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sábado, 7 de abril de 2018

La Llave, tienda gastronómica, en la Espartería


¿La llave
Sí, el nombre de esta nueva apuesta para ofertar un modo diferente de tomar un aperitivo, o tomarse unas cervezas o vinos es muy sugerente.

En realidad en el local de la calle Espartería, no hace mucho estaba la tienda o almacén de Reto: repleto de muebles, trajes y demás, que daban a la calle un aspecto muy alternativo de ocasión.

Pero mucho antes fue sede de la ferretería La Llave y los actuales propietarios han sacado todo el lustre posible a estanterías, galerías y lo han dejado limpio y lustroso como un San Luis.

Uno de los socios es Mara de Miguel, espíritu inquieto donde los haya.

¿Que tiene de nuevo La Llave? En principio no se trata de un bar, sino una tienda por lo que uno se acerca a un precioso aparador refrigerado y contempla distintos y vistosos platos. 
Tiene además algunos sillones muy cómodos para pasar un buen rato, y que me recordaba al bar donde se sentaban los protagonistas de la serie Friends.

Se pueden pedir platos saludables, muchas ensaladas de cereales, y algún plato de raíz, como el humus de altramuces. En nuestro caso pedimos ese plato (que en argot popular se llama a los altramuces, chochos), y el nombre que se ofrece es en inglés. También pedimos un plato de origen libanés con base de frutos secos.


Hombre, para probar vale, pero si es para tapear hay otros locales con mejor oferta por el centro.
Tienen cerveza, artesana, marca La Judería. Pedimos la tostada. Este tipo de cervezas me convence a medias, y más como nos la sirvieron: del tiempo, nada de fría.

Mara, nos comentó que su local quiere sobre todo vender vino (...¡).

Parece que su principal linea de negocio será la de comprar vinos a granel. Y las estanterías están llenas de bonitas botellas vacías para que los que quieran se lleven su vino a casa.

Tienen ocho surtidores en los que servir copa o rellenar botellas. De cuatro variedades blancas y cuatro tintas: Albariño, Airén, Merseguera, Sauvignon Blanc;  Syrah, Monastrell, Souson y Mencía.

Aquí cambio de letra, por no haber recogido (por falta de información) otras novedades relevantes de la Llave y que no escribí en la primera versión del texto:
Detrás de los surtidores hay grifos donde sirven vermuts.
Su intención es ir cambiando los vinos a granel cada semana. Por ejemplo esta semana dispensarán vino tinto italiano Montelpuciano.
Por supuesto, también se puede comprar vino ya embotellado de distintas zonas de España, y de fuera también.

Como todo grifo, el gas es carbónico. Creo recordar que ya había una tienda en Bilbao que también servían vinos a granel, y que supuso una llamativa novedad.

Pedimos una copa de Albariño, y en este caso el carbónico aumentaba la sensación frutal del vino. Muy rico y sabroso.
Vino fino no tienen (¡), tan solo de tinaja, oloroso y amontillado.

Se pidió una copa de Oloroso, que a mi parecer estaba bien flojo, sin apenas aromas.

Y también pedimos unas cuñas de queso, elaborados en pequeñas y artesanas queserías: bien buenos los dos que probamos.

Aparte de los vinos venden también a granel legumbres, pastas, pero ya en la planta baja del sótano. 
Cuando bajamos me llegó el recuerdo del olor y aromas de la tienda de ultramarinos de mi abuelo en el pueblo de la Sierra Sur de Jaén, Castillo de Locubín: el de las mejores cerezas.

Se está imponiendo la tendencia o moda del granel. Por ejemplo la guía Peñín ha dado una muy buena nota a un tinto riojano,  envasado en bag-in-box, que además está por ahora a buen precio, y parece que ha escocido a muchos bodegueros.

Pero en mi caso cuando quiero algo a granel me llego al puesto de Manolo en el Mercado de Ciudad Jardín, el cual con su acento de Montalbán te vende las mejores legumbres, los mejores ajos, especies las que quieras ,y aceitunas del pueblo. Y a muy buen precio, por lo que animo a acudir a los mercados locales.

