miércoles, 28 de febrero de 2018

Disfrutando a tope con Willy Pérez de la vitivinicultura de ida y vuelta, y sus vinos

Quien sabe sabe, y si además lo comunica tan correctamente a la audiencia como lo hizo en la última cata Willy Perez, queda una sensación de haber participado de una noche especial hablando y catando los nuevos vinos de Jerez.

Ya han pasado por la Asociación de Sumilleres de Córdoba cuatro jovenes pujantes de Jerez: Armando Guerra, Ramiro Ibañez, Alejandro Narvaez y ahora Willy Perez.
 
¿Cuatro? Y habrá muchos más. Debe ser un placer estar una semana alrededor de ellos, oyendo, yendo de acá para allá, aprendiendo y sintiendo el empuje de lo nuevo, y bien hecho.

Hijo de Luis Pérez (enólogo que fue de Domeq y catedrático en el grado de Enología en Cádiz), y con la historia familiar alrededor del vino, el proyecto que tienen es conocido por muchos por el tinto Garum. La plantación comenzó en 2002 y emplearon variedades foráneas, como Petit Verdot, Syrah, y ya en 2011 plantaron la Tintilla, de Rota. Aparte de Palomino y Pedro Ximenez a las que se dedica la mayor parte de Jerez. 
El comentó que se han perdido al menos 43 variedades autóctonas andaluzas, y algunas se trata de recuperar en el Rancho de la Merced en Jerez.

En la cata coloquio monologo de Willy se refirió a la historia de los gremios de Jerez en 1750, antes de la llegada de Juan Haurie, y que inició la saga d Domeq: viticultores, bodegueros, almacdenistas. El rompió los esquemas haciendo piña con otros y enfrentándose al Duque de Medina Sidonia, con el fin de hacer ellos todo el proceso. ¿Con qué fin? Como conocían los terrenos, cómo hacer vino, cómo venderlo, envejecerlo, para sacar el máximo de rendimiento económico. Según estudios historicos, en Cádiz comenzó el capitalismo antes que en Manchester.

Para quien le interese, Willy y Ramiro han escrito y está a punto de sacar el libro Las añadas en el Marco de Jerez -Los sobrinos de Haurie-.
Porque se han leido todo lo que ha caido en sus manos sobre los vinos de Jerez y la historia que los rodea. 
A modo de resumen anectorario: 
Willly viajó a Australia para formarse en la vitivinicultura de climas cálidos, en los que los australianos nos ganan por goleada. La mejor zona es la de Barosa Valley y una finca de calidad superior es Tintilla State. Cuando volvió a Jerez, comprobó quee esos nombres se los puso un inglés que quiso aprender lo máximo de la enología de mayor prestigio en aquel ttiempo (1835), con Domeq: pagos de albariza de calidad, plantación en fincas controladas, podas, etc. Y resulta que los nombres anteriores hacen referencia a la playa de la Barrosa y a la Tintilla, que perduró en los terrenos arenosos de Rota del ataque de la filoxera. Y que en el siglo XX sólo conservaba una parcela la Bodega El Gato, en Rota, como un recuerdo, del que han cogido  todos las yemas para propagar esta variedad.
 

Actualmente ellos recogen la uva en varios pases, algunos con vendimias nocturna: aclareo de uva verde (con unos 10º) para brandy; uva madura, para finos; aún más madura, para oloroso y sobremadura para dulces de Jerez o raya. 
Antiguamente la clasificación era: Palma (fino)-Cortado-Raya (dulce)

Pasando a los vinos.
- El Muelle, del 2016, Pago Carrascal, Palomino fino, 14%. 
Esta finca ya se recoge como viñedo en 1414; sí 600 años antes. Un blanco con mucha fruta y floral, eso sí más bien ligero en boca. Vino hecho con un 20% de uva asoleada para dar más grado al final. 
Luis prepraró verduras con Setas y aliño Thai.
Muy armónico en boca, goloso.

