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viernes, 11 de noviembre de 2016

Cata de champán con Jordi Melendo

Por fin Rafa convenció a Jordi Melendo a que viniera a darnos una cata de champán en Córdoba ante un grupo de la Asociación de Sumilleres de Córdoba. Con la sala de la primera planta de Blanco Enea a rebosar para atender las explicaciones de Jordi.
Hasta ahora era Rafa el que había ido, ahora fue al revés. Y valió la pena.

Jordi es un gran entendido de éste y otros temas. Se le puede leer en artículos del mundovino o verema. 
Es periodista y buen divulgador, entretenido, cuenta anécdotas y eso que lleva ya más de 40 catas este año. Lo que se dice un profesional.

Nos juntamos en Blanco Enea, donde José María González nos atiende muy bien. Por cierto José María acaba de ganar el premio Talento Chef 4 Culturas.

Tras una breve introducción sobre la zona de Champagne, Jordi nos habló de las peculiaridades climáticas de la zona de Champán: 
- clima frío, lluvioso; 
- de las ondulaciones del terreno, para tener fácil escorrentía y más exposición solar; 
- de la composición de la tierra: básicamente tiza, tierras blancas, como las albarizas de Jerez y de Montilla.
- de cómo se trabajan la espaldera en las pequeñas fincas.

Estas tierras en su tiempo fueron un lecho marino por su salinidad y sobre todo por los restos de fósiles de trilobites y otros moluscos encontrados.

Es decir, una zona al norte-este de Francia, que ha tenido la peculiaridad de estar elaborando vino desde los romanos, que tuvo la implicación de monasterios para continuar la tradición y que consiguió, o ha conseguido, trascender a modas y establecerse como una de las zonas que mejor vino produce en el mundo.

Las variedades más empleadas en la zona de Champagne son Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Estas dos son tintas.

Champagne tiene una serie de peculiaridades: por ejemplo, la uva se paga a 6 euros el kilo.
  ¡Y entonces a cómo se vende el vino! Pues creo que se vende sólo. Hay 4.651 viticultores productores de su propio vino (vignerons). Las parcelas son pequeñas, con una producción de 11.000 kilos /hectárea (hagan cuentas, señores).


Tener una botella de champán es tener el sueño de que puedes conseguir algo mejor. ¿Y es mejor? Pues lo que probamos estaba francamente bien. Y los habrá mucho mejores.

Lo principal de la cata fue que apenas se habló de aromas, de recuerdos a, de sensaciones de,… y más bien de comprobar las diferencias entre los vinos tomados.

Los vinos fueron servidos con agilidad y prácticamente a la hora y media de charla ya los habíamos probado todos y conocíamos más de esta zona.

Todos los vinos en general tenían como notas a manzana, a levadura, a bollería.
Una lágrima ascendente de burbujas continua indicaba que teníamos en la copa vinos con una larga crianza con sus lías finas.

En cuanto a las percepciones:
El Lanson, mostraba una marcada acidez, el que más.

Lacombe, más a manzana asada.

Tattinger, a mi parecer el más dulzón (manoproteínas de calidad), equilibrado en todo.

Bourdaire Gallois, con 100% Meunier. Éste mostraba aromas tostados, avellanas, como más licor de expedición.

Henri Abele, ligeramente rosado, con las tres variedades. Con aroma frutales, levadura. Mostraba evolución de aromas con el tiempo y buena persistencia.

A mi parecer, el orden de los vinos en cuanto a preferencia sería: Henri Abele, Bourdaire Gallois, Tattinger, Lanson y Lacombe. O sea, casi lo que nos preparó Jordi. No sé si fue coincidencia, pero otros de los asistentes pensaban parecido, o casi.

A reseñar algunos datos:
El presupuesto de la Denominación de Origen Controlada Champagne destina mucho más fondos a proteger el nombre Champagne, sus falsificaciones, que a publicidad. 
Desde que en las películas desde los años 50 se visualizara que los protagonistas celebraban o disfrutaban del momento con su copa de champán, pues no ha hecho falta más que aspirar a poder probarlo.

Los platos preparados por José María acompañaron muy bien la cata, sobre todo la carne de abanico ibérico. Magnífica su maceración previa con miso y espléndido su punto de asado.
Como siempre Nuria atenta al servicio y al final José María fue convenientemente felicitado.



