jueves, 19 de enero de 2017

Capitoné, en el centro. Con tapas premiadas, pero mejor no pedirlas




La céntrica calle Claudio Marcelo es de las calles más bellas del centro. Aunque no sea de las calles del centro mas antiguas, la bajada de la Plaza de las Tendillas hasta el Templo Romano es siempre un paseo agradable y animado.

Desde hace unos años, la calle ha recuperado su brío si bien lejos de los tiempos en que muy diversas tiendas: zapaterías, confección, electrodomésticos, tiendas de discos,... hacían bullir la gente por sus aceras. 

Actualmente, y como es conexión entre el centro y la Axerquía, con Plaza de Corredera, etc. tiene los nuevos comercios y sobre todo, tabernas o restaurantes que se han abierto en su recorrido. Uno de ellos es el Capitoné, en los bajos de un edificio de ladrillo rojo y por el que han pasado distintos propietarios.  
Algunos de estos locales gracias a su cuidada decoración y al buen precio de los menús, son frecuentados por turistas.

Ya digo, el local muy bien diseñado, con una iluminación estudiada, realmente lo que se dice currado, renovado. Pero los camareros se mueven como si estuvieran en un restaurante de otra época: lentos, con parsimonia. 

La carta es variada y justo en el centro hay un reclamo que se repite en los manteles de papel de las mesas y en varios paneles de este local: tapas premiadas en concursos locales, de nuevo diseño o reinterpretacion de algo tan cordos como el rabo de toro. Todas ellas como sugerencia del cheff.

Tras la primera consumición que le acompañaba una tapa de endaladilla, pedimos tres de las tapas recomendadas y que habían sido distinguidos con premios: pecado lechal, fajita de costilla caramelizada y milhoja de rabo de toro cordobés

Siempre he supuesto que las tapas de diseño precisan de una elaboración más lenta, pues es este caso fue visto y no visto. Y como se ve en las fotos el acabado de ellas es muy similar: marcas con reducción dulce de PX o bien caramelo, y en ninguna faltaba. 

Al lío, no hemos probado unas tapas más simples, y a la vez más caras en nuestra vida. La carne, dura del rabo de toro, el cordero lechal seco y recalentado.
Parece como si hicieran tapas para ganar premios y una vez en el candelero olvidarse de ellas. 
No somos de hacer críticas gratuitas, pero en este caso creemos que se falla al principal motor economico de la ciudad: el turismo. 
 
Viendo en internet, precisamente en tripadvisor los comentarios de este local que en él aparecen, muchos de ellos coincidían con nuestra apreciación: un timo estas tapas, mientras que para otros son de una calidad suprema. Cosas del marqueting on line, o bien que estaban más recién preparadas.

Sí es verdad que los turistas eramos realmente nosotros porque los de verdad que estaban allí habían pedido menús, porque de turista hay que ir a lo práctico, o que se habían ya leido reeseñas de este sitio..

El vino fino era el Fliligrana de la Bodega San Rafael, muy ligero, sin apenas fuerza.
El precio 27 €.
 






















lunes, 16 de enero de 2017

Cata de vinos renovados de la Cooperativa La Unión

 La Cooperativa La Unión se inauguró en Montilla en 1979 a resultas de la unión de agricultores para elaborar vino y aceite de oliva.

Fue de las primeras bodegas en apostar por elaborar vino tinto en la zona de Montilla, con el fin de abrir el mercado a productos que engancharan con las nuevas demandas de los consumidores, que pasaban cada vez más del vino blanco al tinto. 

Disponían de fincas experimentales en las que estudiaban la adaptación de distintas variedades al clima y al terreno local, concluyendo que la Syrah era la que mejor se adaptaba, aunque resultaba también la más productiva, con los problemas de madurez consiguientes. 
Pero gracias a buenos agricultores hicieron buenos vinos, como el rosado que era un muy buen producto.
Otro cantar eran los vinos tintos pasados por madera, excesivos tratamientos que dejaban al vino convertido en verdaderos cantos al tablón dde madera.

Debido a que los volúmenes de uva que trabaja son grandes, tradicionalmente su principal mercado ha sido la venta a granel de vino blanco y tinto, a distintos países europeos, africanos y actualmente están abriendo mercado en India, donde María Rivero ha abierto nuevos clientes a los productos de aquí.

Y en esto debo decir que el vino tinto que envasan en bag-in-box siempre me han gustado: vino fresco, aromático, con cuerpo, y poco astringente. Por supuesto sin madera. Y cada año compro para mi casa al menos dos, que sirven tanto para los tintos de verano como de copeo.

