Mostrando entradas con la etiqueta Bernardo Lucena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bernardo Lucena. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Buenos vinos nuevos de Alvear. ¡Y dicen que son como los de antes!

Cuando pensábamos que los vinos finos estaban empezando a ponerse de moda, en eso que llegó Bernardo Lucena con sus nuevos vinos: las 3 Miradas.

Este verano tuve la suerte de pillar en plena faena a Bernardo en el Lagar Las Puentes, en la Sierra de Montilla, y allí me mostró el superlío en que estaban metidos en Alvear elaborando ya en su segundo año unos vinos que se harían fermentando en tinaja.

- Pues eso ya pocos lo hacen... eso era antes.
- Ya, pero a las tinajas les hemos puesto placas de frío.
Vaya control.
- Y se ha recogido la uva con 11 o 12 grados de alcohol probable. ¿Para vino joven? Bueno, más bien vino de tinaja.
- Y a una parte se le está haciendo maceración de hollejos. También en frío. Los tanques de poliéster se han tapado casi herméticamente de plástico para conservar el ambiente anaerobio. Después que quitar los hollejos fermentarían en tinaja
Como dirían Les Luthiers..., eso es tacto.

En resumen, una pequeña revolución y en la que los enólogos de Envínate y varios técnicos andaban mimando y controlando esos vinos. 

Las uvas procedían de cuatro pagos de la Sierra de Montilla, con viñas de al menos 50 años y con poda en cabezo, muy bajas, de forma que los pámpanos taparan los pocos racimos y tuvieran una óptima madurez. Eso es vista.

Lo que probamos en casa de Joaquín, y organizado por la Asociación de Sumilleres de Córdoba, fueron 7 vinos del 2016, de 3 parcelas, y de cada una un vino de tinaja y otro con hollejos que han pasado un año en tinaja.

La clave de que no hayan necesitado estos vinos encabezar con alcohol, es su acidez: del orden de más de 5g/L. Tampoco tienen hecha la maloláctica. 

El resultado fue sorprendente. La variedad Pedro Ximenez da grados, kilos, aguanta bien el calor, pero lo que es aromas, pocos.
Si uno espera algo conocido en estos vinos, se equivoca; se buscaba la influencia del terreno, del pago, de la orientación de la viña y se notaba. Nada de uniformidad. Eso es gusto.
 
Los vinos se llaman 3 miradas, en botellas como las antiguas. Etiqueta limpia por delante y con buenas explicaciones detrás. En total 7 vinos más un PX de añada.

Los vinos del Cerro Macho eran muy ácidos y frescos, y con hollejos, el vino se hacía más sabroso y equilibrado.

Los vinos de la parcela El Garrotal parecían menos ácidos, más glicéricos. De nuevo, el vino con hollejos era más potente, pedía un buen plato para disfrutarlo más.

Los vinos de La viña de Antoñín, fueron los que más me gustaron. Más vibrantes en boca, matices herbáceos. En suma más aromáticos que los otros. Siguiendo con Les Luthiers, eso es olfato.


Sin embargo, el más completo fue el llamado Vino de Pueblo, preparado por mezcla de los otros hasta llegar a un consenso. Tenía un retronasal frutal, un vino suave, al final algo amargo, fácil de tomar.

Esta denominación como Vino de Pueblo, aún no recogida en la DO Montilla-Moriles, es toda una declaración de intenciones al sugerir un vino como los que se han hecho siempre. Del año y para todos los públicos.

En resumen, unos vinos diferentes. Y por tener pocos aromas florales o frutales, no son vinos sencillos. 
Más bien son vinos de autor, casi de obsequio por su esmerada presentación.
 Habrá que esperar cómo han evolucionado estos vinos en las botas, y cómo han resultado los experimentos en las tinajas con las uvas del 2017.
Pero eso será otra historia.

De las cosas del comer que nos pusieron en casa de Joaquín, Araceli, su mujer, nos obsequió entre otras cosas con unas croquetas de camarones y quisquillas que quitaban el sentío. Y el alioli con tinta de sepia que las acompañaba, era para echarle un cante allí mismo.

Otra buena noche de cata, en la que Bernardo (nada silente) hizo fácil la charla y degustación de los vinos.

Por último, bonito el detalle artístico de Joaquín decorando las botellas con lucecitas.








martes, 19 de mayo de 2015

Comparativa de vinos de Montilla-Jerez-Manzanilla, 1ª parte


La Asociación de Sumilleres de Córdoba siguiendo con las catas formativas ha tenido la suerte de celebrar una sobre los finos y las manzanillas de la mano de Bernardo Lucena, enólogo de la Bodega Alvear y también miembro de esta Asociación. Todo ello empleando las instalaciones de El Taller de tu Cocina, y con Miriam y Olga organizando todo.
La diferencia entre finos (de Jerez y/o Montilla) con las manzanillas (Sanlúcar de Barrameda) es un tema en el que hay mucha literatura e interés por lo que lo pertinente es catarlos. Y ésta fue el trabajo de esta cata.
A continuación se muestra la crónica escrita por Isabel Calvache, miembro de la Asociación de Sumilleres de Córdoba, y una entusiasta trabajadora que ha sido premiado recientemente por la AJE (Asociación de Jóvenes Empresarios de Córdoba) como uno de los emprendedores del Año en Córdoba.
 
