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jueves, 10 de octubre de 2019

Cata formativa de Vermuth y otras bebidas con Jose Ignacio Santiago, y su Palique

Siempre se aprende de una cata que de, o imparta Jose Ignacio Santiago. Lo prepara todo muy bien (él repite que lo hace a pesar de los cuatro niños jugando a la pelota alrededor suyo), y lo hace de forma pausada, llevando entretenida la cata, de nuevo con la Asociación de Sumilleres de Córdoba en casa de Joaquin y Araceli (en Pura Cepa)

Jose Ignacio se ha metido en un trabajo con una compañía que ya ha sacado una línea de productos del vino de alta gama, exclusivos, ya que un futuro dará una cata de brandy.

Tras hablar de la legislación vigente sobre bebidas aromatizadas, todos estos productos tienen unos minimos requerimientos entre los que están: más de un 14,5% de alcohol final, que en el caso de vermut tenga al menos un 75% de vino, y aunque hay distintos grados de dulzor (el dulce puede tener más de 130 g/L) el contenido en azúcares en ningún caso aparece en la etiqueta. 
Debe contener entre otros aromas o botánicos, el ajenjo, una planta que le da amargor. 
El alcohol añadido debe ser como mínimo de melazas o bien vínico. Y poco más hay en común entre estos productos aromatizados.


De entre los vermut o bebidas catadas me gustó uno blanco, alemán, con 18º y de nombre Belsazar
Un vermut con toques herbáceos, y no muy dulce y con un marcado amargor. Casi un snap, como dicen en Alemania.

Hay tres zonas en el mundo reconocidas por ser origen y por calidad de los vermut: Chambery, Torino y Reus. 
La marca o bien, vermut de origen Reus fue registrada en 1892. Martini, por ejemplo, apareció en 1862.

En cuanto a los vermut preparados por Jose Ignacio vienen de la mano de la empresa Mora-Figueroa Domeq, y la marca comercial es El Palique.

En el mercado tienen tres tipos con el nombre Palique: de Reus, de los Madriles y de Jerez.

La extracción de los aromas de los botánicos se hace a 55ºC con alcohol vínico.


El Palique de Reus, se le saca el olor a vino, de la variedad Macabeo. Es suave en aroma con notas de laurel, cítricos y romero. En boca se nota la calidad, y no tiene amargor marcado.

El Palique de los Madriles, de nuevo es con Macabeo, y aromas a especies: canela y vainilla. 
Decía que sería que acordara el olor al barquillo de los helados. De retrogusto largo, redondo en boca.

El Palique de Jerez, está elaborado con Oloroso de 15 años y PX de 5 años, que le da el dulzor. Aromas a incienso, más aromático que los anteriores, y muy fino en nariz. Con un potente retrogusto y una sensación en boca larga. Además es el que tiene menos azúcares de los tres. Muy buen y original vermut.

Una instructiva carta sobre el mundo de las bebidas aromatizadas que fue combinada con encurtidos, boquerones en vinagre, carnes y más viandas.

Enhorabuena a Jose Ignacio y a la empresa.







martes, 1 de octubre de 2019

Alvear nos sigue sorprendiendo con El Velo de Flor

Ya tocaba una cata, y encima fue buena.

Este verano pude ir al Lagar de las Puentes en el inicio de la Sierra de Montilla, lugar donde se dan las mejores condiciones para la Pedro Ximenez, y puede comprobar que Alvear sigue con su muy digno interés en sorprendernos con sus vinos.

Estaban allí macerando el mosto y los hollejos de unas Pedro Ximenez en pequeños tanques.
En una nave había conos, tinajas, en las que se estaba haciendo una fermentación del mosto al estilo tradicional, apagando la fermentación con mosto fresco añadido; llevando mosto a los depósitos de acero inoxidable para el joven. O sea, una ebullición de labores de lagar.

Y ya en Octubre, casi dos meses de haber empezado la vendimia y cuando parece que la cosa de fermentar más tranquila, se acercó Bernardo Lucena y parte de su equipo a la Asociación de Sumilleres de Cordoba, a que catáramos los vinos del 2018 y una joya del 2016.

Nos mostró las parcelas de la Sierra donde se buscan esos racimos que darán un mosto con las cualidades necesarias, y con indicación en la contraetiqueta de la botella, de los viticultores propietarios que manejan el viñedo, todo un detalle. 
Desde la tierra, la uva y luego el vino
Así de simple.