Pues con estos antecedentes, Francis, el director comercial de la bodega nos visitó a la Asociación de Sumilleres de Córdoba en casa de Joaquín.
Comenzó por uno de sus productos estrella: el aceite fresco, recién exprimido, y que molturan hasta diciembre. A partir de ahí, ya no le llaman fresco.
Es un buen aceite, de las variedades hojiblanca y picual, suave y con una ligera astringencia.
Muchos de los presentes lo compran habitualmente.


Después pasamos a la carta de vinos. Todos los vinos vienen con la marca de Los Omeya. Han cambiado la etiqueta y la presentación de los vinos es moderna, renovada, con la nueva imagen que quieren dar al mercado.

El primero el verdejo. Una variedad que a veces da buenos vinos en esta zona, pero que últimamente las condiciones climáticas adversas de tanto calor en verano no le dejan madurar como debe ser. 
El vino era ligero en aromas, con un agradable paso en boca, untuoso (quizás lías añadidas), y una buena acidez.


El siguiente fue el rosado, más expresivo que el blanco, con el color siguiendo la tendencia actual de rosados con  poco color. Con una nariz media, aromas a frutoas rojos, y en boca algo amargo y astringente: un vino agradable.

Después catamos dos vinos tintos, uno joven y otro tras pasar por madera.

El tinto joven estaba recién embotellado y se notaba aún poco estructurado, pero fue un detalle que nos lo diera a catar.

El tinto crianza Syrah sí que era otra cosa. Por ahí sí van bien los vinos: la madera ya no es el único atributo, sino que apenas se nota, según las tendencias actuales.
Es un tinto muy agradable de tomar, con buena nariz, bien estructurado en boca y un color atractivo, con tonos de juventud, sin rastro de ribetes marrones.

El último vino, para el poistre, fue el PX Laudis. Con un intenso color y ribetes yodados. Quizás que su apariencia fuera de un vino con muchos aromas a dátiles, orejones, etc, que después olía a un vino más joven de lo que se pdría estimar por el color.

Rico, pero en mi caso los sabores dulces no son mi fuerte, por lo que apenas puedo opinar.


En resumen, una instructiva y reveladora cata donde la Cooperativa La Unión mostró sus nuevas e interesantes maneras.

La cata fue acompañada por el tapeo que nos deleitó como siempre Joaquín.
La ensalada de naranja con bacalao para acompañar al aceite de oliva, el foie regado por una salsa de naranja y reducción de PX, tabla exquisita de quesos, morrillo de atún,....
 Para terminar, y a instancias de María, hubo la sorptresa de un guitarrista flamenco, Javier Muñoz, familiar de una saga de artistas flamencos cordobeses, El Tomate, que tocó por mineras, bulerías, rumbas,... logrando un excelente ambiente como final de cata.














lunes, 9 de enero de 2017

La Recolecta, restaurante ecológico, y de barrio

Este pequeño restaurante está en la calle Pintor Espinosa en el barrio Parque Cruz Conde, junto al parque del mismo nombre. Además del encanto del sitio, es posible aparcar sin muchos problemas. Actualmente la acera de la calle se ha ampliado y se pueden poner veladores en el exterior, de forma que a la tranquilidad del barrio se le añaden las vistas del parque, logrando que se esté muy cómodo.

Se trata de un restaurante ecológico y que está muy bien atendido, con un trato cercano... como un bar de barrio.

La carta es resumida, con algunas especialidades, y con algunos fallos en otros platos. Pero lo principal es que los precios son contenidos, y las raciones rondan los 8 euros. Otro tema es el tamaño de las mismas, aunque en cualquier caso merece la pena su visita.


La carta de cervezas es considerable: todas artesanas, con mucho sabor, y eso a muchos no les convence. 
No es mi caso, que pedí dos tipos de cervezas, y las dos acompañaron muy bien a la comida. Tanto de La Bandolera (de Algallarín) como de Cab Beer (de Montilla) escogí en los dos casos la cerveza morena, hecha con más lúpulo, y rica en sabor y aromas. 

Por ejemplo, Cab Beer elabora cervezas que pasan un tiempo por botas que han contenido vino oloroso o PX, todo un homenaje a su origen montillano. 

De los cuatro, dos preferían la cerveza rubia de barril, también artesana y mucho más ligera, aunque como decía uno: también sabía a un aroma que le recordaba una colonia, es decir, más cítrica de la cuenta. 