- El Triángulo, del 2014, hecho con Tintilla del pago Balbaína, cercano a la costa, 14%. 
Con fruta roja, un vino sencillo, 5 meses en barrica, con equilibrio y una fresca acidez: característica de esta variedad.
La cuñada de Antonio F. preparó unos exquisitos pimientos rellenos. A sus pies, señora.
 
- Tintilla, de una finca más calcárea y más altura que la anterior. 
Un vino con 8 meses en barrica, más complejo, pero también ligero de persistencia en boca. Al tener la fermentación un 20% de racimos enteros, el vino es más afilado, más atlántico ya que recuerda a los vinos del norte.
Se tapeó con lomo de cerdo ibérico.

- Fino La Barajuela, del 2014. Pago El Corregidor. Uvas palomino recogidas en el tercer pase de vendimia, y con asoleo. El vino tiene 16%.
Fermentación en bota sin desfangar para que haya contacto de hollejos, semillas, resultando al final el vino naranja. 
Con apenas crianza biológica. Un blanco con muchabfruta madura, más ácido, color atrayente al máximo (espectacular se podría decir).
Araceli nos deleitó con bocaditos de pringá de torreznos y bacalao. Ella decía que fue fruto de una casualidad, pero todos repetimos. Qué arte, Gensanta (como diría el Forges).

 - Oloroso La Barajuela. Del 2013. Mucha concentración, uvas asoleadas, con las botas llenas dejando que la crianza oxidativa hiciera su trabajo. Con fruta madura, muy complejo. El vino hablaba por sí solo. Es el más cualificado de los vinos hechos en la bodega.
Una maravilla.
Pero quedaba más.

- Raya La Barajuela, 15,5%. un vino con aromas de dulzor. Willy dijo que tenía 4 botas y solo una de ellas terminó sin picarse, sabiendo que se la jugaba al no poner sulfuroso añadido en la fermentación.
Aromas a melocotón, cítrico, floral, en boca muy largo y sin emnargo, seco.
Un prodigio de saber cómo hacer las cosas.

En resumen, que actualmente la climatología pone a las variedades en un brete, y como pasa en Montilla-Moriles, en estas condiciones las variedades blancas son las que más dan de sí y sorprenden. O sea, que volvemos a los vinos de antes porque son los que mejor se adaptan al terreno y las levaduras autóctonas se lucen.
Que suerte tuvimos de catar sus vinos, y sobre todo de escucharlo.











domingo, 4 de febrero de 2018

Boh, en la Plaza de San Miguel. Es agradable, cómodo, con buena música... y se come bien

El término Boh es una palabra italiana y que significa qué sé yo, o ni idea.

Aunque es una palabra, que cualquier italiano sabe, para los de aquí, no nos suena más que una interjección rara. En cualquier caso, no entraríamos de primeras por su nombre de un restaurante italiano, ya que no tenemos idea de su significado.

Está situado en la Plaza de San Miguel, donde antes estaba un buen restaurante El Aguacero, y antes se han asentado bares o restaurantes de buen nombre y buena comida.

Sin embargo, quienes lo llevan es ya su tercer restaurante o bar: El Barón, El Otro y ahora, Boh.
Los dos primeros, se caracterizan por estar muy concurridos, una buena decoración y ambiente distendido. 

Este nuevo, Boh, parece otra cosa, con una decoración muy cuidada, buena iluminación, música ambiente agradable y un amable servicio.
Lo único que falta es comentar su comida italiana.
Es variada y está bien rica. 

En la carta con platos de ensaladas,  carrillada ibérica, abundan los puramente italianos, como risottos, ñoquis, etc., aparecían huevos fritos con trufa, y no nos pudimos resistir.


Las patatas fritas, algo gruesas, con piel, -me parece bien que se emplee la piel de la patata, tal como hacen la mayoría de los países consumidores de este tubérculo, excepto por aquí-, y los huevos en su punto. 
Quizás no encontré el sabor de la trufa, que últimamente veo como algo sublime en los programas sobre Italia. Será cuestión de echar más trufa.

