jueves, 18 de febrero de 2016

Cata a ciegas… con música y con… Bodegas Marenas

El miércoles 17 de Febrero hicimos una reunión de la Asociación de Sumilleres en el IES Gran Capitán, convocados por la iniciativa de Raúl Márquez de hacer una cata ciega y a la vez combinar con música en directo. La apuesta era muy atractiva y a ella acudimos un buen número de socios.
Allí pude ver de nuevo a los amigos que hacía tiempo no veía, y a la vez nos recibían con un combinado de oloroso, saúco y sprite. Una refrescante mezcla que da idea del juego que pueden dar los vinos generosos en coctelería.
La cata se trataba de una cata ciega, en la que se probarían varios vinos de una bodega, y por tanto, la foto en la que aparece la botella con el nombre de la bodega es tras terminar la cata. Por supuesto que se guardaron tapadas las botellas durante la misma. Se trataba de identificar o cualificar un vino blanco, varios tintos y un dulce.

El primero era un vino blanco, algo turbio, sin filtrar, de color ámbar.
De variedad Pedro Ximenez, añada 2014. Sin crianza en madera. 
Aromas, al principio pocos y extraños porque estaba el vino frío, después al  calentarse salía mucha manzana madura, al igual que en boca. 
Con una refrescante acidez, ya que tenía 4,75 g/L de acidez total: un valor sorprendente para un vino de por aquí, ya que la variedad era Pedro Ximenez. También habían algo astringente, y algunas notas turbias, nada claras, pero que desaparecieron. 

Es un vino de los llamados naturales, sin adición de ningún aditivo, ni levadura, o sulfuroso o ácido. Hay que decir que las levaduras autóctonas de la zona son muy bravas y producen buenas cantidades de sulfuroso por su metabolismo y para eliminar competencia de otros microorganismos. Y pueden llegar a formar hasta casi 100 mg/L de sulfuroso total.

Yo casi había reconocido la bodega por los datos, más que nada porque conozco de hace tiempo al bodeguero.

Para acompañar los vinos los chicos de la Escuela nos prepararon este menú. Bien, ¿no?

Y después pasamos a los tintos.

- Monastrel del 2014. Con una producción de ocho mil botellas.
De color picota muy intenso, muy alta capa. Aromas a fruta roja, también algo turbio en nariz y en boca aparecía clara la fruta pero realmente tánico.

- Syrah 2014. Con aromas a flores, violetas, mucho mejor que el anterior. También tánico, con una acidez sorprendente 6,6 g/L, unos valores de quitarse el sombrero si la syrah es cultivada por estas tierras.

- Pinot Noir 2014. Aromas a fresa ácida, fruta roja, flores. Muy suave y agradable en nariz pero duro también en boca. Es el más sorprendente de los tres, claramente el mejor de los tres. Y también con una acidez alta, de 6,5 g/L.

- Cabernet Sauvignon 2006. Con 6 meses de crianza en roble francés, y después mucho tiempo en botella. Todavía con más de 5 gramos de acidez, pero el vino estaba oxidado, pasado, algo de aroma a pimiento, tánico. No creo que sea un producto comercial, a menos que se valoren parámetros que yo no tengo en cuenta.


Y por último el mejor de la cata.

- Pedro Ximenez naturalmente dulce del 2014. La uva tenía tras el asoleo en pasera 600 g/L y por fermentación espontánea habían quedado unos 400 g/L. 
En nariz no tenía la explosión de aromas a dátil, orejones, que tienen los vinos PX, en los que no hay fermentación ya que se añade alcohol para impedirla.Aunque huele a dátiles y más cosas, pero menos.
Pero en boca es exquisito, ácido, dulce, cítrico, con los aromas anteriores más carne de membrillo.

Los tintos tras un rato en copa estaban completamente apagados, mientras que los dos Pedro Ximenez, de principio y final seguían dando aromas.  Sin duda los mejores de la cata, al menos para algunos entre los que yo me encuentro.