En cuanto a los vinos, la carta de vinos blancos y tintos está bien escogida, pero qué quieren que les diga, donde esté un buen fino de Montilla-Moriles, como era el fino Pato especial, sin filtrar ni clarificar, que se quiten otros muchos, y siempre a la mitad de precio que cualquier vino blanco joven. A veces, o bien en demasiadas ocasiones más bien, no sabemos apreciar las virtudes de nuestros vinos.

En cuanto a la comida. 
Pedimos una ensalada de queso de cabra y nueces. Corta en cantidad, ya que las hojas de lechuga de roble, cubrían la base del plato. Algo parecido pasó con el cuscus de coliflor y verduras: deslabazado, con poco aliño y la coliflor más húmeda de la cuenta.

Pero pedimos dos platos que nos parecieron exquisitos: patatas confitadas y ternera con verduras a la tailandesa
Las patatas, gajos y con piel, estaban fritas a fuego lento, y las salsas acompañaban perfectamente, desde una tailandesa hecha con extracto de ostras, otra con comino, otra levemente picante.
Y la carne, para el agrado de ellas, se hizo bastante pasada, lo que restó parte de su sabor, pero que no ya que era un plato muy simple y bien hecho.

La Recolecta lleva ya dos años en el barrio y aún aguanta, a su favor el que las mesas en el exterior le han dado mucha visibilidad. 
Es un restaurante especial, para un público más bien reducido, con el cocinero y otro trabajando en sala; y con bastante competencia en la zona donde está. Esperemos que aguante, porque ellos muestran todo su cariño a quienes los visitan.

La cuenta por las cuatro raciones, dos copas de vino de blanco moscatel, un medio de fino, seis cervezas y las cuatro raciones, 47 euros. Muy bien.
El cocinero salió a despedirnos y preguntar cómo nos había parecido la comida, tratamos de ser sinceros indicando los aciertos y los fallos que habíamos observado, porque en su quehacer siempre quieren mejorar.

Eso sí, terminamos de comer e íbamos ligeros de equipaje con tanta verdura y plato contenido, lo cual en las fechas navideñas se agradece, y mucho.






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domingo, 18 de diciembre de 2016

La Mar de Bueno

Recientemente ha abierto un nuevo local en la calle Eduardo Lucena llamado La Mar de Bueno. En su cartel a la entrada no pone si es marisquería, o taberna o restaurante. Es algo de todo eso. 

Antiguamente en el mismo sitio sí había una marisquería, con redes colgadas en las paredes. Después ha sido una tienda de muebles y desde hace dos meses es un negocio donde nada más entrar uno se encuentra con un mostrador propio de una pescadería. 
Se trata de escoger el pescado o marisco deseado, pesarlo y que te lo preparen bien a la plancha o al vapor (si el género lo permite), o bien frito. 

No es nada nuevo, ya que en la calle Abrazamozas había hasta hace poco uno parecido, creo que de uno de Cádiz porque servía especialidades gaditanas.
En el local cerrado, al final había un exceso de olores o vapores fritos y de pescado poco agradables. En La Mar de Bueno, al ser de reciente apertura y que es un local mucho más ventilado, apenas se nota el olor del pescado. Pero siempre está o puede estar ahí.

Los precios del pescado en el mostrador son ajustados al precio que ser paga una ración que contenga el género solicitado. Así 200 g de berberechos costaban 9 euros, al igual que la sepia a la plancha. Un precio normal, aunque la frescura del género es más patente o visible que en otros locales.
Los berberechos estaban excelentes, muy sabrosos, fresquísimos.
La sepia, bien. Pero ese es otro tema.

Soy asiduo a comprar en el mercado de Ciudad Jardín y veo el género que entra en las pescaderías. 
Nunca se me ocurre comprar la sepia limpia porque no sabe a nada: excesivamente lavada. 
Sin embargo cuando llega la sepia completa, me tiro a comprarla sin dudar, ya sea pequeña o grande, y soy capaz de limpiarla sin problema. Esa sepia sí sabe a gloria, es tierna y dura a la vez. Pero como ahora la gente no se quiere complicar la vida con el lavado del pescado...!

La ensaladilla de marisco a 8 euros, bien hecha pero no demasiado abundante.

El fino es de Ana María de Bodegas Víbora (Lucena), un fino siempre tenido como uno de los mejores vinos de la DO, pero éste en particular era un vino servido de bag-in-box y era muy chiquito, el solera Los Donceles: con poca crianza, ligero, muy transparente como se puede apreciar en la foto.

