto y los hollejos de unas Pedro Ximenez en pequeños tanques.
En una nave había conos, tinajas, en las que se estaba haciendo una fermentación del mosto al estilo tradicional, apagando la fermentación con mosto fresco añadido; llevando mosto a los depósitos de acero inoxidable para el joven. O sea, una ebullición de labores de lagar.

Y ya en Octubre, casi dos meses de haber empezado la vendimia y cuando parece que la cosa de fermentar más tranquila, se acercó Bernardo Lucena y parte de su equipo a la Asociación de Sumilleres de Cordoba, a que catáramos los vinos del 2018 y una joya del 2016.

Nos mostró las parcelas de la Sierra donde se buscan esos racimos que darán un mosto con las cualidades necesarias, y con indicación en la contraetiqueta de la botella, de los viticultores propietarios que manejan el viñedo, todo un detalle. 
Desde la tierra, la uva y luego el vino
Así de simple.

Toda la presentación se hizo con copas que se rellenaban de Marqués de la Sierra 2018
Un vino joven, puro, 100%, de Pedro Ximenez. 
Es un vino algo corto en nariz, en comparación con otros jóvenes de Montilla-Moriles que se han convertido en un éxito de ventas. Dejándolo en la copa, el Marqués de la Sierra muestra luego las notas de manzana verde y de la fruta blanca que salen bien limpias, y en boca es un vino muy agradable: fresco, de una franca acidez, redondo por efecto de las lías. Un vino para comer.

Y después se comenzó con los vinos 3 Miradas, del 2018.

Empezando por el Vino de Pueblo
Se trata de un vino elaborado con uvas Pedro Ximenez de varias parcelas, y que se fermentan en tinajas y una pequeña parte de los racimos, enteros, se fermentaron aparte. 
Tiene una ligera crianza biológica de 8 meses era tinaja. 
El vino de pueblo es un vino con un aroma curioso, que recuerda a vegetal, o infusión, y en boca es muy grato, expresivo, ligeramente astringente, con una acidez muy marcada.

Los siguientes dos vinos fueron de 2 parcelas distintas, de Viña Antoñin y Cerro Macho.

El Viña Antoñín tenía más marcada la presencia de la levadura, aromas a hinojo y manzanilla. De nuevo la sensación en boca era muy agradable dominando la acidez y su franqueza.

El de Cerro Macho era de una calidad, a mi parecer, superior. Mucho más equilibrado, con aroma a membrillo. Se notaba más la influencia de las lías, haciendolo más redondo en boca.

Hay que decir que todos los vinos tienen unos 5 g/L de acidez y valores de pH entre 3,2 y 3,0.

Y por último, el mejor de todos, el Paraje de Riofrío Alto; el que ha superado todas las pruebas: fermentación en tinaja, con pieles, 
y luego crianza en botas a las que han dejado unos litros de las madres donde se cría el fino CB. 

Y se han dejado dos años, una crianza biológica corta.

Este es un vino muy redondo, en todo. Con sutiles aromas a crianza de velo de flor, muy elegante en nariz y en boca es algo salino y muy largo. Un vino de quitarse el sombrero, de los que hacen afición entre aquellos que se quieren acercar al fino, y a los que nos gusta también el fino.
Un hermoso vino.

Y echando la vista atrás se da uno cuenta que el Marqués de la Sierra es el vino más chiquito de todos, y que tiene en boca las sensaciones que hemos comprobado  de la las buenas parcelas que dan lugar a los vinos 3 Miradas.

La comida no desentonó en absoluto, y quiero resaltar las espinacas esparragadas de Araceli y el tartar de jamón serrano que preparó Antonio.
Todo muy rico. 

Un buen ambiente como siempre, con mucha asistencia. Reencuentro con muchos compañeros, otros nuevos, y con un programa de catas a la vista bien atractivo.








miércoles, 12 de junio de 2019

Cata con vinos de Pérez Barquero: El movimiento continuo de una bodega centenaria

Es muy agradable y reconfortante comprobar cómo las principales bodegas de Montilla-Moriles se renuevan por fuera, etiquetas, formatos, y por dentro, con lanzamiento al mercado de nuevos o mejorados vinos. 

Todas estas sensaciones las pudimos comprobar, con los vinos de Perez Barquero probados en la ultima cata de la Asociación de Sumilleres de Córdoba celebrada en Pura Cepa Gourmet.

