
A la espalda de la plaza de la Corredera se encuentra la Plaza de las Cañas, una recogida y bonita plaza que en días de mercado está llena de coches (la foto corresponde ya a las 3 de la tarde, porque a las 2 estaba repleta de vehículos).
Dentro del mercado hay variados puestos de carne, verduras y pescado, que son éstos los que se sitúan en la parte central del mercado, de forma que cuando lo atravesamos desde la Corredera a las Cañas, podemos ir viendo y comprando buen género.
Pues bien, hace algo más de un año visitamos dentro del mercado el puesto de Alfonso, los Hollejos.
Parece que le va bastante bien, y ahora dispone de mesas fuera, en la plaza de las Cañas, donde había mucho personal comiendo, y hasta un grupo de estudiantes extranjeros: el boca a boca, o bien las guías conducen allí si se quiere comer género fresco, directamente de los puestos del mercado. En esta ocasión fuimos al otro puesto, que no dispone de mesas fuera, pero que la barra se llena también.Es el Café Bar La Plaza, donde dos simpáticas señoras te sirven sus platos preparados de cocina casera y si se desea se pide carne o pescado de algún puesto y lo cocinan al instante. Como había buenos guisos, no dudamos en probar el buen hacer de esta taberna.
Había callos, exquisitos, hacía tiempo que nos lo probaba tan ricos, al final cayeron dos platos de callos. La excusa es que hacía frío.


Y albóndigas, también sabrosas. Para rematar la faena, dos platos de puchero con verdura. Nos decían que era guisado de ayer, pero los garbanzos entraban de lujo: finos, suaves y bien aliñados con las acelgas y el poco de chorizo.En resumen, mucho de cuchara, de rebañar y de buen comer… como si estuviéramos en casa de la madre y dijera:
- niño, que parece que no has comido en tres días, ¿es que no comes en tu casa, o qué?
Creo que estará acostumbrada a que los que vengan a su taberna sean agradecidos y de buen comer.
De beber, pedí un vino de tinaja de Bodegas de Gómez Nevado, de Villaviciosa (Córdoba), una bodega que fue pionera en vender vinos ecológicos en el extranjero y que era bien valorada en Córdoba, aunque apenas se ve por aquí. Los vinos proceden de viñedos propios situados en dicha localidad, que está fuera de la DO Montilla-Moriles, ya que está a 40 kms al norte de la ciudad, mientras que la DO comienza a 40 kms al sur.
El vino de tinaja era simple, con pocos aromas, con poca acidez. Normal. Pero tiene otros productos como el fino Pálido o Séneca, y el Dorado, así como de más larga crianza. Vale la pena una visita a la bodega. Le recomendamos que pidiera al comercial estos vinos, y en una próxima ocasión iremos a que la señora nos de otra vez de comer.
Pedí una copa de tinto Portia (DO Ribera del Duero), pero no me convenció. Para catar vinos es mejor acercarse a lo de Alfonso.
La cuenta para cuatro: 4 cervezas, 6 medios de vino, 2 copas de tinto, tapa de almendras tostadas, dos platos de callos (como media ración), una de albóndigas y dos de puchero: 23 euros. Vamos, que sale uno comido… y bebido. Relación calidad-precio, alta, pero sólo hay bancos y se sirve en la barra. El interés es disfrutar de un sitio que nos retrotrae a tiempos pasados. Lo recomiendo.



































