Mostrando entradas con la etiqueta Delirio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Delirio. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de octubre de 2015

Cenando en el restaurante ReComiendo

El viernes 9 fuimos parte de la familia (faltaban tres miembros de ella) a cenar al restaurante ReComiendo. Tenía ganas de visitarlo porque me habían hablado bien de él, gracias al trabajo de Periko Ortega y su equipo. 

Aunque algunos comentarios indiquen que no les gusta el sitio, hay que decir que es un restaurante situado cerca de una de las zonas de esparcimiento de la ciudad, y por tanto, con buenos paseos una vez terminado de comer (hay otros buenos restaurantes que se encuentran en zonas menos vistosas que éste).

La decoración del local es clara, acogedora y moderna. El local es espacioso entre mesa y mesa porque tal como se desarrollaba la cena, los camareros necesitan sitio para poder moverse con comodidad.

Diez pases, en que algunos eran simples bocaditos y otros eran como media ración, por lo que al final se cena de sobra.

Diez pases significa también que el camarero entra y sale al menos veinte veces de la cocina, y en otras es el propio Periko el que sale también para comentar el plato. Como casi todas las mesas estaban ocupadas, los camareros entraban y salían frecuentemente y resultaba como un corral de comedias tanta entrada y salida, más que otra cosa porque estábamos enfrente de la cocina. Puede que sea divertido, pero la impresión es que iban con mucho trasiego.






Para empezar, todo trata de sorprender y ser divertido. Cuando puso el vaso de cerveza, no estaba atento y pensaba que se caería, pero no, era así el vaso.

De entrada ponen en la mesa un surtido de aceites de oliva virgen extra, de los mejores que se elaboran en esta tierra. Está el exquisito Venta del Barón (de Mueloliva, en Priego), y otros aceites más suaves, por lo que los camareros nos recomendaron que no abusáramos del aceite y el pan, que acabaríamos repletos.

Y pasando a la carta, aunque hay platos en ella, según nos dijo el camarero el 90% de los comensales iban a probar el menú degustación, el de diez pases; y en particular escogí el maridado, ya que le acompañaban cinco copas de vino, siendo andaluces la mayoría de los vinos que entraban. Eso está muy bien, aunque la mayoría ya los había catado. Y la carta de vinos es completa, con vinos de distintas zonas, bien surtida y sobre todo, muy bien de precio.

Otra impresión es que tratan de hacer juegos con los platos elaborados, tal como mostraré.
Además de la cata de aceites de oliva virgen extra de entrada, y que retiraron cuando habían servido varios pases, nos pusieron unos chips con crema fina de sardinas.



Para empezar un bocadito esferificado con aspecto dorado.  
Era salmorejo dorado. Primera sorpresa: delicado y con un sabor muy ligero.

El vino de entrada, fino de Montilla, de El Lagar de Blanco, de Miguel Cruz. Un fino muy suave, ligero y que combina, a mi parecer, con entrantes variados.

No tengo foto del chicharrón de bacalao con mayo de lima
Es piel de bacalao frita a modo de chicharrón, muy breve, y nos pareció con poco sabor.

Un plato original y de la tierra, al menos en la preparación del boquerón. 
Boquerón en vinagre y decorado con naranja y cogollo ( guiño a cogollo cordobés) con gelatina de PX.



El siguiente vino, el rosado de 2014 de la Bodega Muñana, un rosado de esta bodega granadina, que cuando lo he probado de otros años me ha parecido corto de aromas, pero en esta ocasión me convenció y era fresco en aromas frutales.














Un plato bien original.
Bocadito de salchichón.
Con crema sabor de salmorejo, sin color del tomate y había que meter bien la cuchara para arrastrar el salchichón que había en la base del vaso.




Corte de foie (guiño al corte de helado)

Este plato me pareció muy bien hecho, el foie era casi una crema por su textura y con mucho sabor.



Y empezaba a subir poco a poco el nivel.

Gamba de garrucha con ajo tinto (homenaje a mis inicios).

La gamba roja contrastaba con el caldo ácido, con distintos tropezones de colores que se podían encontrar: una delicia.
Aquí fue cuando ya empecé a terminar los platos de mis acompañantes.



En cuanto a los vinos, el siguiente fue un blanco Riesling con crianza, del cual no me enteré su origen. Al menos en la botella aparecía una dirección de Sevilla. No me convenció ese vino, sin apenas aromas y en boca muy plano, con poca acidez.