La elaboración de vinos naturales sigue siendo un tema de discusión, porque no se emplea aditivo alguno, que sirven para controlar contaminaciones indeseadas y por tanto, a veces malos olores o baja estabilidad de los vinos con el tiempo.
Las reglas de conservación del vino son alta acidez total, como es el caso de Marenas, alto contenido alcohólico y alta concentración de taninos. Pero no hablamos sólo de estabilidad: también de aromas, y los tintos no son un derroche de ellos. La razón posiblemente se deba a que las levaduras de la zona no respetan los aromas varietales de las uvas. 



La opinión general fue que los vinos hechos con la Pedro Ximenez eran los más interesantes. Y son en ellos donde Marenas está cosechando buenas críticas, sobre todo en el extranjero, donde los vinos naturales tienen un mercado más consolidado. Y Jose Miguel trabaja duro, para poner el mercado unas tiradas cortas, y todo haciéndolo de forma artesanal. Pero los vinos, sobre todo los tintos, tienen algunos aromas extraños y una aspereza más alta de lo normal, quizás por una extracción excesiva de los hollejos. Ya me lo imagino, haciendo bazuqueos encima de los depósitos abiertos. 

Y es que lo conozco desde hace mucho tiempo y pienso que es uno de los mejores viticultores de la zona. 


La cena se compuso de los platos que se ven en las fotos, y durante la misma y después se habló de las virtudes y defectos de los vinos naturales. 














Todo muy sabroso, sobre todo las bolas de foie y el gazpacho de fresas acompañado de mejillones.

Toda la reunión fue aliñada de sonido ambiente y armonizando los vinos, la comida y la música. A cargo de Alberto de Paz. Un buen pianista, y mago, y más cosas que no pudimos llegar a disfrutar. En otra ocasión, supongo.






















miércoles, 17 de febrero de 2016

Apuntes históricos de Montilla-Moriles desde los siglos XVIII al XX

Dentro de las actividades organizadas por el Consejo Regulador Montilla-Moriles, asistí a la interesante conferencia de Fernando Fuentes, profesor de la Facultad de Derecho de la UCO. Se trata de un ciclo de charlas o conferencias titulado: "Montilla-Moriles en clave de futuro". Siempre se ha dicho que para conocer el presente y el futuro hay que conocer el pasado: así que de eso se trataba, de conocer cómo se desarrollaron los inicios, los mejores años y la decadencia de Montilla-Moriles, hasta llegar a la esperanzadora situación actual.
La charla se dio en una sala de Bodegas Campos, cuya Fundación organiza este ciclo.
Una sala llena de grandes carteles de la feria de Córdoba, muy artísticos, donde se anunciaban los festejos, entre ellos los taurinos. Son parte de nuestra historia, y uno de los asistentes comentaba que habría que potenciar las corridas de toros como parte de nuestra cultura: pero los tiempos han cambiado, y ya los carteles de feria son de otro estilo. Por ejemplo, recordar el cartel con el joven modelo con vaqueros, camisa blanca y sombrero cordobés: eso sí, con pose torera.
Pues en el caso de los vinos ocurre algo parecido: en otro tiempo fueron parte de nuestra cultura, una importante fuente de ingresos y que empleaba a mucha mano de obra.
Comenzó la charla con detalles históricos muy sugerentes. En 1750 apenas si se superaban las 200 Has. de vid, ya que el cereal y el olivo copaban los cultivos. Solo para autoconsumo, 
La familia Alvear fue la primera que construyó una bodega en Montilla. Diego de Alvear inicialmente buscó negocio construyendo un molino de aceite, pero que fue derribado por orden de los Marqueses de Priego, señores de la comarca, y que monopolizaban la extracción de aceite. A consecuencia de este hecho, parece que este hombre de grandes iniciativas se orientó por la prensada de uva para hacer vino, entre otras cosas por recomendación de un amigo jerezano llamado González, que daría lugar a González Byass. Qué cosas, ¿no? Eso era en 1729.