De segundo pedimos una de las sugerencias del día: lasaña boloñesa. Los que parece en el plato es la cuarta parte. 
Con su berenjena, carne, queso y pasta. Muy bien hecha.

Y ya no pedimos más, porque había que almorzar en casa. Pero volveremos, seguro.

En cuanto a las bebidas, aparte de cerveza, pedimos una copa de tinto siciliano. Muy suave, similar a un Rioja de por aquí: los vinos italianos se caracterizan en su mayoría, por su agradable paso en boca, apenas astringentes.

Además como es nuestra costumbre pedimos vino fino. Tenían dos: Pérez Barquero en rama y Cancionero. 

Para llevar la contraria a los demás pedí el Cancionero. Este es un fino de los mejores de la zona.
Creo sin embargo que el vino de Perez Barquero era más bien un vino de ese grupo, con varias marcas, y posiblemente fuera un vino de tinaja por su sabor y falta de aromas de crianza biológica. Vamos, que no me gustó.
Eso sí, los vinos servidos en copas... oficiales de la Cata de Vinos de Montilla-Moriles. Una bonita copa, elegante y donde se puede saborear y catar los vinos correctamente.

Aunque nos quisieron invitar a Limoncello, no correspondía por lo comentado antes.

Y los dos platos, una copa de tinto, tres cervezas, y seis copas de fino, en total 29,5€.

Es decir, un bar del centro muy recomendable. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Vinos de Forlong, modernos y diferentes, pero como los de antes.

Alejandro, Joaquín Morales y Bernardo Lucena
Alejandro Narváez y Rocío Áspera son los jóvenes propietarios de la bodega Forlong, situada en el Puerto de Santa María, siendo ahora el único lagar de los cinco que en su momento existieron en dicha localidad. Las bodegas se situaron en el Puerto como almacén y punto de partida para los embarques desde la bahía de Cádiz.

En la finca de Forlong, plantada con viña nueva en 2007, antes sólo había olivar, y antes de esto (en el siglo XVIII), viña y olivos llevados por un inglés de apellido Fourlong, de ahí su nombre.

Para la última reunión de la Asociación de Sumilleres de Córdoba, en casa de Joaquín y Araceli, se cataron varios vinos de Forlong y presentados por el propio Alejandro. Hay que decir que sus vinos se etiquetan como Vinos de la Tierra de Cádiz.

Actualmente tienen arrendadas varias fincas, ya repartidas por el Puerto o en las cercanías de Jerez, y algunas son ya propias. 
En todas ellas, quieren seguir unas prácticas ecológicas, y biodinámicas, en los que la cubierta vegetal juega un gran papel, ya que han comprobado que dicha cubierta equilibra la maduración de las uvas, si se hace de forma alterna en el cultivo (gramíneas o leguminosas) y alternando la cubierta a izquierda o derecha de la planta, para no producir un exceso de competencia entre el forraje y la viña.
Su idea es recuperar en lo posible antiguos modos de elaboración de vinos, entre ellos el empleo de tinajas de barro traídas ex profeso de una bodega de Cuenca, y que contaban con más de 100 años de antigüedad.





La cata fue divertida, ágil y sorprendente por los vinos catados. Y además, por las aportaciones culinarias de algunos miembros o de parientes muy próximos, por lo que la combinación de vinos y platos fue en algunos casos, memorable.


Un aspecto a destacar fueron las etiquetas de las botellas, algunas más acertadas que otras, aunque con la explicación de Alejandro de la intención que había en ellas, sorprendían aún más los diseños. 
Por ejemplo la etiqueta del blanco 80/20 es como una sirena pero al revés: pies de mujer y tronco de pez. Pero para mi que es como un pez que se ha tragado una muñeca, y no veo otra cosa.

Pasando a los vinos:




- Forlong 2016, con uva Palomino y Pedro Ximenez (12,5º). Un vino blanco en boca, suave, olor fruta fina, pera. Evoluciona muy bien en nariz, en boca es seco y algo amargo.