El camarero muy atento nos sirvió más rosado.

Arroz meloso de ortiguillas con ventresca de pez espada, de Albacora.
Un plato muy bien elaborado. La ventresca tan sólo tenía un ligero paso por la plancha, y el arroz bien sabroso.
La salsa alioli, pecaba y mucho de poca cantidad, porque el plato debería traer más.


De nuevo, para sorprender, los cubiertos con los que nos preparaban para la carne.






Y que fue,
Costilla ibérica del Valle de los Pedroches con salsa barbacoa y que se podía regar con una salsa que contenía ron entre sus ingredientes, según Periko.

Melosa, delicada, y que puede no ser del agrado de otros, pero que de nuevo me serví del plato de los demás.

Le acompañaba un tinto de Ribera del Duero, cosecha 2014, servido a su temperatura, aunque era un vino discreto.

Aparte de la carta y del menú degustación, una tabla de quesos muy variada, desde quesos tiernos hasta acabar con queso azul. 
Los nombres los dio Periko, para mi desconocidos y tan rápido que no los puedo mencionar. Se acompañaba de mermeladas varias.



Entramos en los postres.
De vino, Al Fresco, un tinto con uva sobremadura elaborado en Almargen (Málaga) por la bodega Fontalba Capote. 
Un tinto agradable de tomar de postre, y que su actual enólogo conozco ya que empezó y terminó sus estudios de Enología en Córdoba.

Frigopie versión 2015

Como se ve una bola de aroma a fresa, con tropezones dulces: pura diversión y en la que ya el público asistente estaba entonado y las risas salían espontáneas con las ocurrencias de los platos, y de los vinos ya tomados.






Por último, otra sorpresa.

Nocilla, crema blanca y de chocolate, para rebañar



El servicio de este postre lo amenizaba un bote con sonido y que nos recordaba la canción de Nocilla, … leche, cacao, avellanas y azúcar…


El precio por persona de la cena salió a 50 euros. Realmente salimos bien repletos en cuanto a comida. 
Como prueba de algo diferente vale la pena pasarse por el Recomiendo. Pocos sitios tienen un menú degustación con 10 pases por ese precio, incluyendo los vinos.
Creo que donde fallaba un poco era en los vinos del menú: algunos muy bien escogidos y otros no tanto, sobre todo si uno ve la variada carta de vinos. Pero claro hay que ponerse de acuerdo en el vino, y eso a veces no es fácil.

Una verdadera sorpresa y un lugar donde se come realmente bien. 



sábado, 31 de enero de 2015

Vinavin, Amigos del Vino y el Vinagre: un proyecto para que crezca

El jueves 29 me acerqué a Tabgha para una cata maridaje organizada por Vinavin.
    Por partes, Vinavin ha nacido del empuje de Rocío M., Eu C., Alfonso de C. y M.I. López, y aunque la información inicial parecía estar amparada por la Diputación no es tanto como parecía. La Diputación ayudará en la organización del Primer Concurso Mundial de Vinagres, a celebrar en Marzo.
La idea de Vinavin es acercar el mundo del vino a amantes o amigos del vino, entendidos o no, con el cenas como las del jueves. Y allí me encontré con otros conocidos que hicieron la cena muy agradable.
Los asistentes deben ser socios, aunque ahora en su inicio aceptaron también a no socios con el fin de conocer la asociación, como funciona y pasar un buen rato.
Tabgha es un proyecto de Solemccor, la empresa de inserción de solidaridad y empleo de Cáritas en Córdoba (y que vemos en los camiones de recogida de papel), y que han montado un buen Restaurante Escuela en Ronda de los Tejares 16 (pasaje, el de PicNic o Cazorla). La palabra Tabgha podría venir de Taberna Gastronómica, pero en realidad es por el sitio donde debería hacer sucedido la multiplicación de los panes y los peces, según el Evangelio.
Es un local luminoso decorado en blanco, como se lleva ahora, y que resulta elegante y agradable.
En cuanto a la cena maridada o cata con cena, estuvo bien; aunque hay que decir que la comida ganó claramente a los vinos que tomamos. Es un lugar que puede tener éxito por sus fines, por la calidad de la comida y su reducido precio. Los platos que tomamos eran por un total de 15 euros, excelente.