Con la llegada del tren, se pudo enviar grandes cantidades de vino a Málaga para su exportación, ya que a mediados del siglo XIX, el precio del vino Montilla-Moriles era hasta más alto que el de Jerez. Pero en esto que llegó a partir de 1865, primero la plaga de oidio, y luego la de filoxera en 1880. Y otras zonas emergieron, como La Mancha, Rioja, Cataluña, etc., en producir vino, y Montilla-Moriles quedó algo relegada.
En el siglo XX, sobre los años 70 es cuando se alcanza el máximo de producción y cultivo de vid, aunque no así de calidad, que ocasionó el cierre de bodegas sobredimensionadas. Hasta llegar hasta hoy, en el que se busca la calidad, exportar, incrementar el consumo… lo que sea, porque el mundo de los vinos generosos está cada vez más especializado y a la vez limitado. 
Lo dicho, una charla muy documentada y excelentemente expuesta por un entendido del mundo del vino y su negocio.

Para darle nuevo empuje a este complicado negocio para eso están los viticultores, bodegueros actuales para reorientarse en el consumo de unos vinos especiales. Y eso ya se verá en las próximas charlas.

Tras la charla, hubo degustación de vinos fino servido por un experto venenciador, que hizo las delicias de más deudo viendo con qué arte servía los 50 mililitros de rigor.




domingo, 14 de febrero de 2016

Taberna Salinas en la Espartería (junto a la Corredera)

En una de los cruces de calles más bonitos de Córdoba se encuentra la Taberna Salinas. Baja uno por Claudio Marcelo (Calle Nueva), ve el templo romano, el cruce de calles y bajando los escalones hasta dar con Fernando de Córdoba, encontramos esta antigua taberna en la cortita calle de Tundidores y que se ha convertido en sitio de referencia de turistas y también, poco a poco dejada de lado por los de aquí. 
tomada de la web
Y es que ha pasado por varias etapas, la más conocida cuando Pepe (creo), el dueño con buen bigote te atendía a la entrada y llegabas a un lugar como se dice ahora con encanto. Con cuartos, para tertulia, más recogidos. Pero aquello se desbordó y era llegar con gente esperando en la parte de mostrador de vinos. Después el turismo y las guías, y en mi caso sin ir durante mucho tiempo.
La decoración la han cambiado y han decorado con cuadros y recuerdos de la ciudad. Y la han ampliado, con alguna nueva sala.
Todo esto ha complicado su trabajo, ya que una de las críticas más comunes, es que el servicio tarda, pero lo compensan de sobra con su atención y cortesía. Y sí que tardaron, sobre todo al principio en que venían dos camareros a preguntar qué faltaba y ninguno traía nada. Mas una vez acompasados, todos los platos llegaron raudos al igual que la bebida.

Una vez situados, la sala era suficiente de tamaño pero hubo que acompasar los hablares porque a la mínima hacíamos mucho ruido.
La carta es variada, con buenos y muy razonables precios y contando entre las sugerencias platos muy locales: naranja con bacalao, espinacas con garbanzos, garbanzos con manitas, sangre encebollada, etc. Además de los salmorejos, flamenquines, boquerones, etc, etc.

La naranja con bacalao no estaba mal, pero  apenas si tiene todo el sabor que se le puede sacar a ese plato, ¿cómo? pues añadiendo más aceite del bueno, no dejando al bacalao completamente desalado para que haga contraste con el dulzor de la naranja, y que la naranja sea más ácida, y si puede ser añadiendo un poco del zumo de la misma para que se pueda mojar. Y para rematar un poco de cebolleta fresca por encima ¿O sea me gustó?  Pues no.
La espinacas si estaban como deben ser, un guiso que casi nunca falla.

Después llegaron unos boquerones aliñados, pero poco aliño tenía, mas estaban bien fritos y ricos, y como se ve abundantes. 
Las setas si estaban en su punto con buen aliño de perejil. 