La cata estuvo presentada por Adela Córdoba Ruz, directora de Marketing y José Ruz Navarro, director comercial de la bodega. 

Pérez Barquero comenzó como bodega en 1905 y actualmente poseen 200 Has de viñedo propio, la mayor parte en la Sierra de Montilla, donde se encuentra el Lagar de La Cañada
Actualmente se trata de una sociedad anónima donde se han integrado por absorción otras bodegas: Gracia Hnos, Tomás García y Coop. Vinícola del Sur.

La cata comenzó con una copa de prólogo con Viña Verde, en un envase y etiqueta muy atractivos y en la que se quiere resaltar la frescura floral que tiene este vino joven, y que fue pionero, o de los primeros vinos jóvenes de la DO Montilla-Moriles.

En la etiqueta se nombran las variedades Pedro Ximenez, Moscatel y Verdejo que se emplearon el año 2018. Curiosamente, el vino tiene solo 10º de alcohol, con una acidez notable, y que gracias a la buena climatología del año pasado (temperaturas moderadas) lograron que las uvas mostraran unos excelentes aromas.

El siguiente vino catado fue el Fresquito, un vino de tinaja del 2018, embotellado para su presentación y sin la etiqueta renovada con que se lanzará al mercado.

Está muy bien resuelto este vino de tinaja. 
Aromas francos, limpios y diferentes a otros vinos de tinaja. 
Según comentaban, el vino había estado desde su terminación en las tinajas, por lo que algo de los matices de la levadura de flor estaban ya presentes. 
Este vino tiene el valor añadido que se ha estabilizado por lo que no va a evolucionar en la botella por la presencia de levadura de velo.

De los últimos vinos de la DO Montilla-Moriles que me han sorprendido, está la Solera Fina María Del Valle
En este caso era En Rama, y con lo que supone en pureza dicho término: sacados de las botas, con el mínimo tratamiento.
Un vino con aromas limpios de velo de flor, salino, seco. 
Un vino serio, y con amplio retrogusto. 
De los vinos de hacer afición. Quizás la principal diferencia entre el Rama y el que no, es el color amarillo limón que tiene el Rama.

El siguiente fue el fino Gran Barquero, con una renovada y elegante etiqueta.

Un fino con 10 años en bota, que no lo parece por su aroma más fresco, menos afilado que el anterior. Un vino para tapear y comer.

Hablando del tapeo, como siempre muy rico. 

Unos langostinos con su ensalada variada y salsa rosa, obra de Antonio.
Los boquerones en vinagre, de Araceli.
Unas pechugas de pavo en escabeche, con aliño de especies varias y cáscara de naranja, exquisitas. También de Antonio. 
Algún día habría que hacer una colección de recetas de los platos sacados en las catas.
Y para rematar, Miriam nos deleitó con un plato de inspiración tailandesa, con sus verduras al dente, langostinos y un suave toque picante.

El penúltimo de los vinos para comer, fue el amontillado Gran Barquero, con 10 años de crianza biológica y otros 15 años de crianza oxidativa.
Un vino potente en nariz (frutos secos), con sus 19º de alcohol integrados.
Muy seco, afilado, casi cortante, salino y también potente acidez.

Estos vinos tan personales, son una maravilla, pero que a su vez son difíciles de catar para los novatos en estos aromas y sabores.
Quizás por esa razón se han puesto de moda o de relieve los Palos Cortado
Vinos con aromas de oloroso y boca amontillada. Más suaves y diferentes, pero difíciles de conseguir al tratarse de una alteración en la elaboración de amontillado.

El Palo Cortado Gran Barquero se quedaba algo corto en comparación con los otros vinos.



Y el último como vino de postre, por aquello de su dulzor, fue un vermuth en el que se notaba la calidad del vino base, y en el que se apreciaban los extractos empleados y que se combinó con un exquisito bizcocho regado con chocolate que elaboró Araceli.

En resumen, una cata bien planteada y disfrutada gracias a Pérez Barquero, en el que todo salió a pedir de boca.
Se notaba que Adela y José están curtidos en las catas y que éstas sean amenas, en el que los vinos sean los que hablen por ellos mismos.


























 




 



 


miércoles, 15 de mayo de 2019

Un negocio bien llevado y con buen gusto: Cata de Pago de Carraovejas y Ossian

    El origen de la bodega Pago de Carraovejas es tan sencillo como novedoso. 
    En los años que los restaurantes de Segovia se caracterizaban por su cochinillo asado, partido con un plato como hacía Cándido, otro cocinero Jose María Ruiz se interesaba por como se podía mejorar el servicio del vino en su restaurante y presentarlo en botella, y a ser posible embotellado. Y ya que estaba puesto, servir su propio vino, yéndose a la zona con mas proyección en 1982, que no era otra que Ribera del Duero. Ya digo, sencillo.