- Forlong 2017 80/20, con 100% palomino al que se añadieron hollejos de Pedro Ximenez. 
Es turbio en su aspecto, más oxidado que el primero, con una nariz a cítricos, a terpenos (como recuerdos a moscatel). En boca es muy refrescante, con notas de carbónico.

- El Amigo Imaginario (12,9º) elaborado con cepas viejas de Palomino (50-60 años) y con crianza de 10 meses en botas cerradas que contuvieron oloroso. Con una nariz cítrica, en boca es salino, complejo, notas especiadas, sin notarse la madera. 
Un vino blanco muy curioso, elegante, de clase.

 Gertrudis nos preparó una carne con frutos rojos, muy sabrosa.

- Rosado En el Pais de las Maravillas, del 2016, y hecho con Cabernet Sauvignon. Un rosado muy glicérico, ya que se fermentó lentamente, y haciendo bajar la temperatura hasta 11º. Con apenas color, ya que se maceraron las uvas solo una hora. 
Nariz leve, a manzana ácida. En boca es muy goloso.

Araceli nos preparó sus exquisitos calamares, que algún día cómo los hace. Ella dice que el secreto es cortarlos muy finos, pero seguro es algo más.

- Petit Forlong, un tinto con 15º y elaborado con Syrah, Merlot y Tintilla de Rota.
La vinificación se hizo en tinajas de barro, posterior crianza de 6 meses en las tinajas y 6 meses más en barricas de 2º año.
Un tinto con nariz a frutillas rojas, muy fino y rico en boca.

Aquí, Antonio nos deleitó con una carne preparada por su hijo: solomillo ibérico macerado, con jamón y panceta, y con cobertura de hojaldre. Una delicia gastronómica: hurra para el chaval.

- Tinto Tintilla 2015, (15º) con aromas muy limpios a frutos rojos. En boca es goloso, redondo, mucha capa. Elaborado en tinajas de barro y criado como el anterior.
Alejandro comentó la baja producción de la Tintilla y cómo consiguen la adecuada maduración fenólica. Un tinto muy bueno, joven y para atraer a todos los públicos. Creemos que será un tinto perseguido por los entendidos y amantes de los vinos agradables y profundos a la vez.

Alvaro nos obsequió con morcilla de Guadalupe (Cáceres), a la vez dulce y picante. Exquisita.

Y con las conversaciones con el bodeguero y los co mañeros nos despedimos hasta la próxima. 
Muy instructiva cata. 
¡¡¡Hay que ver lo que inventan y descubren estos jóvenes!!!









martes, 16 de enero de 2018

Bodega Pujanza. Vinos Riojanos de Altura




El bodeguero Carlos San Pedro, dueño de la Bodega y Viñedos Pujanza, de la Rioja alavesa, y que nos visitó en la sede oficiosa de las Asociación de Sumilleres de Córdoba: la casa de Joaquín Morales y su mujer Araceli.

Esta bodega se situa en La Guardia (Alava) y controla tres fincas, en total 40 hectáreas, todas en dicho término. En todos los casos la uva con la que trabaja es la Tempranillo, excepto para un blanco que hace con Viura.

Carlos pertenece  a una saga familiar dedicada al viñedo, y su hermano Javier San Pedro es también bien conocido en este mundo vitivinícola.

La convocatoria fue numerosa por las buenas referencias de sus vinos, y a la luz de la cata y como se desarrolló, también por el buen hacer de Carlos, hablando lo justo y dejando hablar a a sus vinos, que logró que pudieramos catar seis vinos, probar varias viandas que los acompañaban y poder terminar a las 22,30. 
Ni que decir tiene que Antonio controla estos actos para que la cosa no se desmadre.

Carlos está al frente de su proyecto personal desde hace 20 años.
Presentó en primer lugar el tinto Diosares, el único elaborado con uva comprada, y se trata de una elaboración familiar. Un vino del 2014, frutal, fragante, ácido en boca y algo de verdor. Un buen comienzo.