Después se remató con unas manitas. Hubo bastante risas con lo de la casquería, que si hígado no; y sangre, menos todavía. A nosotros nos gusta la sangre encebollada, pero no se pidió.
Lo que sí fueron pedidos eran dos platos de manitas. Lo dicho, si no quieres café pues dos tazas.
Y los que vetaban la casquería, pues flamenquín.
Las manitas estaban muy ricas, bien hechas con la grasa bien eliminada y quedando todo trabado para aplicar con esmero el pan para limpiar el plato.

Y el flamenquín, bueno, bien hecho con carne de calidad.

En cuanto a la bebida, empezamos por el fino que era de la casa. Ellos lo envejecen. Y aunque olía algo raro, ya que estaba bien frío, en boca se notaba mucho más un extraño olor resinoso, o barniz. Y cuando se calentó entonces se notaba más el defecto. No nos gustó, y algunos de los ocho pidieron más. Así que cambiamos de color de vino.

Pedimos entonces tinto. Trajeron una botella de Vivanco 2011. Ese vino riojano, bueno fue el de 2012 el que probamos hacía poco en Garum y estaba exquisito. ¿A qué la diferencia? En Garum el vino venía a su temperatura, y de momento mostró una gama amplia de aromas que a todos nos gustó, pero en Salinas la botella la traían muy fría. Y cuando se calentó empezó a mejorar, poco, pero casi  estaba la botella vacía.

La segunda botella pedida fue Lagunilla, con 80% tempranito y el resto garnacha. Este tinto también riojano, estaba peor que el Vivanco. También llegó muy frío, y en esta caso, era apenas aromático, la garnacha apenas se notaba... y tampoco el tempranillo: mucha madera y algo secante.

La cuenta, a 20 por persona, sin café o postre. Ellos nos obsequiaron con una copita de Pedro Ximenez, muy sabroso, negro, exquisito. El mejor vino sin dudar.


En resumen, un sitio que es agradable de estar, con encanto… aunque antes más, porque han decorado o pintado marcos de ventanas de un dudoso estilo cromático.
El personal muy profesional y agradable. Los platos en general bien hechos y a buen precio. La bebida ya es otra cosa, sobre todo cuando en otros sitios de Córdoba tratan mejor al vino. 
Es un sitio recomendable, en el que poder comer cocina local a precio razonable, pero parece haberse quedado atrás con respecto a los muchos restaurantes que hay en la ciudad.











sábado, 30 de enero de 2016

Nuevos vinos se están elaborando en Córdoba: espumosos, y tintos de calidad

El miércoles 27 de Enero nos juntamos por primera vez en este 2016 con renovado interés: probaríamos las nuevas iniciativas del IFAPA de Cabra, y de una reciente bodega de Puente Genil.

Tras los saludos de rigor después del período navideño, la reunión comenzó con un cóctel de bienvenida preparado a base de oloroso, té de cilantro, una decoración de naranja y alguna cosa más, que ahora 

no recuerdo. Estaba bueno, algo amargo y poco dulce.

El IFAPA es un centro de investigación agrario y que en el de Cabra se trabaja en viñedos y olivar. En particular, probaríamos vino espumoso elaborado según el método tradicional de segunda fermentación, de la cosecha 2014. Hay que indicar que su nombre es vino espumoso ya que la DO Cava está restringida a unas pocas zonas de España. Actualmente sólo se elabora con asiduidad vino espumoso en Granada, Las Alpujarras y también se ha lanzado a su elaboración la bodega Barbadillo de Jerez.
La presentación del vino, de cómo se elaboró y qué pasos siguieron y piensan dar en el futuro la llevó a cabo José Manuel León.
El vino base y tras el degüelle de las botellas era de la variedad Pedro Ximenez: por tanto, las uvas debían ser cosechadas para que el vino tuviera unos 11º de alcohol (es decir, para preparar un vino joven). 

