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martes, 15 de enero de 2019

¿Pero cuántos vinos fortificados hay? Y muchos sin saberlo. Parte I

Para aclarar tan urgente pregunta, José María Moreno nos planteó a la Asociación de Sumilleres de Córdoba una selección de vinos a los que se añade alcohol vínico con el original, por antiguo, objetivo de mantener la estabilidad microbiológica del vino. Y oh sorpresa, los vinos mejoraban y con el tiempo se han convertido muchos de ellos en la quintaesencia de zonas vinícolas o evocaciones de tiempos pasados.
 
Porque se trata de vinos viejos, con crianzas de al menos varios años, como mínimo 3 años con la particularidad de poder aguantar y evolucionar positivamente con los años. Son vinos de poco tiro en el mercado a menos que sea un cliente interesado en ellos, porque se trata de vinos con una limitada difusión comercial actual, pero que muchos hemos querido probar para saber a qué saben esos vinos que aparecían en las novelas de época.
El caso es que nos gustaron, al menos en mi caso, y que indican que hay un mundo vinícola paralelo, donde los grados de alcohol no asustan sino que por efecto del tiempo el alcohol apenas se nota, y le da una eternidad que no tienen muchos de los vinos elaborados sin estas adiciones de alcohol.

Como resumen de la cata celebrada en casa de Joaquín y Araceli, hay que decir que pocas veces ha salido tan redonda en cuanto a vinos y combinación de platos como ésta.

José María se trajo para esta primera parte de tres zonas: olorosos de Montilla-Moriles, Oportos y Madeiras.
 
Si a los vinos blancos terminados se les añade alcohol tenemos los olorosos tras años de crianza en bota. 

Si antes de acabar la fermentación de tanto vinos blancos como tintos se añade alcohol, la fermentación se detiene quedando azúcar residual, para continuar con crianza en madera o depósito, se consiguen los Portos

Por último, si a los vinos se les calienta a 50ºC y ambiente muy húmedo, durante unos meses, para continuar con barrica en madera tendremos los Madeiras

Es curioso que estos vinos que se llevan elaborando desde el siglo XVIII eran fruto de que alguien se daba cuenta que mejoraban con el tiempo, o como en el caso de los Madeira se trataba de reproducir en tierra la paliza que se daba a los vinos que viajaban en la proa de los barcos.

Tras la explicación de cómo se han elaborado y se continuan haciendo pasamos a la cata. Y aquí debo decir que el amigo JM Moreno lo hizo francamente bien. No habló. 
Nada de si: ¿apreciais esas notas a madera, a fruta en retrogusto, a yo que sé? Mejor.
Los vinos hablaban solos y aquí el trabajo de los cocineros puso las cosas en su sitio.

Probamos Tauromaquia y Maestro Sierra como ejemplos de olorosos con 19º, ambos de unos 15 años de crianza. El Tauromaquia mucho más vivo y ácido, el otro más suave y controlado.
 
Después vinieron un Tawny y un Late Bottled Vintage (LBV) de Niepoort, ambos con 19,5º. Buenos ejemplos de oportos, siendo el LBV un tinto muy bonito, equilibrado, aromático con aromas a guindas en licor. ¿Se nota que me gustó?

Por último llegaron dos Madeiras de la bodega Barbeito, de dos variedades blancas: Boal y Sercial. Estos vinos recordaban en aromas a los olorosos, con ligero dulzor. Curiosos.

Inicialmente estos vinos son complicados de buscar el momento de meterlos en una comida, pero esa noche los cocineros se lucieron.

Nos pusieron potaje de garbanzos, unas muy ricas y suaves espinacas con bacalao y piñones, un flamenquín con lomo, cecina y mozzarela (¡qué arte el chaval que se le ocurrió!), tarrina de foie con queso azul de leche de oveja de Diego, de la quesería Plazuelo.
Y para terminar bizcocho de almendras.

Una pasada, todo bien guisado y bien hecho que hicieron que los vinos se agigantaran y fueran pasando de mano en mano, y de copa a copa.