Toda la presentación se hizo con copas que se rellenaban de Marqués de la Sierra 2018
Un vino joven, puro, 100%, de Pedro Ximenez. 
Es un vino algo corto en nariz, en comparación con otros jóvenes de Montilla-Moriles que se han convertido en un éxito de ventas. Dejándolo en la copa, el Marqués de la Sierra muestra luego las notas de manzana verde y de la fruta blanca que salen bien limpias, y en boca es un vino muy agradable: fresco, de una franca acidez, redondo por efecto de las lías. Un vino para comer.

Y después se comenzó con los vinos 3 Miradas, del 2018.

Empezando por el Vino de Pueblo
Se trata de un vino elaborado con uvas Pedro Ximenez de varias parcelas, y que se fermentan en tinajas y una pequeña parte de los racimos, enteros, se fermentaron aparte. 
Tiene una ligera crianza biológica de 8 meses era tinaja. 
El vino de pueblo es un vino con un aroma curioso, que recuerda a vegetal, o infusión, y en boca es muy grato, expresivo, ligeramente astringente, con una acidez muy marcada.

Los siguientes dos vinos fueron de 2 parcelas distintas, de Viña Antoñin y Cerro Macho.

El Viña Antoñín tenía más marcada la presencia de la levadura, aromas a hinojo y manzanilla. De nuevo la sensación en boca era muy agradable dominando la acidez y su franqueza.

El de Cerro Macho era de una calidad, a mi parecer, superior. Mucho más equilibrado, con aroma a membrillo. Se notaba más la influencia de las lías, haciendolo más redondo en boca.

Hay que decir que todos los vinos tienen unos 5 g/L de acidez y valores de pH entre 3,2 y 3,0.

Y por último, el mejor de todos, el Paraje de Riofrío Alto; el que ha superado todas las pruebas: fermentación en tinaja, con pieles, 
y luego crianza en botas a las que han dejado unos litros de las madres donde se cría el fino CB. 

Y se han dejado dos años, una crianza biológica corta.

Este es un vino muy redondo, en todo. Con sutiles aromas a crianza de velo de flor, muy elegante en nariz y en boca es algo salino y muy largo. Un vino de quitarse el sombrero, de los que hacen afición entre aquellos que se quieren acercar al fino, y a los que nos gusta también el fino.
Un hermoso vino.

Y echando la vista atrás se da uno cuenta que el Marqués de la Sierra es el vino más chiquito de todos, y que tiene en boca las sensaciones que hemos comprobado  de la las buenas parcelas que dan lugar a los vinos 3 Miradas.

La comida no desentonó en absoluto, y quiero resaltar las espinacas esparragadas de Araceli y el tartar de jamón serrano que preparó Antonio.
Todo muy rico. 

Un buen ambiente como siempre, con mucha asistencia. Reencuentro con muchos compañeros, otros nuevos, y con un programa de catas a la vista bien atractivo.








miércoles, 12 de junio de 2019

Cata con vinos de Pérez Barquero: El movimiento continuo de una bodega centenaria

Es muy agradable y reconfortante comprobar cómo las principales bodegas de Montilla-Moriles se renuevan por fuera, etiquetas, formatos, y por dentro, con lanzamiento al mercado de nuevos o mejorados vinos. 

Todas estas sensaciones las pudimos comprobar, con los vinos de Perez Barquero probados en la ultima cata de la Asociación de Sumilleres de Córdoba celebrada en Pura Cepa Gourmet.

La cata estuvo presentada por Adela Córdoba Ruz, directora de Marketing y José Ruz Navarro, director comercial de la bodega. 

Pérez Barquero comenzó como bodega en 1905 y actualmente poseen 200 Has de viñedo propio, la mayor parte en la Sierra de Montilla, donde se encuentra el Lagar de La Cañada
Actualmente se trata de una sociedad anónima donde se han integrado por absorción otras bodegas: Gracia Hnos, Tomás García y Coop. Vinícola del Sur.

La cata comenzó con una copa de prólogo con Viña Verde, en un envase y etiqueta muy atractivos y en la que se quiere resaltar la frescura floral que tiene este vino joven, y que fue pionero, o de los primeros vinos jóvenes de la DO Montilla-Moriles.