El problema principal es la variedad, que la Pedro Ximenez es poco aromática. Para ello probarían también macerando las uvas en frío durante un día, o bien añadiendo un 10% de tempranillo para poder incrementar los aromas de nuestra uva de la DO Montilla-Moriles. 

Este año también han elaborado espumoso con vino moscatel.


El que probamos tenía 20 meses de crianza, conservando una buena calidad de espuma y burbuja. Inicialmente con el carbónico salían aromas a manzana madura, casi asada, seco. En boca era ligero, con un punto ácido y después corto en nariz. Es un cava decente, sencillo, fresco aunque le falta gancho. 

Habrá que esperar a nuevas elaboraciones, aunque según José Manuel los que llevan mezcla de tempranillo eran mucho más aromáticos, pero como han elaborado partidas muy pequeñas ya no les quedaba muestras para catar.

Después intervino la compañera Cristina Osuna, que es enóloga de la Bodega El Pujío, por el nombre la finca situada en Puente Genil.
Llevan ya 10 años en su labor de sacar adelante la elaboración de buenos tintos hechos en Córdoba. La mayor parte de la finca está con uva Syrah, y aunque tienen la blanca Verdejo, también pondrán Chardonnay y Sauvignon Blanc, y este año han podido ya meter en los depósitos 18.000 litros de mosto.

Cristina presentó en primer lugar el vino 100% verdejo, y en el que la uva se maceró 24 horas en frío, para luego fermentar el mosto a baja temperatura, 10-14ºC con el fin de mostrar los aromas de esta variedad. Pero este de 2015, en el que la maduración del viñedo ha sido tan complicada por las altas temperaturas, es corto en aromas frutales. Después la intensidad aromática se incrementa, pero en boca es desajustado y el conjunto final resulta extraño. Mucho mérito tiene la elaboración de variedades aromáticas en los meses de estío cordobés.


Y en esto que después llegaron los tintos.


Aquí Cristina sí que se portó bien con nosotros: nos trajo varias botellas de Syrah sacado directamente de las barricas, con el fin de que comprobáramos las diferencias entre roble francés y americano, ambos con ya 6 meses de barrica y que pronto pasarán a botella.

El nombre del vino es Primogénito, la etiqueta es bonita y recuerda a la de un vino riojano, y en el que el nombre de Córdoba apenas si es reconocible, ya que debe ser complicado vender un tinto de nuestra tierra sin que se extrañen de su procedencia o calidad.

Y éste si que es bastante bueno, y en cualquier parte podría quedar bien. 


A mi parecer el criado en roble francés es más sutil y expresa más aromas varuetales porque el americano se deja ganar por del aroma de la madera. Aunque la tonalidad que daba la madera americana al vino, más viva le hacía parecer más brillante.

Ya digo, el más redondo, al parecer de algunos, era el de roble francés. En boca es dulzón, ligera astringencia y sabroso. 

Y creo que es un tinto para salir al mercado ya, sin apenas más tiempo y con poco más en  botella ya que puede que no gane, y sí que pierda la frescura juvenil que ahora mismo tiene.

Por ponerle algún pero, la astringencia, que a base de estar tan controlada prácticamente ni se notaba por lo que el vino le falta algo de cuerpo. Como el vino tiene 13% de alcohol, se habrá vendimiado la uva con algo de verdor porque el calor acelera la madurez de la pulpa, y entonces habrán querido evitar toda astringencia o más bien amargor de raspón. Pero parece que se les ha ido la mano en prevención.


También se probó un tinto con 12 meses de barrica, 6 en francés y 6 en americano, más 6 meses en botella. Se supone que será el culmen de la bodega, y en boca era algo más complejo, y parece que no mejora demasiado con mucha crianza.


Así que creo que estamos ante un buen producto y que puede que mejore más en unos años, cuando la viña esté ya en su madurez y Cristina le coja el punto.






Como es habitual en las reuniones en el IES Gran Capitán, los alumnos de Hostelería y Restauración nos deleitaron en cocina y sala, con una exquisita atención. 