Calabacín relleno de setas y jamón, que se combinó con el blanco Fideles, verdejo del 2013. Un vino de Rueda, con aromas florales, media intensidad y con buena acidez, agradable en boca: un vino para el tapeo.
 De segundo, un estupendo lomo de merluza el hinojo, bien hecho, en su punto, fresco y sabroso.
Se acompañó con el Delirio rosado 2013 (VT Norte de Granada) que se vende bastante, pero que a estas alturas está ya agotado con pérdida de aromas frutales, y regular en boca.

 Después la carne, que era jarrete de ternera estofado que se tomó con tinto Cabernet Sauvignon 2009 de Cristina Calvache (VT Ribera del Andarax, Almería). Esta bodega hace buenos vinos, y ha conseguido bastantes premios. Es un tinto con mucho color, aromas frutales y en boca retrogusto herbáceos, pero se podría decir que estaba en decadencia. He probado vinos exquisitos de Cristina.

Para finalizar tomamos unas fresas laminadas con menta y acompañadas de un toque de vinagre y azúcar moreno. El dulce PX de Bodega Toro Albalá, un vino de añada, muy denso, dulce, con aromas a dátiles y orejones. Muy rico.
Para terminar la cena los responsables en cocina de Tabgha y de sala fueron debidamente homenajeados por los asistentes porque se cumplió el proverbio de los panes y los peces. El precio de la cena, 20 euros.
Una noche agradable y entretenida.
La asociación cuenta con 50 socios, y no 500 como apareció en la nota de prensa de la I Cata Mundial de Vinagres. Está en fase crecimiento y cuenta en su haber con varios profesionales de enología de reconocido prestigio. La parte administrativa la lleva Alfonso, y en éste caso fue él el que recomendó hacer la cena en Tabgha.
Los protagonistas de la cena
Toda la infraestructura me recuerda a los tiempos en que funcionaba el Club de Cata Aderramar, y que creo, dejó buen recuerdo a muchos amigos que se acercaron al mundo del vino, gracias al grupo de formamos Inés, Paco, Lupe, Joana, Jesús, Esteban, Iving, otros más y yo mismo. Llevar un grupo de cata, como éste de Vinavin, supone un esfuerzo tanto en tiempo como en buscar nuevas ideas que llamen la atención a quienes se apuntan a sus actividades. Y si no, que se lo digan a Antonio Flores y su trabajo para reunir en una mesa de cata a los socios de la Asociación de Sumilleres de Córdoba. A todos ellos, cada uno en otra ocupación, mi reconocimiento por dedicar el tiempo en organizar grupos de cata, porque sí, porque encima a uno le gusta juntar en una mesa a un grupo de amigos hablando de sus cosas mientras que sorben/beben/liban/pimplan/copean vino de la copa (¡qué grande es el wordreference y sus sinónimos!).












jueves, 16 de octubre de 2014

Comer en La Tortuga

Ya estuvimos en la Tortuga probando su tortilla, pero en esta ocasión coincidimos para comer. Es un sitio agradable, con buenos ventanales que dan vida a este céntrico local y que mantiene entretenido al personal presente.
La decoración es agradable y hay las mesas justas para que se pueda estar cómodo en la Tortuga. La carta es variada aunque corta en cada una de las secciones que la componen.  En particular pedimos la tortilla, jugosa, pero otras veces la hemos probado mejor, pero de muy buen nivel. Y a buen precio la cuña.
Después pasamos a la especialidad de la casa, los hojaldres: de salmón, de espinacas, ... cayeron varios. Y para terminar, los cuscús. No conocía que los hicieran, y se pidió uno de pollo y otro de cordero. Estaban curiosos, ricos, diferentes, pero no sé, me gustan con más cuscús y menos complemento. Servido en la mesa los platos son bien vistosos.
De bebida, en mesa sepusieron los tres tipos de fino que disponen: roble ecológico, el Peseta de la Asociación de Plateros y el Cancionero. Como se ve en la foto, los tonos de los mismos son bien distintos. A mi gusto, el más equilibrado el Peseta.
También se pidió tinto Delirio de Bodegas Muñana, un joven multivarietal sabroso y aromático, perfecto para los platos ligeros que en La Tortuga sirven.
Este es un local que gusta, es simpático y con buen rollo. La cuenta, estabamos ocho y con las consumiciones y el postre salimos a quince por persona. No está mal, salimos saciados, aunque reconozco que no es para todos los días. Relación calidad-precio, bien (sobre 10, un 7,5)