En la etiqueta se nombran las variedades Pedro Ximenez, Moscatel y Verdejo que se emplearon el año 2018. Curiosamente, el vino tiene solo 10º de alcohol, con una acidez notable, y que gracias a la buena climatología del año pasado (temperaturas moderadas) lograron que las uvas mostraran unos excelentes aromas.

El siguiente vino catado fue el Fresquito, un vino de tinaja del 2018, embotellado para su presentación y sin la etiqueta renovada con que se lanzará al mercado.

Está muy bien resuelto este vino de tinaja. 
Aromas francos, limpios y diferentes a otros vinos de tinaja. 
Según comentaban, el vino había estado desde su terminación en las tinajas, por lo que algo de los matices de la levadura de flor estaban ya presentes. 
Este vino tiene el valor añadido que se ha estabilizado por lo que no va a evolucionar en la botella por la presencia de levadura de velo.

De los últimos vinos de la DO Montilla-Moriles que me han sorprendido, está la Solera Fina María Del Valle
En este caso era En Rama, y con lo que supone en pureza dicho término: sacados de las botas, con el mínimo tratamiento.
Un vino con aromas limpios de velo de flor, salino, seco. 
Un vino serio, y con amplio retrogusto. 
De los vinos de hacer afición. Quizás la principal diferencia entre el Rama y el que no, es el color amarillo limón que tiene el Rama.

El siguiente fue el fino Gran Barquero, con una renovada y elegante etiqueta.

Un fino con 10 años en bota, que no lo parece por su aroma más fresco, menos afilado que el anterior. Un vino para tapear y comer.

Hablando del tapeo, como siempre muy rico. 

Unos langostinos con su ensalada variada y salsa rosa, obra de Antonio.
Los boquerones en vinagre, de Araceli.
Unas pechugas de pavo en escabeche, con aliño de especies varias y cáscara de naranja, exquisitas. También de Antonio. 
Algún día habría que hacer una colección de recetas de los platos sacados en las catas.
Y para rematar, Miriam nos deleitó con un plato de inspiración tailandesa, con sus verduras al dente, langostinos y un suave toque picante.

El penúltimo de los vinos para comer, fue el amontillado Gran Barquero, con 10 años de crianza biológica y otros 15 años de crianza oxidativa.
Un vino potente en nariz (frutos secos), con sus 19º de alcohol integrados.
Muy seco, afilado, casi cortante, salino y también potente acidez.

Estos vinos tan personales, son una maravilla, pero que a su vez son difíciles de catar para los novatos en estos aromas y sabores.
Quizás por esa razón se han puesto de moda o de relieve los Palos Cortado
Vinos con aromas de oloroso y boca amontillada. Más suaves y diferentes, pero difíciles de conseguir al tratarse de una alteración en la elaboración de amontillado.

El Palo Cortado Gran Barquero se quedaba algo corto en comparación con los otros vinos.



Y el último como vino de postre, por aquello de su dulzor, fue un vermuth en el que se notaba la calidad del vino base, y en el que se apreciaban los extractos empleados y que se combinó con un exquisito bizcocho regado con chocolate que elaboró Araceli.

En resumen, una cata bien planteada y disfrutada gracias a Pérez Barquero, en el que todo salió a pedir de boca.
Se notaba que Adela y José están curtidos en las catas y que éstas sean amenas, en el que los vinos sean los que hablen por ellos mismos.


























 




 



 


miércoles, 15 de mayo de 2019

Un negocio bien llevado y con buen gusto: Cata de Pago de Carraovejas y Ossian

    El origen de la bodega Pago de Carraovejas es tan sencillo como novedoso. 
    En los años que los restaurantes de Segovia se caracterizaban por su cochinillo asado, partido con un plato como hacía Cándido, otro cocinero Jose María Ruiz se interesaba por como se podía mejorar el servicio del vino en su restaurante y presentarlo en botella, y a ser posible embotellado. Y ya que estaba puesto, servir su propio vino, yéndose a la zona con mas proyección en 1982, que no era otra que Ribera del Duero. Ya digo, sencillo.

    Los vinos blancos de Ossian los elaboraría con la variedad Verdejo en el norte de Segovia, (DO Rueda) con viñas viejas, algunas prefiloxericas y que estaban prácticamente olvidadas. Eso, antes novedoso ahora es la manera de empezar con buen pie.