Hacíamos la cata y debate de los vinos a la vez que se iban sirviendo y a base de tapitas y compartir salimos como siempre cenados.

La relación de los platos viene en la foto correspondiente.


En resumen, una muy buena e instructiva cata del buen hacer de profesionales de Córdoba.


A resaltar la pipirrana de marisco, los caramelos de morcilla y la costilla. Y el postre.

En el caso de este plato de carne a la plancha, con mi compañera discutíamos si el dulce puesto encima de la carne era conveniente, ya que desajustaba a nuestro entender el plato. Pero bueno, hay que probar siempre de todo. Y sí que estaba rico, todo. 























martes, 26 de enero de 2016

Taberna La Montillana, en el mismo centro

La muy céntrica calle de San Álvaro, alberga esta Taberna desde hace algunas décadas. Ha sido siempre un sitio donde se puede comer y tomar vino adecuadamente. Y La Montillana es un local que se va remozando y actualizando continuamente, ya que su dirección se muestra activa en la decoración y en la cocina.

Por ejemplo, hace unos pocos años sonó mucho en la prensa esta taberna porque era la primera que en su carta tenía todos sus vinos seleccionados de la DO Montilla-Moriles: una gran apuesta, pero que no pudo aguantarse mucho porque claramente la oferta no coincidía con la demanda. 

Y si en una anterior visita la estantería del mostrador era oscura ahora es clara y diáfana, tal como es la última tendencia en decoración de los bares.  Es un local agradable, bien atendido y por estas y otras razones está bien considerado por las guías de recomendaciones de establecimientos por internet, quedando siempre en las primeras posiciones. Y más teniendo en cuenta que está fuera de los circuitos turísticos habituales.

Y siempre tienen buenas ofertas gastronómicas: hay que trabajar mucho con la enorme competencia, y más porque ahora la zona de ocio y del turismo se centra en la parte del río, donde los mismos dueños de la Montillana llevan La Taberna del Río, que ya comenté en una reciente entrada.

Tomamos por recomendación del camarero y como sugerencia del día, un arroz marinero, preparado al minuto. Venía con sus calamaritos, almejas, un poco de alioli, y le habían puesto encima unos trozos de fritura de pez sable adobado. Estaba sabroso, aunque más que un arroz era un guiso con arroz. Y costaba 7,9 euros.

De segundo, una ensaladilla de atún y gambas. Normal, bastante simple que no sencilla, sin defectos pero sin destacar en nada.

Como se puede observar la vajilla es de diseño total, cada plato es diferente, muy visual todo, con mucho detalle en la presentación.

En cuanto a los vinos. Además de una cerveza sin alcohol, en mi caso, para refrescar del viaje en bicicleta, tomamos fino de las bodegas El Lagar Blanco, Toro Albalá y Delgado.


Eléctrico (izda), Lagar Blanco (dcha)
El fino del Lagar, con color dorado, en el nuevo o viejo estilo que están tomando muchos vinos generosos a imitación de los de Jerez: con ligeras notas salinas, con aromas a frutos secos..., lo que antes se llamaba acamuesado. Se trata de vinos en los que el velo de flor se hubiera quitado y dejado que evolucionaran lentamente. Son más ligeros de tomar, al menos nos pareció a nosotros.

El fino Eléctrico (Toro Albalá), con quizás menos crianza y con color mucho menos evolucionado nos pareció muy fresco, más joven y con las notas en nariz y boca características de los finos de la DO.
Y por último, el Tertulia (Delgado), mucho más ligero, quizás en exceso, casi sin cuerpo, como acuoso y ligeramente acetónico: no nos gustó.

La cuenta, pues lo normal, aunque estábamos sólo tres, faltaba uno habitual. Y lo destacable es que el Tertulia costaba más que los otros dos, y eso que nos pareció decepcionante. 
Y los medios de fino más caros que la cerveza.