Como detalle, mirar el soporte del proyector. Y es que donde esté un buen corcho, que se quite lo demás.





























sábado, 2 de julio de 2016

En el Restaurante Blanco Enea echando unos vinitos


El restaurante Blanco Enea está junto a la iglesia de San Pedro y ocupa varias plantas de la casa. La baja, como lugar de tapeo o comida más informal y la de arriba, más reservada para las ocasiones bien por ser un grupo o por ser más destinada a restaurante.
Me han dicho que hasta la azotea se puede emplear para tomar algo, justo al lado de la iglesia, de la plaza de la Corredera y del río.
Pues allí nos juntamos un grupo de Sumilleres para tapear con José María González, en la cocina, y Nuria (tiene un seudónimo que no voy a decir aquí, claro, pero que hace justicia a su hacer). 

Y aún es sede de la Casa de Galicia, tal como aparece en un buen y reciente artículo.

Pues allí nos fuimos a comer, tapear, y tomar unos vinitos. ¿Muchos no? Pues sí, aunque algunos de ellos no los llegué a probar porque fueron aportaciones de muchos de los allí fueron. Isabel RB trajo tres botellas, entre ellas un magnum. Por tanto, no podré hacer comentarios de algunos, aunque sí de la comida y el ambiente general de la cata.



Empezamos con un buen cava Jané Ventura del 2009. Muy suave en nariz, con fuerza en boca por la acidez y mucha elegancia a su vez. Muy refrescante.

A esto que de la cocina llegó un plato muy sabroso. En particular me encantó. Un foie de conejo en escabeche. No paraba de servirme tostaditas, y al final cogiendo trozos. Cuando vaya por allí intentaré pedirlo de nuevo.

Las croquetas estaban muy sabrosas, bien hechas, caseras o sabor de donde se haga y se recuerde su sabor. Debo decir que mi madre se cansaba de hacerlas y no salían buenas, porque hay que tener paciencia. Mi suegra las hacía muy bien y en casa tampoco somos mancos. 
Entre otros vinos apareció una botella de Botani espumoso (de la zona de Ronda), hecho con la variedad moscatel, con 7º de alcohol tan solo, al estilo de los moscatto italianos. Este era una golosina de polvos pica pica. Así de fresco era.

¡Y había también pulpo! cómo no podía ser menos en la antigua casa de Galicia. Y debo decir que José María domina muy bien las patatas: en puré, fritas a trozos. 
El pulpo estaba muy tierno y el puré es una excelente idea de acompañamiento, en vez de la patata a rodajas. Se queda menos vistoso una vez que se empieza a comer, mas el coger con el tenedor ambos está muy jugoso en el paladar.

Y de aquí, el cochifrito, bien fritito, y sacado en una especie de cubeta de latón. Original presentación.

También sacó una, creo, carne ibérica a la plancha. Rica, rica…

Todos estábamos bien sorprendidos de la bondad de los platos que sacaron. 
Tengo una visita pendiente de hace tiempo, ya que Javi, mi vecino, hizo las prácticas en su cocina. Pero se fue y ahora sin compromiso queremos ir para que nos sorprenda la cocina de José María.

En cuanto a Nuria, trabajó a destajo y se movió con toda soltura por el poco espacio que le dejamos. Buena profesional de sala, como le gusta decir a Angel González.

Y por las fotos se puede comprobar que hubo buen ambiente y tertulia, aunque sólo con los de al lado porque todos hablando a la vez el ruido ambiente apantallaba cualquier conversación lejana.

Los mejores vinos, a mi parecer, fueron Embruix de Lluis Llach (Priorato), Lalama (Ribera Sacra). El primero era del 2004 y aún se mostraba pleno de sabor, potente, ya algo corto de aromas y con un muy buen color indicando que había buena materia. El tinto de mencía Lalama del 2011, un puro placer: fresco, a guindas, totalmente sedoso, una delicia.

Y el rosado de Federico Schatz, muy bueno. Excelente en nariz, golosinas a tope, en boca mucho más seco. 

Los tintos de Vetas, de la bodega rondeña, también  estaban muy bien hechos. Las variedades bien presentes: cabernet sauvignon, petit verdot y cabernet franc. Sabe ese hombre trabajar las uvas de una manera maestra.






































El cognac que trajo Enrique también una pasada. Que aromas más intensos.

Y en esto que hubo que irse porque era de rigor e íbamos bien rellenos de buena materia prima.
Buen verano a todos.