    Los vinos blancos de Ossian los elaboraría con la variedad Verdejo en el norte de Segovia, (DO Rueda) con viñas viejas, algunas prefiloxericas y que estaban prácticamente olvidadas. Eso, antes novedoso ahora es la manera de empezar con buen pie.

    A la cata se acercaron Guillermo Cruz, que se hará cargo del restaurante que han situado enfrente del castillo de Peñafiel (Valladolid). Guillermo fue mejor sumiller de España en el 2014. Junto con un buen comercial de la bodega (no recuerdo el nombre) fueron capaces de presentar 8 vinos sin que la cata se hiciera interminable, teniendo en cuenta que explicaron la historia y viticultura de las dos bodegas. 
    Las tierras son de cascajos, piedra, dura para el crecimiento de la vid, pero excelente para provocar el estrés de la planta y que conseguirá la maxima concentración de sustancias y aromas. Entre estas sustancias, una acidez natural muy potente.

    Dicha acidez la pudimos saborear con los dos primeros vinos blancos, de Ossian, llamados Verdling (mezcla de Verdejo y Riesling), elaborados con asesoramiento de enólogos alemanes que les daban a los vinos unas características frutales, vegetales y de equilibrio en boca redondeado por la acidez. 

    En el primero llamado Verdling Trocken (seco) 2016 con 12º de alcohol, y el segundo, Verdling dulce 2016, con solo 8º de alcohol y 60 g/L de azúcar.
    Según comentaron, esta experiencia de Verdling se hizo entre 2012 y 2016. O sea, que catamos la ultima cosecha-experiencia. Para repetir, oiga.

    El siguiente vino, también blanco, el Quintaluna 2017, también de la variedad Verdejo es un vino de menor precio y mayor tirada, aunque su elaboración también es peculiar: 10 meses en total de contacto con lías y madera. 
    Un buen vino, con fruta madura y notas de lías,   pero es que el principio fue muy alto, y lo encontré un vino muy adecuado para comer, pero a mi parecer con mas presencia de madera de lo deseable.

    Se pasó a los vinos tintos, comenzando por el Pago de Carraovejas.
     Ya no se trata de la catalogación como crianza o reserva, solo el nombre de vino de parcela. 
     Este tinto del 2016, hecho con Tempranillo, y algo de Cabernet Sauvignon y Merlot, es un vino con mucha fruta, equilibrado y muy sedoso en boca.

    Luego, otra vez un blanco, un Ossian 2015. Los vinos Ossian los cate por primera vez en las que organizaba Jesus con su Terruño. Y me impresionó cuando lo caté.
   En esta ocasión el vino Verdejo Ossian 2015, se mostró como un vino muy serio, equilibrado, con gran acidez y frescura en boca.

   Otra vez un tinto.
   
   Cuesta de Las Liebres 2014, un vino con 24 meses de barrica y con un precio de mareo (casi 200 euros). Exquisito, con aun mucha fruta, sedoso, muy redondo, sin aristas. 
    
    Luego, un blanco.

    Capitel 2016, verdejo de viñas algunas con casi 200 años. La parcela donde se elabora es de arena con pizarra. La uva no se despallila y es una vino de calidad superior: meloso, muy sabroso.

    En este punto debo mencionar los platos consumidos, todos de acuerdo con los vinos. 
- Morrillo de atún,
- Solomillo al horno con salsa de zanahoria y tomate,

Hechos por Araceli.

- Salmorejo (o crema) de naranja, con su pan, aceite, ajo y vinagre.
Hecho por Gertru.

   El ultimo vino fue un tinto, El Anejon 2014, en una finca con las viñas en terraza. Un tinto mas rústico que el Cuesta de las Liebres, mas de terreno, con una fruta madura que sin embargo combinó muy bien con un postre de chocolate. 

   Como decían los representantes de la bodega, se trataba de embotellar el paisaje. 

Una muy didáctica cata, bien trajinada en sala y en cocina y con unos vinos de gran clase.
Si hubiera que resumir, creo que los blancos iban parejos a los tintos, y sin animo de ser extravagante, los blancos me parecían mas expresivos del paisaje que los tintos. 