Aquí Daniel Plá, nos sorprendió con una empanadilla japonesa rellena de pollo, muy jugosa. Nunca la había probado: la pasta venía hervida, bien rica. Me recordaba al jinkali, una empanada tradicional de Georgia, tanto que pensaba que era exclusiva de este pais, y que elaboraba Fatim Papunasvilli en casa de mis padres.




El segundo vino fue el Hado 2015. De un precioso color, mucha fruta, menos ácido aunque más tánico. pero todo suave. Ya en este vino en la etiqueta sólo aparecía el nombre de La Guardia y desaparecía referencias a la Rioja.

Araceli nos sorprendio con un carpaccio de ternera, macerada con lima, queso granna padano, varias hierbas, y otras cosas. Una pena, porque tocabamos a un filete cada uno y a todos nos hubiera encantado repetir. ¡Como cocina esa mujer!

El Valdepoleo 2014 se elabora con viñedo de 50 años. Las sensaciones iban subiendo y este es un vino, más potente, más esquilibrado, con aromas especiadas muy finas.

Aquí vino la sorpresa de la mano de Gertrudis, ya que elaboró unos solomillos rellenos. Aplausos generalizados ya a los cocineros, y como decía Joaquín: si armoniza el plato con el vino, pues vale, y si no también. Todo muy rico.


El siguiente vino era una de las estrellas de la bodega: Pujanza Norte, del 2014, y con unos robustos 14,5º de alcohol (para ser un Rioja no está mal). Potente, más que el anterior, redondo, suave en boca y de buen paso.

El plato que compañaba era un suculento guiso de ciervo guisado por la suegra de Antonio, y acompañado de pure de patatas. Un plato especiado por unas manos expertas que saben como cocinar una carne dura y dejarla como la mantequilla. Exquisito.

A partir de aquí Carlos prefirio que los vinos se cataron sin acompañamiento.
Y es que venía el vendaval final.
El tinto Cisma 2014, con ya 15º de alcohol, se elabora con las uvas de la finca La Valcabada de sólo 0,8 Has, plantada en 1920, en terreno arenoso y de pie franco. Un vino elegante, fino, potente y muy largo en boca. Se trata de un tinto del que apenas se elaboran 1500 botellas y anoche cayeron al enos cinco de un vino de supera los cien euros la botella. Un vino de los de tomar tras comer, para disfrutarlo mejor: un muy buen vino.
Por último la cata se redondeo con un blanco, con un nombre al menos curioso: San Juan (SJ) de Anteportalatina, del 2015. Un blanco con aroma floral y frutal, aunque de boca más corta que varios de los tintos probados. Con una acidez notable pero bein suave en boca. En comparación con algunos vinos tintos, este vino blanco quedaba fuera de sitio.

Y Joaquin saco una bandeja de quesos, algunos blandos, otros del tipo payoyo y otros tipo manchegos curados, para amenizar la tertulia final en una cata muy agradable, en buena compañía, y con la satisfacción de ver como a algunos que han tenido un pequeño susto en su salud (Manuel A.), están recuperados y henchidos de moral y ganas de disfrutar.














domingo, 31 de diciembre de 2017

La Flamenka, un restaurante con las tres B

Hace tiempo que no añadía nuevas entradas al blog, a causa del trabajo o de las celebraciones navideñas. 

Como no me gusta hacer comentarios negativos, y tan sólo hablar de aquellos sitios que me o nos han parecido sobresalientes: por su calidez, o calidad, o por su relación precio calidad.
En este caso voy a comentar sobre el restaurante La Flamenka, que esta en La Ronda de Isasa, o sea en La Ribera y entre la Cruz del Rastro y el Puente Romano. 

Esta zona es una sucesión de locales y restaurantes ya que los cordobeses y turistas campamos por esta zona en cuanto podemos.

Algunas mesas tienen la decoración flamenca de cuando estaban en la calle Céspedes, y como el local actual es mayor, han incorporado nuevos mobiliario. Las sillas nuestras son las típicas de anea, las tradicionales; a mi no me parecieron incómodas, pero a otros sí.