    A la cata se acercaron Guillermo Cruz, que se hará cargo del restaurante que han situado enfrente del castillo de Peñafiel (Valladolid). Guillermo fue mejor sumiller de España en el 2014. Junto con un buen comercial de la bodega (no recuerdo el nombre) fueron capaces de presentar 8 vinos sin que la cata se hiciera interminable, teniendo en cuenta que explicaron la historia y viticultura de las dos bodegas. 
    Las tierras son de cascajos, piedra, dura para el crecimiento de la vid, pero excelente para provocar el estrés de la planta y que conseguirá la maxima concentración de sustancias y aromas. Entre estas sustancias, una acidez natural muy potente.

    Dicha acidez la pudimos saborear con los dos primeros vinos blancos, de Ossian, llamados Verdling (mezcla de Verdejo y Riesling), elaborados con asesoramiento de enólogos alemanes que les daban a los vinos unas características frutales, vegetales y de equilibrio en boca redondeado por la acidez. 

    En el primero llamado Verdling Trocken (seco) 2016 con 12º de alcohol, y el segundo, Verdling dulce 2016, con solo 8º de alcohol y 60 g/L de azúcar.
    Según comentaron, esta experiencia de Verdling se hizo entre 2012 y 2016. O sea, que catamos la ultima cosecha-experiencia. Para repetir, oiga.

    El siguiente vino, también blanco, el Quintaluna 2017, también de la variedad Verdejo es un vino de menor precio y mayor tirada, aunque su elaboración también es peculiar: 10 meses en total de contacto con lías y madera. 
    Un buen vino, con fruta madura y notas de lías,   pero es que el principio fue muy alto, y lo encontré un vino muy adecuado para comer, pero a mi parecer con mas presencia de madera de lo deseable.

    Se pasó a los vinos tintos, comenzando por el Pago de Carraovejas.
     Ya no se trata de la catalogación como crianza o reserva, solo el nombre de vino de parcela. 
     Este tinto del 2016, hecho con Tempranillo, y algo de Cabernet Sauvignon y Merlot, es un vino con mucha fruta, equilibrado y muy sedoso en boca.

    Luego, otra vez un blanco, un Ossian 2015. Los vinos Ossian los cate por primera vez en las que organizaba Jesus con su Terruño. Y me impresionó cuando lo caté.
   En esta ocasión el vino Verdejo Ossian 2015, se mostró como un vino muy serio, equilibrado, con gran acidez y frescura en boca.

   Otra vez un tinto.
   
   Cuesta de Las Liebres 2014, un vino con 24 meses de barrica y con un precio de mareo (casi 200 euros). Exquisito, con aun mucha fruta, sedoso, muy redondo, sin aristas. 
    
    Luego, un blanco.

    Capitel 2016, verdejo de viñas algunas con casi 200 años. La parcela donde se elabora es de arena con pizarra. La uva no se despallila y es una vino de calidad superior: meloso, muy sabroso.

    En este punto debo mencionar los platos consumidos, todos de acuerdo con los vinos. 
- Morrillo de atún,
- Solomillo al horno con salsa de zanahoria y tomate,

Hechos por Araceli.

- Salmorejo (o crema) de naranja, con su pan, aceite, ajo y vinagre.
Hecho por Gertru.

   El ultimo vino fue un tinto, El Anejon 2014, en una finca con las viñas en terraza. Un tinto mas rústico que el Cuesta de las Liebres, mas de terreno, con una fruta madura que sin embargo combinó muy bien con un postre de chocolate. 

   Como decían los representantes de la bodega, se trataba de embotellar el paisaje. 

Una muy didáctica cata, bien trajinada en sala y en cocina y con unos vinos de gran clase.
Si hubiera que resumir, creo que los blancos iban parejos a los tintos, y sin animo de ser extravagante, los blancos me parecían mas expresivos del paisaje que los tintos. 


    


















martes, 26 de marzo de 2019

Cata de Albariños con Pazo de Señorans

 David, el comercial de la bodega Pazo de Señorans, hizo una escala para mostrarnos vinos de su bodega, y por tanto Albariños de la DO Rias Baixas.

La bodega ocupa un histórico y precioso pazo en El Valle de Salnés, en Meis, provincia de Pontevedra. La bodega posee la mitad de las 50 Has. que maneja, y el resto son parcelas pequeñas de albariños emparrados. 

Tras comentar cómo la propietaria del pazo inició la elaboración casera de vino, para luego promover entre los viticultores la necesidad de agruparse bajo una denominación de origen, y llegar a ser la primera directora de la DO.

