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miércoles, 15 de mayo de 2019

Un negocio bien llevado y con buen gusto: Cata de Pago de Carraovejas y Ossian

    El origen de la bodega Pago de Carraovejas es tan sencillo como novedoso. 
    En los años que los restaurantes de Segovia se caracterizaban por su cochinillo asado, partido con un plato como hacía Cándido, otro cocinero Jose María Ruiz se interesaba por como se podía mejorar el servicio del vino en su restaurante y presentarlo en botella, y a ser posible embotellado. Y ya que estaba puesto, servir su propio vino, yéndose a la zona con mas proyección en 1982, que no era otra que Ribera del Duero. Ya digo, sencillo.

    Los vinos blancos de Ossian los elaboraría con la variedad Verdejo en el norte de Segovia, (DO Rueda) con viñas viejas, algunas prefiloxericas y que estaban prácticamente olvidadas. Eso, antes novedoso ahora es la manera de empezar con buen pie.

    A la cata se acercaron Guillermo Cruz, que se hará cargo del restaurante que han situado enfrente del castillo de Peñafiel (Valladolid). Guillermo fue mejor sumiller de España en el 2014. Junto con un buen comercial de la bodega (no recuerdo el nombre) fueron capaces de presentar 8 vinos sin que la cata se hiciera interminable, teniendo en cuenta que explicaron la historia y viticultura de las dos bodegas. 
    Las tierras son de cascajos, piedra, dura para el crecimiento de la vid, pero excelente para provocar el estrés de la planta y que conseguirá la maxima concentración de sustancias y aromas. Entre estas sustancias, una acidez natural muy potente.

    Dicha acidez la pudimos saborear con los dos primeros vinos blancos, de Ossian, llamados Verdling (mezcla de Verdejo y Riesling), elaborados con asesoramiento de enólogos alemanes que les daban a los vinos unas características frutales, vegetales y de equilibrio en boca redondeado por la acidez. 

    En el primero llamado Verdling Trocken (seco) 2016 con 12º de alcohol, y el segundo, Verdling dulce 2016, con solo 8º de alcohol y 60 g/L de azúcar.
    Según comentaron, esta experiencia de Verdling se hizo entre 2012 y 2016. O sea, que catamos la ultima cosecha-experiencia. Para repetir, oiga.

    El siguiente vino, también blanco, el Quintaluna 2017, también de la variedad Verdejo es un vino de menor precio y mayor tirada, aunque su elaboración también es peculiar: 10 meses en total de contacto con lías y madera. 
    Un buen vino, con fruta madura y notas de lías,   pero es que el principio fue muy alto, y lo encontré un vino muy adecuado para comer, pero a mi parecer con mas presencia de madera de lo deseable.

    Se pasó a los vinos tintos, comenzando por el Pago de Carraovejas.
     Ya no se trata de la catalogación como crianza o reserva, solo el nombre de vino de parcela. 
     Este tinto del 2016, hecho con Tempranillo, y algo de Cabernet Sauvignon y Merlot, es un vino con mucha fruta, equilibrado y muy sedoso en boca.

    Luego, otra vez un blanco, un Ossian 2015. Los vinos Ossian los cate por primera vez en las que organizaba Jesus con su Terruño. Y me impresionó cuando lo caté.
   En esta ocasión el vino Verdejo Ossian 2015, se mostró como un vino muy serio, equilibrado, con gran acidez y frescura en boca.

   Otra vez un tinto.
   
   Cuesta de Las Liebres 2014, un vino con 24 meses de barrica y con un precio de mareo (casi 200 euros). Exquisito, con aun mucha fruta, sedoso, muy redondo, sin aristas. 
    
    Luego, un blanco.

    Capitel 2016, verdejo de viñas algunas con casi 200 años. La parcela donde se elabora es de arena con pizarra. La uva no se despallila y es una vino de calidad superior: meloso, muy sabroso.

    En este punto debo mencionar los platos consumidos, todos de acuerdo con los vinos. 
- Morrillo de atún,
- Solomillo al horno con salsa de zanahoria y tomate,

Hechos por Araceli.

- Salmorejo (o crema) de naranja, con su pan, aceite, ajo y vinagre.
Hecho por Gertru.

   El ultimo vino fue un tinto, El Anejon 2014, en una finca con las viñas en terraza. Un tinto mas rústico que el Cuesta de las Liebres, mas de terreno, con una fruta madura que sin embargo combinó muy bien con un postre de chocolate. 

   Como decían los representantes de la bodega, se trataba de embotellar el paisaje. 