Comparativa Montilla-Jerez-Manzanilla (I)
 
“Finos y manzanillas”
Bernardo Lucena en El Taller de tu cocina, 18-5-2015

Interesante charla con presentación en powerpoint explicando las diferencias entre elaboración biológica y oxidativa o tradicional y entre elaboración de finos de Montilla y Jerez y manzanillas de Sanlúcar. 
Así, la “sobretabla” jerezana y sanluqueña es el tiempo que pasa el vino cuando se encabeza (en torno a 1 año), antes de volver a clasificarlo. Por esta razón, por ley los finos de Jerez tienen 3 años de crianza y los de Montilla solo 2. También está la clasificación de vinos de alta y baja graduación, que solo tiene sentido en Montilla, donde no se encabezan los vinos. Aprendimos que, en las 3 zonas, los vinos de mucha venta tienen 3-4 trasiegos anuales mientras que los de poca venta 1-2.
 
Se concluyó que con la demanda actual de vinos más delicados o recortados, y sumando a ello la tendencia de homogenización de los últimos 10 años han erradicado ese distintivo jerezano que era el “chero” (del  portugués “cheiro”, sabor intenso y desagradable, aplicado por ejemplo a la carne de chivo viejo y que en Jerez era sello de la casa de La Ina) y hace, hoy día, difícil distinguir entre finos de Montilla y Jerez y las manzanillas. 
 
La cata:
1. “Mosto” de Bodegas Alvear, Montilla (en Andalucía, vino fresco o joven que servirá para refrescar las criaderas). Cosecha 2014, sacado del depósito el 18/05/2015. 15,5% alcohol muy bien integrado. Intenso aroma a manzana y muy glicerinoso, ambos distintivos de un vino joven que aún no conoce la levadura activa del sistema de solera.
2.     Manzanilla La Guita, de Bodegas Hijos de Rainera Pérez Marín, Sanlúcar. Prototipo de manzanilla comercial sin defectos pero sin grandezas: nariz poco intensa y fácil y fresca en boca, hecha expresamente para llegar a un amplio abanico de consumidores.
3.     Manzanilla La Gitana, de Bodegas Hidalgo, Sanlúcar.  Posiblemente la manzanilla más vendida. También tiene perfil comercial pero con mejor nariz y boca que la anterior. Bernardo cree que pasa menos de 5 años en el sistema de solera.
4.     Fino CB, de Bodegas Alvear, Montilla. 5-6 años en sistema de solera. Prototipo de fino montillano, más carnoso en boca que las manzanillas anteriores y menos intenso en nariz que Tío Pepe. El más pálido porque seguramente lleve menos tiempo embotellado que los demás.
5.     Fino Tío Pepe, de González Byass, Jerez. Unos 5 años en sistema de solera. Uno de los grandes, prototipo del buen hacer jerezano. Limpio y brillante. En boca seco y largo.
6.     Fino Lagar Blanco, de Lagar Blanco, Montilla. Su creador, el “poeta del vino” Miguel Cruz, dice que pasa 7 años en el sistema de solera. Es sin duda el más intenso en color de los 6 vistos. Espectacular final de almendra amarga. Unos 6€ en bodega. 
7.     Fino Capataz, de Bodegas Alvear, Montilla. 9-10 años en sistema de solera. Responde al deseo de la bodega de hacer producto especial, un seguimiento de la evolución y decadencia de la flor en determinadas barricas, en la línea de las manzanillas pasadasa. El dorado que va tomando notas caobas y las exquisitas notas amontilladas son testigo de que la levadura solo se activa en esta solera en algunos meses al año. Se anuncia en amontillado. El más laureado. 12€ en bodega.
 








El maridaje: 
         1. Croquetas de jamón, rabo de toro y tinta de calamar. Las notas dulzonas de la tinta del calamar casan muy bien con el Capataz. En general, van muy bien con todos los vinos catados
        2. Salmorejo con mango, amontillado, curry tailandés y sal de habanero –le faltaba a los finos estar más fríos para que maridaran mejor con este plato de alta acidez al que faltaba cierto equilibrio.
       3.  Carpaccio de atún, aguacate, brote de rábano y aceituna seca. Las notas decadentes del aderezo japonés fueron el mejor amigo del Capataz.


        Esperamos expectantes la segunda parte de esta cata comparativa donde veremos manzanillas pasadas y amontillados. Gracias a Bernardo y al equipo de El Taller de tu Cocina.  

       Para concluir, hay algunos foros interesantes donde se ha discutido sobre las diferencias entre finos y manzanillas. Recomiendo para quien le interese éste en particular de verema que comenzó en 2007 y aún continúa recibiendo aportaciones. Resumiendo viene a decir que en las manzanillas pueden aparecer más marcados toques salinos y en los finos más glicéricos. Y comentando la aparición de vinos más complejos, más intensos y genuinos de la mano El Equipo Navazos que ha hecho que las bodegas vuelvan a presentar partidas de vino más seleccionadas, en las que el espíritu genuino de los finos se muestra claramente.