Hubo entre los asistentes varias caras nuevas, como Erik y Tracy, y muchas conocidas.  Y continuará el asunto de más vinos fortificados.
















lunes, 26 de enero de 2015

Festival de vinos en la cata de los Sumilleres

Hacía tiempo que por distintas razones no podía asistir a una reunión de los Sumilleres de Córdoba. Pero valió la pena la espera. El jueves 22 de enero 2015, nos juntamos un nutrido grupo a catar y hablar de vinos.
Parte de los vinos fueron amable y graciosamente aportados por Rafael J. Sánchez Polainas. El mismo los presentó y aportó anécdotas y valiosa documentación sobre cada vino. Es realmente un entendido en esta materia. Dos pertenecían a la bodega Ossian, del norte de Segovia y que aunque está en la zona de la DO Rueda, comercializa sus vinos como de la Tierra de Castilla; esta bodega se hizo un hueco rápidamente en el mundo del vino, gracias al trabajo de un reconocido enólogo de Ribera del Duero, Javier Zaccagnini, con vides centenarias.
El primero fue el Quintaluna 2013, hecho con viñas más jóvenes. Es de color amarillo limón y en nariz se nota la bollería indicando el trabajo con las lías. Después salen notas de fruta tropical, con buen y agradable retrogusto. Es ácido y ligeramente amargo. Es refrescante. Y su aroma dura y dura, y a las dos horas aún mostraba buenos aromas. Por el precio que tiene, 7 euros, lo buscaré.
Después se pasó al hermano mayor, el Ossian 2011, éste ya de vides prefiloxéricas y de agricultura ecológica. Fermentado en barrica de roble francés, con color brillante amarillo y tonos dorados, quizás debido a alguna oxidación. Es de aroma intenso, pero a mi parecer, la madera le gana a cualquier aroma y en boca es ligeramente ácido, sedoso, pero de nuevo la madera es lo que más se nota. Lo dejamos que se abriera pero no cambiaba mucho. A unos les parecía excelente, a mi parecer le faltaba el poder aromático fresco, complejo, de otras vendimias, y que recuerdo como de los mejores vinos probados. Pero éste no.
Pasamos a los tintos:
- con el vino de Ribera del Guadiana, Pago de los Balancines 2009 (Matanegra) (Tempranillo, Garnacha y Cabernet Sauvignon). Éste aportado por la Asociación de Sumilleres. Con 15,5º. Ha estado 18 meses en barrica. Color intenso cereza y algo de granate, con aroma a fruta roja madura y también de evolución, aromas terciarios: tabaco, torrefacto. En boca es suave, buen retrogusto, fruta de nuevo, algo astringente, pero que se va rápido. Es un vino potente y a la vez, contenido. Nos gustó.
- Los dos siguientes los presentó y trajo José María Moreno de la distribuidora El Terruño.
          PSI 2010, elaborado bajo las directrices de Peter Sisseck (Dominio de Pingus). De la Ribera del Duero. Con 18 meses de crianza, mucho color. Es ácido, ligero en boca, con astringencia muy controlada, algo se secante. Cuando por fin se abre este vino, en boca es muy potente, aunque en nariz cueste apreciar sus aromas. Creo que habría que haberlo decantado, porque este vino no demuestra fácilmente lo que lleva dentro, pero es un muy buen vino, de los que sirven apara acompañar una buena carne.
        Aalto PS 2012, otro Ribera del Duero, de un intenso y precioso color púrpura, muy aromático, con fruta roja y negra, nuez moscada, complejo, muy elegante. Es boca es suave con retrogusto a chocolate, torrefacto, mucha fruta, y una tanicidad muy controlada. Un vino delicioso, con muchas virtudes, y con mucha fruta ¿quizás excesiva?.
- El último vino fue una botella magnum también aportada por Rafael J. Sánchez y elaborada por la colaboración entre el Equipo Navazos y Niepoort, el 2010N con 12,5º, de Jerez. Hecho con Palomino fino y fermentado con técnicas modernas empleando los medios que se habrían empleado antes de que los vinos de Jerez se hicieran por los sistemas de escalas y soleras, como se hace ahora. Un vino con color pajizo, con aromas a orejones, naranja. En boca es algo salino. complejo en boca, pero todo muy contenido. Un vino curioso y sorprendente. Muy bien hecho para los pocos grados de alcohol que tiene y que ha estado en una bota con 1/5 parte de la misma vacía.
Para finalizar tomamos unas buenas tapas preparadas por los miembros de la Escuela de Hostelería y que forman parte de la Asociación de Sumilleres. Muchas gracias a todos por la buena compañía, buenos comentarios y por una animada e instructiva cata.