En La Mar de Bueno nos encontramos al mediodía los tertulianos tabernícolas y echamos un buen rato. Hablando de trabajo, de viajes de hijos, de las próximas reuniones, de todo y casi nada.
El servicio de La Mar de Bueno es excelente, agradable, un personal de sala atento. Nos obsequiaron con una buena tapa de arroz con calamares. Los viernes hacen arroz, el próximo será arroz negro.


Como me gustó mucho el local volví con mi mujer tras el Concierto de Navidad de la Orquesta de Córdoba el mismo viernes: con el coro Cajasur cantando piezas escogidas de ópera, y el coro Zyryab cantando piezas de zarzuela. Muy divertido y mejor cantado e interpretado.
En La Mar de Bueno cenamos los berberechos y la sepia. Y nos regalaron dos copas para tomarlas en Golden Club. Al poco de llegar, comenzaron el espectáculo de los Tabernícolas, un grupo cordobés que hace versiones marchosas de temas conocidos. En resumen, muy buen comienzo de fin de semana.
El precio de tres raciones, 7 medios de vino, y 7 cervezas salió por 42 euros. Ajustado precio, tapas de arroz e invitación a Golden incluidas.

Le deseamos la mejor de las venturas a La Mar de Bueno y que sigan con su buena cocina y buen rollo.








martes, 6 de diciembre de 2016

Taberna Agua de Mayo


El autor de esta crónica es Raquel M., que se prodiga poco en las crónicas tabernarias. 


De nuevo visitamos la zona de la calle Claudio Marcelo, muy activa en la inauguración y cierre de bares. En este caso nos paramos a echar una tapa, unos vinos y una visita a Taberna Agua de Mayo.

Esta taberna que ha cambiado el decorado interior, ha sustituido a la ya desaparecida Mantequería del Pensamiento. Según nos cuentan es de la misma empresa que lleva Bendita Locura en la plaza del Cister. 

El local está bastante costeado, baldosa hidraúlica en el suelo, interior bien decorado y unos servicios de categoría, no obstante preferimos sentarnos en los veladores un poco estrechos de la calle García Lovera pues la música estaba muy alta dentro. Lástima, porque el sitio es bonito por dentro, con una pared de naturaleza verde, hecha con muy buen gusto.

Como siempre en medio de la tertulia de amigos pedimos unos vinos de Montilla Moriles, tenían los finos Tertulia sin filtrar y también El Caballo Cordobés. 
El Tertulia estaba poco sabroso, ligero y parecía inferior al Caballo, éste mucho más hecho en crianza. Según nos comentaron era de packing box y rellenaban botellas.


El test de la ensaladilla comenzó, un plato algo escaso, media ración  por 4,80 euros con la patata más bien cruda. De manera que puntuamos bastante baja nuestra amada ensaladilla. 

Pedimos también una ración de puntas de solomillo que estaban bien hechas, en su punto, un plato abundante y cuyo precio fue de 12 euros. 

En general nos pareció que los precios de la carta eran algo elevados, prácticamente a nivel de restaurante. Aunque teniendo en cuenta el éxito que han tenido en Bendita Locura, quizás la repitan en este nuevo local.

Este día tuvimos visita, una antigua amiga de la taberna Rafaelito Guzmán que en estos momentos anda por Estepona, emigrada como tanto ciudadano de Córdoba. En total la cuenta para prácticamente tres personas fue de 30 euros, habiendo sido en conjunto más bien escaso. Cerca tienes el aparcamiento de bicicletas de delante del Circulo de la Amistad.











































domingo, 4 de diciembre de 2016

Finca del Marquesado crianza 2013

Gracias a Joaquin Parra me llegó una botella de Finca del Marquesado 2013, bodega riojana  de la conocida bodega Valdemar que a su vez pertenece a la familia Martínez Bujanda. 
Se trata de un nuevo proyecto, con viñedo nuevo en un terreno que a priori es idóneo, con mucho canto rodado y con viñedo antiguo de 30 años, y otro más moderno en espaldera. Según la documentación adjunta tardaron dos años en poder acondicionar el terreno para iniciar la plantación. La bodega se sitúa físicamente en la parte alta del mismo viñedo, y concretamente en Oyón (Alava).

El vino viene muy bien presentado. El precio es de alrededor 5 euros: por ese coste al vino sólo se le pide que esté bien hecho y sin defectos. En esa franja hay una gran competencia ya que la mayoría de los clientes ocasionales que buscan un rioja seleccionan entre una muy conocida gama de botellas y marcas.