La variedad Albariño, por excelente acidez, ha permitido que los vinos de esta variedad envejezcan en los depósitos de acero, y que evolucionen sus notas florales y frutales situándose entre los vinos blancos nacionales con mejor prensa y valor.

Las fermentaciones se hacen con levaduras autóctonas.   En todo el proceso de elaboración incluyendo los trasiegos, movimientos de vino, se hacen empleando gas inertes.

Todos los vinos asombraron por su equilibrada, controlada, pero potente acidez y que gracias al trabajo con las lías hacía de los vinos una bebida refrescante, que en algunos casos llegaba hasta provocar la salivación. 

¡Suerte de contar con ese clima y esa variedad! 

Además en todos los vinos se apreciaba un ligero amargor al final, más notorio en algunos de ellos, por lo que la gama de sensaciones estaba asegurada.

Buenos vinos, bien hechos, con apenas notas de oxidación en el color de los vinos, a pesar de que se probaron vinos con varios años en depósito, o con varios años en botella. 

En cualquier caso, estas modificaciones en el envejecimiento del vino no afectaban a las notas aromáticas, de juventud, o frescor a los vinos.

Las notas que predominaban eran las de manzana verde, usando por pera, bollería, para los más jóvenes y en el último, un Albariño del 2001 que mostraba un fino aroma a mantequilla o lácteos.


Para placer nuestro, David nos realizó una cata vertical de los vinos de la bodega, 5 en total, comenzando en un joven del 2017 y terminando con un magnum del 2001 (del que quedan unas cuantas botellas, ¡gracias David!).

El primer vino fue el de la vendimia 2017, que ya ha estado en contacto en los depósitos con sus lías durante 5 meses. 

El siguiente del 2015, con 2 años en botella se notaba más afilado, más maduro y equilibrado.

Hay que indicar que se combinaron inicialmente los vinos blancos con mariscos, lo normal: ensaladilla de langostinos, unas exquisitas croquetas de quisquillas; pero que se pasó a combinar con platos de carne, como unos pimientos rellenos de carne picada, o bien directamente con trozos de costilla frita.

El vino del 2013 era el que estaba en su recta final y que hacía que fuera el más suave en boca.

Sin embargo, el vino del 2010 con 30 meses en depósito poseía toda la fuerza de un vino muy joven.

Por último, el de 2001 tenía un color amarillo limón intenso, con una acidez muy viva y notas a bollería intensas muy placenteras. Este vino estaba embotellado desde el 2006.

Para rematar se cataron dos orujos, uno el típico orujo incoloro, y el otro amarillento, con extracto de hierbas: manzanilla, cilantro e hierbaluisa, y con la mitad de azúcar de los orujos de hierbas conocidos. Bien ricos ambos.

Para rematar una frase del anfitrión Joaquín: "Cuando hay cata de vino blanco, nunca sobra vino en las copas, y los cubos están casi vacíos". En el caso de vinos tintos, recoge mucho vino sobrante.

Pues va a ser eso.



Y por cierto, que bien se ha quedado la obra en casa de Joaquín y Araceli: qué acogedores y lucidos son los apartamentos que han hecho.












 






























jueves, 31 de enero de 2019

Más vinos fortificados, Parte II, ... y vinos amarillos del Jura


La última cata que se ha hecho en la sede oficiosa de la Asociación de Sumilleres de Córdoba (casa Joaquín y Araceli) ha sido dirigida de nuevo J.M. Moreno y ha puesto fin a un repaso a los vinos fortificados, los vinos Marsala (Sicilia) y a otros vinos de crianza biológica elaborados en El Valle del Jura (Francia).

En particular, esta zona del Jura, por la que he pasado muy cerca, porque cuando he viajado en coche a Alemania a ver a la familia, paramos en Besançon, una preciosa ciudad patrimonio de la Humanidad, justo en la esquina del Valle del Jura, con unas colinas suaves, y en la ciudad con un montón de tienda de vinos, pero que nunca he visitado, y quizás en una próxima ocasión visite alguna, para ver de qué va. 

Esta cata ha sido sorprendente porque los vinos que tomamos se parecen a los de aquí, con sus diferencias, y que gracias a la recuperación de técnicas tradicionales están recuperando su antiguo esplendor, o al menos la gente entendida los conoce, y se venden a un buen precio.