Una muy didáctica cata, bien trajinada en sala y en cocina y con unos vinos de gran clase.
Si hubiera que resumir, creo que los blancos iban parejos a los tintos, y sin animo de ser extravagante, los blancos me parecían mas expresivos del paisaje que los tintos. 


    


















lunes, 26 de enero de 2015

Festival de vinos en la cata de los Sumilleres

Hacía tiempo que por distintas razones no podía asistir a una reunión de los Sumilleres de Córdoba. Pero valió la pena la espera. El jueves 22 de enero 2015, nos juntamos un nutrido grupo a catar y hablar de vinos.
Parte de los vinos fueron amable y graciosamente aportados por Rafael J. Sánchez Polainas. El mismo los presentó y aportó anécdotas y valiosa documentación sobre cada vino. Es realmente un entendido en esta materia. Dos pertenecían a la bodega Ossian, del norte de Segovia y que aunque está en la zona de la DO Rueda, comercializa sus vinos como de la Tierra de Castilla; esta bodega se hizo un hueco rápidamente en el mundo del vino, gracias al trabajo de un reconocido enólogo de Ribera del Duero, Javier Zaccagnini, con vides centenarias.
El primero fue el Quintaluna 2013, hecho con viñas más jóvenes. Es de color amarillo limón y en nariz se nota la bollería indicando el trabajo con las lías. Después salen notas de fruta tropical, con buen y agradable retrogusto. Es ácido y ligeramente amargo. Es refrescante. Y su aroma dura y dura, y a las dos horas aún mostraba buenos aromas. Por el precio que tiene, 7 euros, lo buscaré.
Después se pasó al hermano mayor, el Ossian 2011, éste ya de vides prefiloxéricas y de agricultura ecológica. Fermentado en barrica de roble francés, con color brillante amarillo y tonos dorados, quizás debido a alguna oxidación. Es de aroma intenso, pero a mi parecer, la madera le gana a cualquier aroma y en boca es ligeramente ácido, sedoso, pero de nuevo la madera es lo que más se nota. Lo dejamos que se abriera pero no cambiaba mucho. A unos les parecía excelente, a mi parecer le faltaba el poder aromático fresco, complejo, de otras vendimias, y que recuerdo como de los mejores vinos probados. Pero éste no.
Pasamos a los tintos:
- con el vino de Ribera del Guadiana, Pago de los Balancines 2009 (Matanegra) (Tempranillo, Garnacha y Cabernet Sauvignon). Éste aportado por la Asociación de Sumilleres. Con 15,5º. Ha estado 18 meses en barrica. Color intenso cereza y algo de granate, con aroma a fruta roja madura y también de evolución, aromas terciarios: tabaco, torrefacto. En boca es suave, buen retrogusto, fruta de nuevo, algo astringente, pero que se va rápido. Es un vino potente y a la vez, contenido. Nos gustó.
- Los dos siguientes los presentó y trajo José María Moreno de la distribuidora El Terruño.
          PSI 2010, elaborado bajo las directrices de Peter Sisseck (Dominio de Pingus). De la Ribera del Duero. Con 18 meses de crianza, mucho color. Es ácido, ligero en boca, con astringencia muy controlada, algo se secante. Cuando por fin se abre este vino, en boca es muy potente, aunque en nariz cueste apreciar sus aromas. Creo que habría que haberlo decantado, porque este vino no demuestra fácilmente lo que lleva dentro, pero es un muy buen vino, de los que sirven apara acompañar una buena carne.
        Aalto PS 2012, otro Ribera del Duero, de un intenso y precioso color púrpura, muy aromático, con fruta roja y negra, nuez moscada, complejo, muy elegante. Es boca es suave con retrogusto a chocolate, torrefacto, mucha fruta, y una tanicidad muy controlada. Un vino delicioso, con muchas virtudes, y con mucha fruta ¿quizás excesiva?.
- El último vino fue una botella magnum también aportada por Rafael J. Sánchez y elaborada por la colaboración entre el Equipo Navazos y Niepoort, el 2010N con 12,5º, de Jerez. Hecho con Palomino fino y fermentado con técnicas modernas empleando los medios que se habrían empleado antes de que los vinos de Jerez se hicieran por los sistemas de escalas y soleras, como se hace ahora. Un vino con color pajizo, con aromas a orejones, naranja. En boca es algo salino. complejo en boca, pero todo muy contenido. Un vino curioso y sorprendente. Muy bien hecho para los pocos grados de alcohol que tiene y que ha estado en una bota con 1/5 parte de la misma vacía.
Para finalizar tomamos unas buenas tapas preparadas por los miembros de la Escuela de Hostelería y que forman parte de la Asociación de Sumilleres. Muchas gracias a todos por la buena compañía, buenos comentarios y por una animada e instructiva cata.