En el caso que nos ocupa la botella es tipo borgoñona, muy sencillo y elegante el diseño, limpio y con una etiqueta moderna.

El tapón es sintético 100% reciclaje al ser de un biopolímero elaborado con fibras vegetales (cane, que puede ser mimbre, bambú, según el diccionario Collins). Buen detalle al no tratarse de un tapón sintético.

Como en otras ocasiones, aprovechamos para juntarnos a cenar y poder tomar el vino acompañando a lo que buenamente podamos cenar, porque lo normal es que nos presentemos con más viandas de las necesarias. Pero para eso, siempre hay solución.

El vino tiene un intenso color cereza con ribetes púpuras, dan idea de que no es el típico rioja con un color más evolucionado, aunque tampoco mantiene color de juventud. 

Porque ha estado 14 meses de crianza en barrica de roble americano, que sin embargo los aromas de barrica apenas si sobresalen teniendo toda esa crianza. No se comenta en la ficha sobre la edad de las

barricas, pero deben de ser usadas. Eso no es ningún problema para bodegas riojanas que manejan la estancia del vino en madera usada con maestría, como es el caso de López de Haro.
Sólo el color del vino indica que podrían ser usadas.
Porque el vino presenta aromas a fruta roja, más bien moderados, y apenas salen los aromas especiados. En boca es sabroso, con una sensación ácida marcada, muy refrescante. Algo astringente, pero en su justa medida.
 
Conforme se deja airear el vino se va realzando, siendo más cálido, mucho más aromático. Por lo que si se decanta, el vino ganará mucho de forma rápida.

Un buen, honrado y bien hecho vino, a un buen precio. Lo cual no es poco.

El tinto riojano lo acompañamos con embutido, una pierna de cordero fileteada y hecha a la plancha, y como es tradicional en  estas fechas por estas tierras con cata de aceitunas caseras.

Aunque la estrella de la cena fueron las patatas fritas de Cristo de los Faroles en la calle Alfaros de Córdoba. Una delicia, al alcance  de quien no pueda resistir comprarlas






viernes, 2 de diciembre de 2016

Taberna El Abuelo, en el centro, de compras en el Viernes Negro

¡Cómo estamos con las costumbres foráneas! O más bien ¡cómo nos están metiendo las costumbres de fuera! 
En los USA está justificado el Black Friday porque es el día siguiente al jueves día de acción de gracias y tras juntarse la familia, el viernes a la calle a buscar los regalos.

Pues en ese día nos juntamos los de siempre a hablar de las cosas que hacen la vida de cada uno y de esta ciudad. ¿Dónde? 
En la Taberna El Abuelo, en el centro, en un callejón de Cuz Conde. 
Antes estaba una concurrida Taberna Sociedad de Plateros, muy ruidosa, con gente mayor y gente joven, sobre todo estudiantes, porque era un sitio económico y que en nuestros tiempos la marcha estaba por San Miguel y Reyes Católicos.

Actualmente la Taberna El Abuelo apenas ha cambiado de decoración, y es atendida rápida y eficientemente por los dos hijos del antiguo titular.
 A la hora del aperitivo había aún poco personal, se supone de gente del centro. Y es que esta taberna parecía como una isla en el bullicio de otros restaurantes o bares.

Tienen una variada carta con varias especialidades y el vino de la Sociedad de Plateros, los clásicos Peseta y Platino
El primero mucho más fresco, muy agradable en boca, de fácil trago.
Pedimos, y a falta de ensaladilla rusa, pavo escabechado (lo sirven rebozado y frito) y asadura (una especialidad de la casa).
Lástima que a Q. la asadura no puede soportarla. Estaba muy bien hecha, y era sólo hígado. Antiguamente también iba con la asadura, la que llamaban blanda, y que casi ningún niño le gustaba. Todos íbamos buscando la asadura, dura.

Los comentarios eran sobre la actualidad candente de esta ciudad: el aparcamiento de Reina Sofía. Una cuestión clara y difícil a la vez, ya que gracias a él se puede construir un edificio nuevo, pero difícil y la atención sanitaria no es una broma, porque allí no se va de compras.
 Hablando de compras, terminamos y con mi familia (tras comer el menú en el Restauramnte Olmo, recomendable, y lleno hasta la bola), nos sumergimos en la vorágine. Y es verdad, conseguimos buenas ofertas aprovechando que era Viernes Negro y Lluvioso.









viernes, 11 de noviembre de 2016

Cata de champán con Jordi Melendo

Por fin Rafa convenció a Jordi Melendo a que viniera a darnos una cata de champán en Córdoba ante un grupo de la Asociación de Sumilleres de Córdoba. Con la sala de la primera planta de Blanco Enea a rebosar para atender las explicaciones de Jordi.
Hasta ahora era Rafa el que había ido, ahora fue al revés. Y valió la pena.