La Flamenka la regenta una cocinera (se me olvidó preguntar su nombre) y son varias las veces que hemos ido a comer, pero en este caso fuimos los amigos tabernícolas al completo.
Era el día de Los Santos Inocentes, y al parecer hubo un problema con mi reserva por teléfono, ya que no tenemos mesa asignada. Menos mal que llegamos pronto.

En total pudimos probar de cinco platos diferentes: ensalada de gambas, verduras al vapor, pimientos rellenos de bacalao, carbon de bacalao, y hojaldre de cordero.


Si bien todos están bien cocinados, de todos ellos, el carbón de bacalao es el más original y el que muchos otros comentan en las distintas paginas sobre sitios de comer. Al bacalao, fresco, le hacen una costra a base de tinta de calamar: bien rico.


Las verduras al vapor, por ejemplo,  elaboración sencilla donde las haya, estaban al dente, sabrosas, y la base de crema de coliflor la mojamos con pan. Por cierto, que hay coliflor blanca, amarilla, morada, y no son teñidas.

A los pimientos rellenos de bacalao, se les notaba el bacalao, y el hojaldre de corderoes otro clásico de la casa. 

Hay que resaltar que todos los platos servidos fueron generosos, sencillos algunos, y a un precio razonable.
Como se puede comprobar en las fotos, todos los paltos iban acompañados de su salsa o de ensalada, lo cual es de agradecer cuando algunos como adictos a la verdura, y otros al pan, por lo que todos los platos fueron debidamente repasados.

El personal muy atento, sabiendo organizar las comandas acorde iban saliendo de la cocina.

El único pero fue el de los vinos, ya que el Verdejo local Finca La Cañada 2016, de Pérez Barquero, lo cobraron a 17 € cuando su precio en las tiendas es sobre 5. Ese es un hecho muy normal en otros restaurantes, aunque en un restaurante de la zona de la Ribera tienen el tinto de Rioja, Dinastía Vivanco crianza por 16 €.



Como somos consumidores y bebedores del vino fino de Montilla-Moriles, la mayoría nos decantamos por el vino de tinaja o el fino Eléctrico, que sale más barato y a nosotros en particular creemos que combinaba con la mayoría de los platos degustados.


Los postres, normalitos, nada que comentar. 
Tras pedir postres y café, la cuenta salió a algo menos de 25 € por persona. Todos salimos satisfechos, y yo más porque en este caso yo era el encargado de seleccionar local.

En resumen, La Flamenka es un restaurante muy recomendable, y conocido por muchos debido a su masiva asistencia (en compa-ración con otros locales vecinos) que sin embargo no es ruidosa gracias a los paneles en el techo para amortiguar los sonidos excesivos.









domingo, 26 de noviembre de 2017

Tinto María Victoria, un sabroso argentino de la bodega manchega Verum

Hace poco recibí de Bodegas Verum una botella de María Victoria, por mediación de Joaquín Parra (Wine Up) para que comentara sobre este tinto.

No conocía Bodega Verum, la cual dirige la familia López Montero, en Tomelloso. Aunque tiene una larga tradición vinícola, es desde 1963 cuando esta familia se dedica de lleno a estos menesteres. Disponen de viñedo propio, y con las nuevas generaciones, el catálogo cubre desde vinos blancos, tintos, rosados, espumoso y espirituosos. Hay que recordar que en Tomelloso hay antiguas destilerías y curioseando en su catálogo, Verum tiene aguardientes de Airén Gewurztraminer, Sauvignon Blanc y, Tempranillo Roble... curioso, al menos.




















El enólogo de la bodega, Elías López Montero, se aventuró a elaborar vino tinto de la variedad Malbec en la Patagonia argentina, en el alto Valle Del Río Negro. El vino ha tenido el asesoramiento de Hans Vinding Diers, un danés con bodega también en la Patagonia. Por cierto, Hans Vinding es primo de Peter Sisseck.
Una de las frases que comentaba este enólogo en una entrevista era: El encanto de un gran vino, o de cualquier vino, no tiene tampoco que ser perfecto: es el momento.