En resumen, esperamos mucha suerte al nuevo negocio, pero nop esperen un bar, porque no lo es, sino una tienda especializada en vinos granel. 
La decoración, el ajetreo de la calle, ayuda a que se pase allí un buen rato, y por ahora hay mucho movimiento de personal.



























domingo, 14 de febrero de 2016

Taberna Salinas en la Espartería (junto a la Corredera)

En una de los cruces de calles más bonitos de Córdoba se encuentra la Taberna Salinas. Baja uno por Claudio Marcelo (Calle Nueva), ve el templo romano, el cruce de calles y bajando los escalones hasta dar con Fernando de Córdoba, encontramos esta antigua taberna en la cortita calle de Tundidores y que se ha convertido en sitio de referencia de turistas y también, poco a poco dejada de lado por los de aquí. 
tomada de la web
Y es que ha pasado por varias etapas, la más conocida cuando Pepe (creo), el dueño con buen bigote te atendía a la entrada y llegabas a un lugar como se dice ahora con encanto. Con cuartos, para tertulia, más recogidos. Pero aquello se desbordó y era llegar con gente esperando en la parte de mostrador de vinos. Después el turismo y las guías, y en mi caso sin ir durante mucho tiempo.
La decoración la han cambiado y han decorado con cuadros y recuerdos de la ciudad. Y la han ampliado, con alguna nueva sala.
Todo esto ha complicado su trabajo, ya que una de las críticas más comunes, es que el servicio tarda, pero lo compensan de sobra con su atención y cortesía. Y sí que tardaron, sobre todo al principio en que venían dos camareros a preguntar qué faltaba y ninguno traía nada. Mas una vez acompasados, todos los platos llegaron raudos al igual que la bebida.

Una vez situados, la sala era suficiente de tamaño pero hubo que acompasar los hablares porque a la mínima hacíamos mucho ruido.
La carta es variada, con buenos y muy razonables precios y contando entre las sugerencias platos muy locales: naranja con bacalao, espinacas con garbanzos, garbanzos con manitas, sangre encebollada, etc. Además de los salmorejos, flamenquines, boquerones, etc, etc.

La naranja con bacalao no estaba mal, pero  apenas si tiene todo el sabor que se le puede sacar a ese plato, ¿cómo? pues añadiendo más aceite del bueno, no dejando al bacalao completamente desalado para que haga contraste con el dulzor de la naranja, y que la naranja sea más ácida, y si puede ser añadiendo un poco del zumo de la misma para que se pueda mojar. Y para rematar un poco de cebolleta fresca por encima ¿O sea me gustó?  Pues no.
La espinacas si estaban como deben ser, un guiso que casi nunca falla.

Después llegaron unos boquerones aliñados, pero poco aliño tenía, mas estaban bien fritos y ricos, y como se ve abundantes. 
Las setas si estaban en su punto con buen aliño de perejil. 

Después se remató con unas manitas. Hubo bastante risas con lo de la casquería, que si hígado no; y sangre, menos todavía. A nosotros nos gusta la sangre encebollada, pero no se pidió.
Lo que sí fueron pedidos eran dos platos de manitas. Lo dicho, si no quieres café pues dos tazas.
Y los que vetaban la casquería, pues flamenquín.
Las manitas estaban muy ricas, bien hechas con la grasa bien eliminada y quedando todo trabado para aplicar con esmero el pan para limpiar el plato.

Y el flamenquín, bueno, bien hecho con carne de calidad.

En cuanto a la bebida, empezamos por el fino que era de la casa. Ellos lo envejecen. Y aunque olía algo raro, ya que estaba bien frío, en boca se notaba mucho más un extraño olor resinoso, o barniz. Y cuando se calentó entonces se notaba más el defecto. No nos gustó, y algunos de los ocho pidieron más. Así que cambiamos de color de vino.

Pedimos entonces tinto. Trajeron una botella de Vivanco 2011. Ese vino riojano, bueno fue el de 2012 el que probamos hacía poco en Garum y estaba exquisito. ¿A qué la diferencia? En Garum el vino venía a su temperatura, y de momento mostró una gama amplia de aromas que a todos nos gustó, pero en Salinas la botella la traían muy fría. Y cuando se calentó empezó a mejorar, poco, pero casi  estaba la botella vacía.

La segunda botella pedida fue Lagunilla, con 80% tempranito y el resto garnacha. Este tinto también riojano, estaba peor que el Vivanco. También llegó muy frío, y en esta caso, era apenas aromático, la garnacha apenas se notaba... y tampoco el tempranillo: mucha madera y algo secante.

La cuenta, a 20 por persona, sin café o postre. Ellos nos obsequiaron con una copita de Pedro Ximenez, muy sabroso, negro, exquisito. El mejor vino sin dudar.


En resumen, un sitio que es agradable de estar, con encanto… aunque antes más, porque han decorado o pintado marcos de ventanas de un dudoso estilo cromático.
El personal muy profesional y agradable. Los platos en general bien hechos y a buen precio. La bebida ya es otra cosa, sobre todo cuando en otros sitios de Córdoba tratan mejor al vino. 
Es un sitio recomendable, en el que poder comer cocina local a precio razonable, pero parece haberse quedado atrás con respecto a los muchos restaurantes que hay en la ciudad.