Jordi es un gran entendido de éste y otros temas. Se le puede leer en artículos del mundovino o verema. 
Es periodista y buen divulgador, entretenido, cuenta anécdotas y eso que lleva ya más de 40 catas este año. Lo que se dice un profesional.

Nos juntamos en Blanco Enea, donde José María González nos atiende muy bien. Por cierto José María acaba de ganar el premio Talento Chef 4 Culturas.

Tras una breve introducción sobre la zona de Champagne, Jordi nos habló de las peculiaridades climáticas de la zona de Champán: 
- clima frío, lluvioso; 
- de las ondulaciones del terreno, para tener fácil escorrentía y más exposición solar; 
- de la composición de la tierra: básicamente tiza, tierras blancas, como las albarizas de Jerez y de Montilla.
- de cómo se trabajan la espaldera en las pequeñas fincas.

Estas tierras en su tiempo fueron un lecho marino por su salinidad y sobre todo por los restos de fósiles de trilobites y otros moluscos encontrados.

Es decir, una zona al norte-este de Francia, que ha tenido la peculiaridad de estar elaborando vino desde los romanos, que tuvo la implicación de monasterios para continuar la tradición y que consiguió, o ha conseguido, trascender a modas y establecerse como una de las zonas que mejor vino produce en el mundo.

Las variedades más empleadas en la zona de Champagne son Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Estas dos son tintas.

Champagne tiene una serie de peculiaridades: por ejemplo, la uva se paga a 6 euros el kilo.
  ¡Y entonces a cómo se vende el vino! Pues creo que se vende sólo. Hay 4.651 viticultores productores de su propio vino (vignerons). Las parcelas son pequeñas, con una producción de 11.000 kilos /hectárea (hagan cuentas, señores).


Tener una botella de champán es tener el sueño de que puedes conseguir algo mejor. ¿Y es mejor? Pues lo que probamos estaba francamente bien. Y los habrá mucho mejores.

Lo principal de la cata fue que apenas se habló de aromas, de recuerdos a, de sensaciones de,… y más bien de comprobar las diferencias entre los vinos tomados.

Los vinos fueron servidos con agilidad y prácticamente a la hora y media de charla ya los habíamos probado todos y conocíamos más de esta zona.

Todos los vinos en general tenían como notas a manzana, a levadura, a bollería.
Una lágrima ascendente de burbujas continua indicaba que teníamos en la copa vinos con una larga crianza con sus lías finas.

En cuanto a las percepciones:
El Lanson, mostraba una marcada acidez, el que más.

Lacombe, más a manzana asada.

Tattinger, a mi parecer el más dulzón (manoproteínas de calidad), equilibrado en todo.

Bourdaire Gallois, con 100% Meunier. Éste mostraba aromas tostados, avellanas, como más licor de expedición.

Henri Abele, ligeramente rosado, con las tres variedades. Con aroma frutales, levadura. Mostraba evolución de aromas con el tiempo y buena persistencia.

A mi parecer, el orden de los vinos en cuanto a preferencia sería: Henri Abele, Bourdaire Gallois, Tattinger, Lanson y Lacombe. O sea, casi lo que nos preparó Jordi. No sé si fue coincidencia, pero otros de los asistentes pensaban parecido, o casi.

A reseñar algunos datos:
El presupuesto de la Denominación de Origen Controlada Champagne destina mucho más fondos a proteger el nombre Champagne, sus falsificaciones, que a publicidad. 
Desde que en las películas desde los años 50 se visualizara que los protagonistas celebraban o disfrutaban del momento con su copa de champán, pues no ha hecho falta más que aspirar a poder probarlo.

Los platos preparados por José María acompañaron muy bien la cata, sobre todo la carne de abanico ibérico. Magnífica su maceración previa con miso y espléndido su punto de asado.
Como siempre Nuria atenta al servicio y al final José María fue convenientemente felicitado.



Como detalle, mirar el soporte del proyector. Y es que donde esté un buen corcho, que se quite lo demás.