Como el trabajo no nos daba tregua, por fin este sábado pudimos probarlo y en este caso comiendo con los amigos en el Parque Periurbano de Los Villares. En plena sierra, sedienta, pero hermosa y acogedora.
Aproveché esta cita para que lo probáramos. 

Es un tinto del 2016 con una muy intensa capa; el vino es totalmente opaco de un juvenil y poderoso color rojo malva. En nariz sobresalen los aromas a frutas rojas, muy vivos, con algo también de reducción que no molesta. 
En boca es un vino en todo su esplendor y franqueza: sabroso, refrescante por su acidez y algo astringente.
Un tinto muy bien hecho, y que a todos gustó. Ya digo, el momento para probarlo fue el adecuado. 

Para aquellos interesados en cómo se elaboró, sólo comentar que la fermentación se ha hecho con un 25% de raspón. Tiene crianza en madera y también en depósitos de hormigón, en total de 8 meses.
Sólo se han hecho 9.800 botellas.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Cata de ocho, 8, amontillados con Juancho Asenjo. Para saber más, dirigirse a los enlaces de Isabel y José Ignacio.

Poco puedo añadir a los comentarios de Isabel Calvache y José Ignacio Santiago a la cata de ocho amontillados de distintas bodegas de las DO Montilla-Moriles, celebrada en Bodegas Campos.

Esta cata organizada como punto final a la 3ª edición del curso de Formador de formadores de la DOP Montilla-Moriles, y dirigida por Juancho Asenjo será un hito por la calidad de los vinos, algunos increíblemente buenos, y por los comentarios de Juancho y José Ignacio.
A ellos nos sumamos un grupo de la Asociación de Sumilleres de Córdoba.

Los enlaces a sus comentarios:
https://www.linkedin.com/pulse/amontillado-equilibrio-universal-isabel-calvache-gisbert/
https://vinacrucis.com/jornada-amontillado-juancho-asenjo/

Tan sólo comentar algunos detalles históricos que comentó Juancho:
En la guía de Vinos del Mundo de André Julien publicada en 1866 se menciona a los amontillados como vinos de primera clase. También hay que tener en cuenta que en aquel tiempo apenas había vinos en Rioja, que apareció en 1876 consecuencia de la plaga de filoxera en Burdeos.
Estos vinos, al igual que los finos, de donde proceden a base a escalas y criaderas son una consecuencia de que en las bodegas, y sobre todo tabernas, se trataba de que todo el vino fuera lo más homogéneo posible.

El auge del amontillado surge también de un hecho de coincidencia y de darse cuenta de lo que estaba sucediendo. El Conde de la Cortina, un buen bodeguero y comerciante de vinos, mandaba sus vinos en carreta hasta Jerez. Parece que en el camino (de varias semanas), donde iba parando regularmente distribuyendo sus vinos, con el traqueteo al llegar a Jerez, el vino estaba oxidado y curiosamente al personal le gustaba más: de ahí surge el Amontillado.
Como decía Juancho: existen dos vinos en el mundo, el Amontillado y los demás.
Son vinos difíciles por su poder en boca sobre todo, pero degustados lentamente son una delicia.

Hago sólo mención de los vinos amontillados catados:
- Robles, 15 años.
- Torres Burgos, 50 años.
- Montulia, 30 años.
- Marqués de Poley Convento 1952, 65 años.
- Lagar Blanco, 25 años.
- Alvear, 35 años.
- Amon (Bodegas Delgado), 50-60 años.
- Gracia, 60-70 años.

En mi opinión, unos sobresalían por unos aspectos de más ligereza, otros eran dolientes (te marcaban por dentro al beberlos), pero el que me pareció más equilibrado era el de Alvear.

Sólo dos están en el comercio, auténticas joyas que apenas se conocen. Como decía Bernardo (de Alvear) de esos tipos de vinos sólo pueden ellos sacar unas 300 botellas al año.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Buenos vinos nuevos de Alvear. ¡Y dicen que son como los de antes!

Cuando pensábamos que los vinos finos estaban empezando a ponerse de moda, en eso que llegó Bernardo Lucena con sus nuevos vinos: las 3 Miradas.