Si se repasan notas de hace un tiempo, por ejemplo en el mundovino sobre los vinos  del Jura, en el 2003 se habla de estos vinos como rarezas y de pequeños productores, y como todo cambia, pues esos vinos y los italianos de casi otra época vuelven para ser conocidos.


La primera vez que caté un vino del Jura fue cuando estudiaba enología, allá por el 2002, y era un vino de Arbois. A todos nos sorprendió que en alguna zona de este mundo se hiciera también crianza biológica, en aquellos años en que aún no se había dado el cambio radical a estos vinos, y en que la moda de tintos, y con mucho cuerpo era lo que predominaba (hasta en Montilla-Moriles, que estaban pasándose a los tintos).

En cuanto a los vinos, los del Jura, proceden de pequeñas parcelas, y aquellos de crianza biológica (porque allí también los hay tintos, y blancos sin crianza), se elaboran con la variedad Savagnin, que es más aromática, de maduración tardía y sobre todo resistente a las enfermedades. Esto es importante, porque se trata de alcanzar un grado de madurez con suficientes azúcares, y aún a pesar de eso no se alcanzan los 15º de alcohol que por aquí se estilan.
También hay que decir, que ya hemos tenido alguna cata de vinos de Jerez, en los que la Palomino alcanza los 12,5º y además, se hace crianza biológica estática, sin escalas... justo lo mismo que pasa en los vinos del Jura.

La principal diferencia es que el velo (voilé) que se forma en las barricas no tiene el grosor que aquí, por lo que las oxidaciones están más garantizadas en esos vinos. El tiempo de crianza es 6 años y 3 meses, y al tener los vinos en la misma barrica, sin refrescar, el contenido va disminuyendo por mermas de evaporación, y se va concentrando. Solución: tienen una botella de 62 cl, de precioso diseño, llamada clavelín.

Vinos catados con crianza biológica:


- Domaine de Marnes Blanques, del Jura, con sólo 4 años de crianza biológica. Con mucha acidez, acetaldehido a tope, almendras. Era una aproximación a esto vinos.

- Le Roc de Anges (cerca de Perpignan, costa mediterránea) es un vino hecho con garnacha blanca y gris, macabeo y que ha tenido algo de velo. Menos ácido, mucho acetaldehido también. Extraño, pero más amable que el primero. A J.M. Moreno le encantó.

- Vine Jaune Marnes Blanques. Del 2011, con aroma a flor, levadura, más fino y equilibrado. Este vino tras un tiempo en copa aparecían aromas florales, curioso.

- Chateau-Chalon, del 2009. Algo más complejo que el anterior, pero me gustó más el anterior.

Y luego vinieron los vinos de Marsala, ya sí fortificados. Vinos que se pusieron en el mundo cuando en el siglo XVIII, con el descubrimiento por parte de los británicos de los vinos de Madeira, Porto, etc., un comerciante inglés pasó por la zona, y se dijo: aquí hay negocio. Los fortificó y se los llevó a su tierra. Tuvo éxito, y después fueron algunas familias italianas las que continuaron el negocio.

Hay que decir que la clasificación de estos vinos es muy particular. Por lo general, los vinos de Marsala se han hecho ex profeso para cocinar, mediante una técnica de cocido del mosto. Aunque sí existen otros vinos, de mayor calidad, ligeramente dulces, y que recuerdan a los vinos de Madeira.

Vinos catados de Marsala, ambos de la bodega Marco de Bartoli:

- Marsala Superior Oro, de 5 años y 18,5º de alcohol. Aromas a fruta seca, dulce y potente a la vez.

- Marsala Superior, de 10 años, con mucho más aroma a acetaldehido, más amargo y complejo.
Mi opinión de la cata. Que es bueno conocer otros vinos para conocer mejor los nuestros. Y que al igual que los nuestros hace falta un público entendido para que apreciar en su justa medida, porque el primer ataque en boca, con tanta acidez, sorprende.

En cuanto a la comida, como siempre muy bien. En este caso, Gertrudis se esmeró como siempre, con un rico solomillo ibérico sobre cama de cebolla y melocotón seco. También hubo caldo calentito (la noche lo pedía), bacalao dourado, flamenquín con salmón... y bizcocho con chocolate caliente para los vinos de Marsala. 

Una cata muy bien trabajada, instructiva y de la que se aprende un montón con los compañeros asistentes.