    


















martes, 2 de abril de 2019

La bodega Acontia realiza la crianza de vinos en barricas de roble español

Si la cata anterior eran vinos de una bodega gallega, todos albariño y con distinta crianza, en esta ocasión la cata la presentaba una bodega de Castilla-León, Acontia, y que elabora sus vinos en la DO Toro y la DO Ribera del Duero, y también en Requena.

El alma apasionada e inquieta de esta bodega es Maite Geijo, que desde 1992 se ha formado ampliamente en vitivinicultura, enología, sumillería y gastronomía con el claro fin de buscar ese vino blanco, rosado o tinto que cuadre con un plato en la mesa, con dignidad. 

Tiene un bonito proyecto y en el que colabora Pablo Ossorio (gran enólogo que empezó en Utiel-Requena), y además tiene como etiqueta diferenciadora el emplear barricas de roble españo, concretamente navarro (cerca del bosque de Irati), y también la tonelería Intona está trabajando con roble de algunos bosques de Burgos.

Algo había leido en la revista Enólogos sobre las peculiares características del roble español, que ni es como el francés ni como el americano. 
Justo enmedio: tiene más elagitaninos que el americano pero menos que el francés, y es más duro que éste, por lo que el aporte de la madera es diferente y había que catar esos vinos. 

Los entendidos en la madera buscan los anillos de crecimiento como característica visual, y a la vista se apreciaban diferencias en los tacos de madera de roble americano, español y francés que trajo Maite. 
Desde el 2006 emplea el roble español.

Los vinos catados mostraban mucha fruta, vinos amables, bien hechos, en el caso de los tintos con unos tonos de rojo cereza intensos, muy llamativos en la copa y en los que la mayor o menor presencia de la madera de roble les daba otras notas.

En general, se trataba de vinos equilibrados en su estructura visual, olfativa y en boca.


El primero fue un cava DO Requena, La Vie en Rose, hecho con Pinot Noir y Garnacha. Mucha fruta, un vino limpio, elegante y sencillo, con 9 meses de rima por lo que no había notas a levadura. Rico y fresco.

Como se observa y para acompañar al vino, de buena manera, una tostada de pan de salvado, salmón, queso y huevo hilado.

 











 


El segundo vino fue un blanco fermentado en barrica y recién sacado de la barrica, 6 meses de crianza. Un verdejo de la DO Toro del 2017, en el que se notaban, a mi parecer, más la madera de la cuenta. Aromas y taninos dulces, para un verdejo diferente.Le acompañó un pato a la plancha con tosta de arándanos y salsa con café. Una explosión de sabores que preparó Adrián (de Sojo Fusión).
Al plato le acompañaba una especie de, como decir, de regañás hechas de queso Grana Padano, tan ricas que antes de llegar el pato ya habían desaparecido.






Después se pasó a los tintos.

El primero de ellos fue el Acontia 6 (DO Ribera del Duero). Un vino con maceración prefermentativa y una técnica conocida como flash expansión, (recomiendo este enlace a uno de los blogs más completos y técnicos), que en resumen consiste en calentar rapidamente la uva y luego enfriar muy rápido los vapores aromáticos. Se consigue una alta extracción de antocianos y aromas. 



















El vino mostraba mucha fruta, un vino muy de copeo, bien fácil de beber. Este vino se las tuvo que ver con un plato preparado por Gertrudis: pollo en escabeche de naranja, y el conjunto quedó muy logrado. Y suerte que me quedé con la receta del pollo.

El siguiente tinto fue quizás el que más me gustó. De la DO Toro, Acontia do Toro con 12 meses en barrica y en el que se apreciaba el equilibrio de fruta y barrica.

El último vino fue el Acontia Viñas Viejas 2015. DO Ribera del Duero. Un tinto casi opaco, muy denso en color, dando idea de su peso en antocianos y todo lo demás. La crianza fue con barrica nueva de roble navarro.
Un vino al que había que dejar respirar porque había mucha materia. Un vino con aromas sedosos, limpio, elegante, mucha madera (mucha), fruta y todo muy armonioso.
Este vino es casi para tomar sólo, de acompañar a sorbos.

Para terminar Maite nos instruyó y deleitó con las diferencias en las maderas de roble americano, navarro y francés.
Acontia Viñas Viejas, observese la opacidad del tinto








Una cata muy instructiva, entretenida y bien explicada. Y con unos platos magníficos.