Este verano tuve la suerte de pillar en plena faena a Bernardo en el Lagar Las Puentes, en la Sierra de Montilla, y allí me mostró el superlío en que estaban metidos en Alvear elaborando ya en su segundo año unos vinos que se harían fermentando en tinaja.

- Pues eso ya pocos lo hacen... eso era antes.
- Ya, pero a las tinajas les hemos puesto placas de frío.
Vaya control.
- Y se ha recogido la uva con 11 o 12 grados de alcohol probable. ¿Para vino joven? Bueno, más bien vino de tinaja.
- Y a una parte se le está haciendo maceración de hollejos. También en frío. Los tanques de poliéster se han tapado casi herméticamente de plástico para conservar el ambiente anaerobio. Después que quitar los hollejos fermentarían en tinaja
Como dirían Les Luthiers..., eso es tacto.

En resumen, una pequeña revolución y en la que los enólogos de Envínate y varios técnicos andaban mimando y controlando esos vinos. 

Las uvas procedían de cuatro pagos de la Sierra de Montilla, con viñas de al menos 50 años y con poda en cabezo, muy bajas, de forma que los pámpanos taparan los pocos racimos y tuvieran una óptima madurez. Eso es vista.

Lo que probamos en casa de Joaquín, y organizado por la Asociación de Sumilleres de Córdoba, fueron 7 vinos del 2016, de 3 parcelas, y de cada una un vino de tinaja y otro con hollejos que han pasado un año en tinaja.

La clave de que no hayan necesitado estos vinos encabezar con alcohol, es su acidez: del orden de más de 5g/L. Tampoco tienen hecha la maloláctica. 

El resultado fue sorprendente. La variedad Pedro Ximenez da grados, kilos, aguanta bien el calor, pero lo que es aromas, pocos.
Si uno espera algo conocido en estos vinos, se equivoca; se buscaba la influencia del terreno, del pago, de la orientación de la viña y se notaba. Nada de uniformidad. Eso es gusto.
 
Los vinos se llaman 3 miradas, en botellas como las antiguas. Etiqueta limpia por delante y con buenas explicaciones detrás. En total 7 vinos más un PX de añada.

Los vinos del Cerro Macho eran muy ácidos y frescos, y con hollejos, el vino se hacía más sabroso y equilibrado.

Los vinos de la parcela El Garrotal parecían menos ácidos, más glicéricos. De nuevo, el vino con hollejos era más potente, pedía un buen plato para disfrutarlo más.

Los vinos de La viña de Antoñín, fueron los que más me gustaron. Más vibrantes en boca, matices herbáceos. En suma más aromáticos que los otros. Siguiendo con Les Luthiers, eso es olfato.


Sin embargo, el más completo fue el llamado Vino de Pueblo, preparado por mezcla de los otros hasta llegar a un consenso. Tenía un retronasal frutal, un vino suave, al final algo amargo, fácil de tomar.

Esta denominación como Vino de Pueblo, aún no recogida en la DO Montilla-Moriles, es toda una declaración de intenciones al sugerir un vino como los que se han hecho siempre. Del año y para todos los públicos.

En resumen, unos vinos diferentes. Y por tener pocos aromas florales o frutales, no son vinos sencillos. 
Más bien son vinos de autor, casi de obsequio por su esmerada presentación.
 Habrá que esperar cómo han evolucionado estos vinos en las botas, y cómo han resultado los experimentos en las tinajas con las uvas del 2017.
Pero eso será otra historia.

De las cosas del comer que nos pusieron en casa de Joaquín, Araceli, su mujer, nos obsequió entre otras cosas con unas croquetas de camarones y quisquillas que quitaban el sentío. Y el alioli con tinta de sepia que las acompañaba, era para echarle un cante allí mismo.

Otra buena noche de cata, en la que Bernardo (nada silente) hizo fácil la charla y degustación de los vinos.

Por último, bonito el detalle artístico de Joaquín decorando las botellas con lucecitas.