En resumen, un buen sitio para tomar unas raciones originales y muy bien atendido. Es de un precio medio, comparado con otros de la zona, pero tiene algo que gustar quedarse un rato en este sitio, se está cómodo.







domingo, 17 de enero de 2016

La Bodeguilla, ahora también en el centro


Esta taberna de La Bodeguilla está en la calle Morería, por tanto, en la calle peatonal que conecta Cruz Conde con Gran Capitán. 
Siempre ha habido un bar ahí, pero la nueva dirección la ha remozado y ha puesto al día en decoración y por la visto parece que el personal ha respondido bien, ya que se fue llenando conforme avanzaba la hora de comer. 
Tiene una curiosa distribución, además de los veladores en la calle tiene la sala principal con la barra, y después bajando hacia los servicios hay dos espacios más apartados que  sirven para estar más recogidos: la sala a la mínima se llena de ruido, bien por la gente o por la mala insonorización. 
Detalle curioso: la cocina está en un piso inferior y los platos aparecen por un pequeño montacargas.

La Bodeguilla fue fundada en Ciudad Jardín en 1970, y desde entonces se ha consolidado como una buena taberna, con platos reconocidos: carne mechada, sus gambas, anchoas, etc. El cocedero de marisco era muy bueno, estuvo un tiempo cerrado aunque de nuevo estaba abierto el despacho de venta de marisco, donde siguen disponiendo de excelente marisco. Y también por su vino, ya que las botas forman parte de su decorado. 
El fino de la casa es de Bodegas Lara, de las Navas del Serpillar, la misma bodega de donde se surte la Taberna Góngora.

Cuando entras lo que predomina es el color blanco, que tan de moda se está poniendo en los nuevos bares de la ciudad: supongo que debe ser una tendencia nacional o bien que el decorador es el mismo. Y la sala resulta clara y diáfana…

La carta no es amplia, si bien tiene los platos que han hecho el nombre a la Bodeguilla, de Ciudad Jardín: patatas a lo pobre, con tomate y cebolla; cazuela de gambas; solomillo relleno, etc.

En nuestro caso, pedimos el plato de siempre: la ensaladilla rusa. Y tenían también como plato del día, paella. Pero como quiera que llegamos algunos tarde a la cita, se nos echó la hora y no pudimos esperar a que saliera el arroz.




Estaba bien, sin más, a mi parecer; pero para los otros dos les supo como una excelente ensaladilla. No sé, demasiada mahonesa de leche. Ya digo, no la repetiría. Y para ser una ración, la cantidad servida me pareció corta.
En cualquier caso, el bar se fue rápidamente llenando, también el sonido ambiente.

El vino de Bodegas Lara nos pareció bastante sabroso, de los finos que te puedes tomar varias copas: buenos aromas, con no mucha crianza, buena acidez y paso más bien ligero, mas un buen vino de copeo.

Vi en la estantería dos botellas de dos buenos vinos blancos de la DO Montilla Moriles. El  verdejo Finca La Cañada de Pérez Barquero: un vino excelentemente hecho, un gran verdejo, diferente, son ser sólo unos aromas agradables. Y el Viña Verde de Bodegas Gracia, del que he probado el del 2015 ya que me lo recomendó Antonio, del Makro, y en verdad que me pareció muy agradable, mejor que en otras ocasiones, y eso que sólo tiene 10,5º.
La botella que tenían era del 2014, y estos vinos jóvenes, son de vida corta. También tenían el botellín de sólo 18,7 cl o sea la cuarta parte de una botella normal. Y aunque parecía estar embotellado este año, no me recordó la explosión de aromas que en la botella normal. Pronto compraré unas botellas de Viña Verde para una cata y podré quizás mis impresiones iniciales.
En cualquier caso, es sorprendente que una copa de fino cueste  menos de la mitad que un vino joven de vida corta.

La cuenta, 16,5 euros. Lo normal para lo consumido: 2 cervezas, 3 medios, 1 botellín de Viña Verde y una ración de ensaladilla.